Economía

Teleworking: it is not as good as some say
El teletrabajo no es tan bueno como lo pintan
Autor: Igor Eduardo Torrico Silva
27 de Octubre de 2015


“Echo de menos tener un día para ir a la oficina, sentarme con mis colegas y hablar acerca de sus experiencias”, decía un empleado que era parte de una oficina y ahora trabaja desde la casa.


Foto: Cortesía 

El teletrabajo se considera como una ventaja, porque se puede trabajar desde la casa con las comodidades y los beneficios que ello implica.

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Colombia está montada en la ola del teletrabajo. Desde la Presidencia pasando por los ministerios y varias empresas privadas tienen la meta de 120.000 personas laborando bajo esta modalidad en 2018. Sin embargo, algunos estudios recientes muestran que no es una solución total y que, por el contrario, tiene una gran limitación que no puede ser superada por la variable tecnológica, y que la pone bajo cuestionamiento.


La ley colombiana que regula esta modalidad, la 1221 de 2008, define el teletrabajo como: “El desempeño de actividades remuneradas utilizando como soporte las tecnologías de la información y comunicación para el contacto entre el trabajador y la empresa, sin requerirse la presencia física del trabajador en un sitio específico de trabajo”.


Según la viceministra general de Tecnologías de la Información y la Comunicación, María Carolina Hoyos, mediante esta forma de laborar “se logran operaciones más rentables y se mejora la calidad de vida del trabajador”.


De hecho, un estudio -en el que participaron 1.000 teletrabajadores colombianos durante una semana en agosto-, encontró que hubo un ahorro en casi una jornada laboral durante ese periodo, explicados en tiempo de transporte entre la casa y el trabajo.


“Este ahorro de horas a la semana es el tiempo que le va a dedicar a su propio bienestar, a su familia o actividades que antes su trabajo le impedía desarrollar o tenía que restársela a su jornada”, asegura Eduardo Bejarano, director de Derechos Fundamentales del Ministerio de Trabajo.


Entonces, ¿dónde está el problema? Está en la falta de interacción cara a cara de las personas. Así lo demuestran estudios del Instituto Tecnológico de Massachussets dirigidos por el profesor Alex Pentland, quien dirige el Laboratorio de Dinámicas Humanas de la reconocida institución.


Señala el investigador Geoff Colvin en su artículo Lo que hace que los equipos funcionen, citando los estudios de Pentland, que “la interacción humana es tan poderosa que incrementarla sólo un poquito mejora mucho el desempeño”. 


De igual forma, un estudio más reciente de los estadounidenses Kevin Rockman y Michale Pratt, publicado en la Academia de Descubrimientos Gerenciales, encontró que los altos niveles de trabajo fuera de la oficina, especialmente en línea, puede tener un efecto altamente contagioso y negativo en el ambiente de la oficina.


Paola Alfaro Alpizar, consultora en Recursos Humanos con más de quince años de experiencia, de los cuales diez han sido en Colombia, señala: “En mi experiencia el tema del teletrabajo debe analizarse con pinzas antes de implementarlo en las organizaciones” y uno de los aspectos que resalta es que: “El cara a cara es muy difícil de reemplazar cuando deseas estrechar lazos de colaboración entre los miembros de un equipo”. 


Para que el teletrabajo sea un modelo exitoso, sostiene Alfaro Alpizar que deben tenerse en consideración variables como: “Cultura organizacional, posiciones laborales, tiempo destinado a esta modalidad, reglas y quiénes son los candidatos, entre otros aspectos”.


“No soy partidaria de implementar este esquema al 100% para todos los niveles de la organización, ni todos los días de la semana, y es que vivimos en unos tiempos donde la interacción es muy importante”, concluye Alfaro Alpizar.



Signos no verbales

Entre las investigaciones que sustentan la importancia del compartir cara a cara, cosa que no permite el teletrabajo, una investigación -hecha con trabajadores de call center de Bank of America en Estados Unidos- encontraron que la productividad mejoraba en los pocos momentos en que los distintos operarios compartían, como cuando iban a tomar un café.


El académico estadounidense Alex Pentland, del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), y sus colegas hallaron que señales sociales del  lenguaje no verbal: quien habla, cuánto, en qué tono, gestos, les decían a ellos más que cualquier cantidad de palabras.


“Usualmente podemos ignorar completamente el contenido de una discusión y usar solamente los signos visuales de socialización para predecir el resultado de una negociación o venta, así como la calidad de las decisiones de un grupo. Pero muchos de esos signos no se hallan en la comunicación digital”, concluyeron los académicos.