Columnistas

Elecciones locales
Autor: Pedro Juan González Carvajal
27 de Octubre de 2015


Ha culminado un nuevo proceso electoral en el ámbito local en Colombia.

Ha culminado un nuevo proceso electoral en el ámbito local en Colombia. Una muestra más de avance en la mecánica democrática, donde con algunas excepciones, se puede realizar el proceso de aproximarse a la urna de votación establecida y votar por el candidato para alcalde, gobernador, concejo y asamblea de la predilección individual.


De nuevo la Registraduría Nacional del Estado Civil sale airosa y los resultados son entregados con oportunidad.


Sin embargo, son muchas las enseñanzas que se pueden sacar, de cara al fortalecimiento de la democracia participativa, que debería ser el objetivo superior en estos casos. En primer lugar, el procedimiento para el otorgamiento de los avales por parte de los distintos partidos políticos debe ser revisado y ajustado para que la transparencia, rigurosidad y compromiso partidista sean factibles. Obviamente, el prerrequisito es que existan verdaderos partidos políticos y que sus reglamentos internos y sus procedimientos internos sean estrictamente cumplidos por parte de las directivas de turno. Sin verdaderos partidos políticos, lo que tendremos será un triste remedo de Democracia.


En segundo lugar, podría decirse que la verdadera campaña electoral para las alcaldías y gobernaciones , comienza a desarrollarse a partir de la inscripción del Programa de Gobierno por parte de cada candidato ante la Registraduría Nacional del Estado Civil, es decir, 90 días antes del día de las elecciones, y que mientras no exista cultura política entre los ciudadanos, el contenido del Programa de Gobierno solo servirá para cumplir con el requisito, ya que lamentablemente los temas de discusión se centrarán en la problemática coyuntural o en los reproches personales  y no en los asuntos estructurales, lo cual deja mucho que desear.


En un tercer momento, la campaña tiene como eje central los mal llamados “debates”, donde con las obvias excepciones, los candidatos se dedican a opinar y escasamente a proponer, argumentar y contra argumentar, encasillados con metodologías impuestas por los anfitriones que no dejan, en la mayoría de los casos, expresar las opiniones y sobre todo, capitalizar el Programa de Gobierno inscrito.


Un cuarto punto es cuando comienzan a aparecer las encuestas de opinión, que ante la debilidad de los Partidos Políticos y el cortoplacismo reinante en la mente de todos, comienzan a socavar el desarrollo de la campaña de los candidatos que no están en punta, haciendo que seguidores, y sobre todo posibles y potenciales financiadores o patrocinadores, se vayan subiendo en la barca del liderazgo en las encuestas, y los medios de comunicación y algunas entidades comiencen a discriminar tanto en la información entregada, como en las invitaciones a eventos que deberían contar, por simple decencia y por qué no por respeto al derecho de igualdad,  con la presencia de todos los inscritos.


Un quinto punto es la  débil estructura de financiación de las campañas, donde con escasas excepciones, es el candidato y su círculo más cercano quienes aportan algunos recursos, mientras que algunas empresas  y algunas fundaciones hacen sus aportes a los candidatos de sus preferencias. Finalmente es la capacidad económica la que permitirá que un candidato consolide su continuidad en campaña y sus reales  posibilidades de triunfo. 


Un sexto elemento, es la fragilidad de la estructura organizacional de las campañas, donde el voluntariado trata de imponer sus condiciones, con la mejor buena voluntad, de cara a la persona del candidato. 


Ante los resultados obtenidos, como Demócratas, no podemos si no desearles la mejor de la suerte a quienes a partir del 1 de Enero de 2016 serán nuestros Alcaldes, nuestros Concejales y nuestros Diputados, y que todo lo dicho, expuesto y propuesto se transforme en realizaciones para que el bienestar, la equidad y la justicia, se campeen victoriosas por nuestra querida y sufrida Colombia. 


Como decía Julio César al cruzar el río Rubicón, “La suerte está echada”.