Columnistas

Transformaciones urbanas imprevisibles
Autor: Dario Ruiz Gmez
2 de Noviembre de 2015


Cuando el joven protagonista de Volver al futuro regresa a su casa descubre con estupor que la delincuencia se ha apoderado del barrio y su hogar es ahora una cueva de asesinos.

Cuando el joven protagonista de Volver al futuro regresa a su casa descubre con  estupor  que la delincuencia se ha apoderado del barrio y su hogar  es ahora una cueva de asesinos. Si el guión se ubicara en Medellín la situación sería la misma para el muchacho  que regresa del futuro y encuentra su casa en la calle Bolivia, en las calles del Centro convertida en un prostíbulo disimulado, en distribuidora de droga, las calles  antes silenciosas dominadas por músicas histéricas, los asaltantes al acecho, donde florecieron  los jardines ahora se acumulan  los túmulos de basura. Cuando los espacios públicos están   invadidos por cientos de seres destruidos   por la droga, se da cuenta de que esta excresencia es el resultado no sólo del desempleo sino de un crecimiento desmedido de población  causada por oleadas de desplazados de otras regiones  traídos por mercaderes de seres humanos que los abandonan a su suerte en las periferias en una ciudad donde nunca existió control alguno sobre este fraudulento aumento de su población, sobre el delito que constituye el tráfico de seres humanos, el comercio de la prostitución infantil. Al analizar el fenómeno de la miseria Mike  Davis ha señalado que  estos extramuros han pasado de ser el espacio decrépito de ciudadanos  excluidos  de los derechos del progreso a convertirse en espacios  regidos por normas propias de convivencia, ya no los de la ciudad oficial, sino  aquellas  que impone la delincuencia organizada.  No hablamos, entonces, de los viejos barrios populares habitados por obreros, artesanos, modistas,  capaces de generar una cultura propia, una música representativa.  Ahí está un barrio como Guayaquil con su mito urbano y su decisiva influencia en la literatura, la cultura actual. Pero, a partir del narcotráfico y el estallido de violencia que este supuso, removiendo casi todas las formas tradicionales de vida, hay que contar con el fenómeno de los desplazamientos interurbanos que a diario siguen sucediendo y con los cuales se señala otro matiz de la  especulación urbana  y  también  un fenómeno que Marx analizó certeramente: la aparición y consolidación del lumpen proletario. O sea la diferencia que se da entre el artesano, el obrero y el hampa, explotadores de niños, extorsionistas, prostitución, condición de bajeza que luego analiza en lo que hoy llamamos capital mafioso.


De esta manera la estructura urbana que Olano concibió  y que luego Sert y Winer  renovaron planteando un plan vial  más racional de acuerdo con la oferta de trabajo existente, con una economía industrial y una creciente economía manufacturera,  comenzó a quedar permeada por este caos arrasador, por una irracionalidad donde economía y criminalidad se han venido dando la mano tal como sucede en cualquier gran capital del mundo. La diferencia es que aquí no hemos contado con un Área Metropolitana –burocratizada ad náuseam-  capaz de entender los retos que este desfase estructural  sigue planteando y que hace algunos años se denominó  como una “resemantización de la ciudad” o sea que a partir de aceptar los cambios  creados en la espacialidad urbana por estos conflictos   era necesario modificar las nomenclaturas existentes ,  a partir de un habitante que no era ni la vieja clase alta o media ni los pobres y obreros de los años 80. La respuesta no ha sido la adecuada: escuelas monumentales, parques bibliotecas vacíos, parques lineales en un medio social sometido por la violencia y donde crece la deserción estudiantil, donde el futuro de la juventud  no existe y por lo tanto estas tipologías al no encontrar una función cultural se han venido deteriorando pues  la inseguridad es el resultado directo de la desaparición del derecho a los espacios públicos. Por lo tanto ¿Es más perentorio el presupuesto o un nuevo pacto social?