Columnistas


La pasión y la educación
Autor: María Victoria Angulo
30 de Octubre de 2015


Pasada la contienda electoral, es clave definir líderes y estrategias regionales para hacer de la educación no solo un tema, sino definir metas concretas, sumar a la política pública y lograr que, en cuatro años, los resultados del sector mejoren.

Pasada la contienda electoral, es clave definir líderes y estrategias regionales para hacer de la educación no solo un tema, sino definir metas concretas, sumar a la política pública y lograr que, en cuatro años, los resultados del sector mejoren significativamente. Entonces, dado que trabajar en educación implica también traer a la mesa nuevas propuestas que resulten relevantes en nuestro contexto, quiero compartir una que encuentro particularmente pertinente: recientemente estuve en Chile conociendo Redes de Tutoría, estrategia que será convertida en política pública allí y que considero útil y replicable aquí. Ahora que llega el momento de hacer realidad las promesas de los nuevos mandatarios frente al mejoramiento de la calidad de la educación, sus resultados y la jornada única, además de medios y recursos para las instituciones educativas, es necesario comprender lo que pasa en la escuela y estar abiertos a contemplar nuevas formas de aprender y nuevas formas de enseñar.


En palabras de su creador e impulsor, Gabriel Cámara, doctor en educación de la Universidad de Harvard, “Redes de Tutoría es un enfoque innovador que propone un cambio de paradigma en las relaciones al interior del aula, en el que no se entiende al profesor como fuente de conocimiento sino como un mediador, y en el que todos los estudiantes pueden ser capaces de enseñar y aprender”. El modelo ha sido implementado en más de 9000 escuelas en México, donde fue creado, y también en Tailandia, Singapur, Estados Unidos y Chile. Aunque a primera vista podría parecer nada novedoso, ha resultado muy potente para generar cambios importantes en las relaciones al interior de la escuela, en los aprendizajes de los estudiantes y su forma de aprender, y también en el ejercicio docente. 


El modelo contempla distintos pasos: primero, el profesor prepara un tema del currículum que le interese, conozca en profundidad y responda a una dificultad de los estudiantes y, para ello, se apoya con recursos que le permitan trabajar el tema de manera didáctica y experiencial. Luego, cada estudiante elige un tema de estudio relacionado según sus intereses que, posteriormente, se aborda como tutoría: el tutor apoya el proceso de cada estudiante, orientándole según sus necesidades y contexto, generando procesos de investigación y auto-reflexión que le permiten, además de comprender el tema e incorporar nuevos conocimientos, algo todavía más importante y deseable: aprender a aprender. En el proceso se dialoga, se aprende a hacer preguntas y desarrollar el pensamiento crítico, hay espacio para la atención personalizada, flexibilidad en el manejo del tiempo y se generan aprendizajes individuales. Al terminar, cada estudiante expone públicamente lo aprendido, su estrategia de aprendizaje y las emociones asociadas. Además, si lo desea, entrega tutoría a otra persona. La metodología también permite a unos y otros hacer intercambios académicos que fortalecen sus habilidades de socialización y, al ser parte de una red, hay oportunidad de validar el trabajo de todos y se genera motivación para aprender.


Meixi Ng, estudiante de doctorado de ciencias de aprendizaje y desarrollo humano de la Universidad de Washington trabaja en Singapur y Tailandia con más de 8000 estudiantes y explica: “Lo especial de la relación tutora es que funciona como catalizador para el cambio personal en los alumnos y profesores. Su eficiencia se debe a que el dominio de un tema académico les da a los profesores y alumnos confianza en sí mismos... La combinación de un dominio académico riguroso y un proceso humano, dando tiempo de calidad y atención a cada alumno, hace que en la tutoría se cree una magia poderosa para la transformación personal”.


El impacto es maravilloso: los estudiantes, que aprenden a aprender, desarrollan la meta-cognición y enriquecen habilidades socioemocionales como la motivación a aprender, la autonomía, la autoestima, la concentración y la paciencia y, como resultado, mejoran sus aprendizajes. Los docentes mejoran sus prácticas pedagógicas al incrementar su autonomía profesional en el manejo de tiempos y estilos, y se apropian libremente del currículum para desarrollarlo según sus condiciones socio-culturales, afinidad teórica y bagaje académico. Además, se fortalecen el respeto y el trato horizontal y el salón de clase se torna en una comunidad de aprendizaje donde cualquiera es capaz de aprender y de enseñar. En la escuela el clima mejora, los estudiantes se encuentran más contentos, mejoran los indicadores de asistencia, repitencia o deserción y, claro, los resultados en las pruebas. 


Richard Elmore, académico de la Universidad de Harvard, comenta que este sencillo modelo resulta potente como medida complementaria para el fortalecimiento de las capacidades de los maestros que conforman redes de tutores e incorporan cambios metodológicos a la escuela y generan reflexiones que desembocan en adaptaciones y mejoras al currículo que, como resultado, impactan el aprendizaje de los estudiantes.  


Como conclusión, quiero resaltar cómo la buena educación pasa por la pasión, entendida como fuerza movilizadora de espíritu, las vocaciones, la magia de aprender y enseñar, las relaciones con otros y por otros, de sorprenderse con lo que nos muestra el mundo, con la fuerza esencial de lo  humano y con sentirse parte de una fuerza para mejorar la sociedad. Y para los más ortodoxos... Harvard, escuela de largo aliento en la educación, experta en mediciones de impacto, ha involucrado estos temas en su discurso e invita a abordarlos con profundidad y rigor para pasar de lo abstracto al aula y observar, aprender, enseñar y sorprenderse con la potencia de la educación para tocar vidas. 


* Directora Ejecutiva de la Fundación Empresarios por la Educación, una organización de la sociedad civil que conecta sueños, proyectos, actores y recursos del sector empresarial, para contribuir al mejoramiento de la calidad educativa.