Columnistas


Lecciones de un triunfo
Autor: Jaime A. Fajardo Landaeta
29 de Octubre de 2015


Que Federico Guti閞rez sea hoy el alcalde electo de Medell韓 tiene un gran significado, cuyo an醠isis debe ser profundo, porque estamos ante un fen髆eno pol韙ico que fue capaz de romper las estructuras partidistas y responder a los anhelos.

fajardolan@une.net.co 


@JaimeFajardoLan


Que Federico Gutiérrez sea hoy el alcalde electo de Medellín tiene un gran significado, cuyo análisis debe ser profundo, porque estamos ante un fenómeno político que fue capaz de romper las estructuras partidistas y responder a los anhelos de los medellinenses que esperaban una alternativa en ese campo.


Gutiérrez se hizo a pulso, en la calle, con la gente; evadió enfrentamientos con jefes políticos y logró interpretar el querer de la ciudadanía; fue sincero y claro. No utilizó armas perversas, ni se mostró como el candidato de los odios y venganzas; al contrario, supo unir donde existía división, trató las personas de igual a igual, recorrió las calles de la ciudad y sus alternativas fueron las que el pueblo esperaba de un candidato.


No cometió el error de presentarse en nombre de otro, como absurdamente lo hizo Juan Carlos Vélez, para sacar provecho de la figura de su jefe Álvaro Uribe. Además, renunció a saturar a la opinión pública con excesiva publicidad política. Eso sí, manejó un mensaje sencillo en desarrollo de una campaña de pocos recursos, contrario a la abundancia que otras exhibieron.


El electo alcalde no se dejó arrinconar ante las insinuaciones de otros candidatos y partidos que lo empujaban a involucrarse en confrontaciones electorales de ninguna utilidad para el ciudadano. El eslogan de su movimiento Creemos: “Federico, el Alcalde de la gente” y “Mi responsabilidad es con Vos y no con los partidos”, logró imprimirle una gran dinámica ciudadana a su campaña. 


Pero en medio del debate electoral faltaba algo que le sumara a esa novedosa propuesta: la llegada de Eugenio Prieto Soto, un excandidato liberal joven pero curtido, con gran experiencia y una base popular muy sólida. Debido a que algunos dirigentes liberales optaron por abandonarlo e incumplir decisiones de la organización, adhirió a la campaña de Gutiérrez para consolidar esa espiral que hizo posible el triunfo que reseñamos, su llegada fue un gran detonante que estremeció los cimientos de toda la sociedad medellinense. Eugenio trabajó con Federico como si aún fuera candidato, en una maratónica carrera que los llevó en menos de un mes a recorrer todas las comunas y corregimientos.


La gente en Medellín está satisfecha, ha exteriorizado su alegría y confianza en la próxima gestión de Federico, pues se auguran excelentes y abundantes resultados, que poco a poco se concretarán.


En la otra orilla gubernamental Luis Pérez Gutiérrez pudo capotear la amplia gama de acusaciones sin fundamento de que fue objeto. No cayó en el escenario que quería su más inmediato rival del Centro Democrático, de hacer ver la campaña como si fuera una pelea Uribe – Santos, y con una excelente planificación logró, con amplia ventaja, vencer todo tipo de dificultades y alcanzar la gobernación.


Lo sucedido en Medellín y Antioquia nos debe dejar valiosas enseñanzas: las estructuras partidistas tienen dificultades para llegar a sus bases. En el caso de la capital antioqueña se sienten cansadas de tanto dirigente que mantiene la postura del todo vale, y de unos partidos que no toman determinaciones para depurar sus filas, luchar a fondo contra la corrupción y darle paso a figuras que representen los auténticos intereses ciudadanos.


El gran perdedor de esta jornada electoral, en Antioquia y en el ámbito nacional, es Álvaro Uribe y el CD que creía disponer de la mayoría de la opinión pública. Ello demuestra que no basta con tener caudillos que reemplacen las bases, ni solo propuestas objetivas y reales, ni buenos logros en la administración pública, si se carece de una real sintonía con el ciudadano de a pie y Federico logro eso: ser el poder de la gente.