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Elecciones regionales: n aplauso para los magos!
Autor: David Roll
29 de Octubre de 2015


Seamos sinceros, las elecciones son una ficci髇, una realidad virtual sobre la que se construye la estabilidad en las democracias contempor醤eas, porque las necesitamos.

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Seamos sinceros, las elecciones son una ficción, una realidad virtual sobre la que se construye la estabilidad en las democracias contemporáneas, porque las necesitamos. Realmente los electos no representan a los electores, ni matemáticamente, por la abstención electoral, ni en términos prácticos, porque hacen realmente lo que les da la gana una vez electos. En el caso de las elecciones para gobernadores, alcaldes y cuerpos colegiados departamentales y municipales la ficción va en aumento. ¿Usted miró siquiera ya si el concejal, diputado y edil por los que votó obtuvieron la curul? Y el porcentaje de los que le hagan seguimiento a ellos en su labor será aún menor, insignificante. O no me diga que la mayoría no andaban desesperados a última hora por ver por quién votar además de alcalde y gobernador. Una amiga en Medellín optó por abordar al candidato a la alcaldía de su predilección y preguntarle los números por los cuales había votado él y votó en consecuencia. Se tomó una foto con él para disimular y evitar que los acusaran de hacer campaña el día prohibido. Sospecho que aprovechó para hacer un chance con los mismos números que le habían recomendado para ediles y Concejo. El resultado de lo primero seguro no lo comprobó, pero el de la lotería muy probablemente.


En el siguiente nivel, los puestos uninominales, gobernadores y alcaldes, es al parecer diferente porque al existir personajes identificables se hace posible una mayor visibilidad de los elegidos y se les puede hacer cierto seguimiento. Pero digamos también la verdad, nadie lee los programas ni los escucha, y si usted pregunta, la mayoría votó por A porque B le parece un ladrón o le choca, aunque tampoco le gusta mucho ya que el votante en el fondo era simpatizante de U que apoyaba a B y que qué pena con U, pero tan bonito A, etc, etc. Haga el ejercicio en Medellín y en casi todas las ciudades grandes, lea el programa del alcalde electo y pregunte por este a quienes dicen haber votado por él. Pocos sabrán, pero dirán: odio al otro, me parece honrado, siempre me gustó (pero no dicen porqué), me gusta como viste y se “peina”, tiene una linda familia, o es un “berraco” (y no aclaran en qué sentido).


Y como llegamos a esto, es lo que pocos saben, y vale la pena repasarlo. Primero recordemos que antes había reyes absolutos y se decidió cambiarlos, a las buenas o a las malas, por gobiernos electos por los ciudadanos, y de allí surgieron los parlamentos y el poder ejecutivo nacionales. No había otra opción. Luego se decidió que los elegidos debían tener un mandato libre en lugar de un mandato imperativo, por idea de un inglés llamado Burke, y esto se impuso, o sea que cada cual gobierna como bien le parece. Nuestra revocatoria del mandato dice que debe cumplir su programa, pero todo el mundo sabe que esa figura no funciona o por lo menos no para eso. El único control que quedó fue el del voto de castigo, pero en los cuerpos colegiados como el Congreso ¿quien se acuerda? También está el control de los propios partidos, pero si no hay disciplina interna tampoco sirve. Más adelante nos inventamos la descentralización política, esto es, que los gobernadores y alcaldes no siguieran siendo nombrados por el presidente desde Bogotá sino elegidos en cada departamento y municipio, y eso sumado a la necesidad de elegir diputados, concejales y ediles dio como resultado la confusa y alegre fiesta que tuvimos el domingo. No se me entienda mal: viva la fiesta de la democracia, pero tratemos de entender cómo se puede gobernar localmente en semejante caos de representación fingida. Los héroes del asunto son los alcaldes y gobernadores, los magos que hacen posible que a pesar de todo las ciudades, municipios y departamentos funcionen.


¿Por qué son héroes? Porque poco se recuerda que estos señores necesitan apoyo de diputados y concejales para gobernar, y como aún hay menos disciplina en estos niveles, nadie se explica cómo hacen los pobres mandatarios para sacar adelante sus proyectos. Unos artistas. Ya lo había dicho David Easton, que gobernar es el arte de equilibrar las demandas de los ciudadanos con los enormes obstáculos que se presentan para satisfacerlas, y Eckstein había agregado que finalmente es el arte de hacer frente a los retos y punto: sacar adelante las cosas en medio de toda resistencia. Para rematar Feierabend demostró la frustración sistémica o imposibilidad de que los gobernados estén en general contentos con lo que el Estado hace por ellos en cualquier parte del mundo. Mejor dicho, vaya premio el que se han ganado los triunfadores en estas elecciones para alcaldes y gobernadores, especialmente los honrados y carismáticos. Son los magos de la democracia, los que hacen que contra toda predicción las cosas funcionen. Enfrentan esta falta de organización política de los cuerpos colegiados, están a pulso con el poder central día a día, luchan contra presiones de grupos económicos legales e ilegales, y equilibran presupuestos imposibles. Encima tienen que tratar de tener un “look” fresco y posmoderno, cuidarse de que no prosperen calumnias sobre corrupción o de su vida privada, y mantener muy bien sus dentaduras para sonreír cuatro años seguidos como si acabaran de ganar las elecciones el día anterior y gobernar fuera cosa de niños. No los envidio. Pero los admiro sinceramente, y los felicito por anticipado.


* Profesor Titular Universidad Nacional