Columnistas


Liberales votemos liberal
Autor: Bernardo Trujillo Calle
24 de Octubre de 2015


En estos d韆s la Misi髇 de Observaci髇 Electoral (MOE) ha estado muy activa se馻lando la penetraci髇 de la corrupci髇 en los partidos y movimientos pol韙icos, presas de las distintas formas como ella act鷄 seg鷑 el lugar a donde quiere llegar.

En estos días la Misión de Observación Electoral (MOE) ha estado muy activa señalando la penetración de la corrupción en los partidos y movimientos políticos, presas de las distintas formas como ella actúa según el lugar a donde quiere llegar. La más letal es la compra directa del voto que ya se hace a la luz del día, para lo cual dispone de cifras millonarias que distribuye sin rubor a manos llenas aprovechándose de la pobreza y debilidad de carácter de grandes conglomerados de gente dispuesta a este vulgar tráfico. Pero también mediante la modalidad de la trashumancia de los electores de plaza a plaza que en esta ocasión registra volúmenes jamás antes vistos y, como siempre, con la consabida amenaza física y sicológica que no ha cesado de operar en el campo y últimamente en las propias zonas urbanas. Ningún partido ha escapado en mayor o menor grado a esta práctica degradante.


Hay sin embargo otra modalidad más sutil, acogida y promovida por nuevas dirigencias políticas como esa de invocar el llamado voto útil que no es más que una simple voltereta que se trata de justificar con argumentos falaces. De esta manera se está produciendo una peligrosa erosión de los partidos tradicionales, vale decir, del liberalismo y conservatismo que han sido los artífices y puntales de nuestra democracia por más de siglo y medio.  La frase que he oído en labios de destacados formadores de opinión me producen hasta físico malestar: “Sólo los brutos no cambian”. Y es entonces cuando recuerdo la frase socarrona de un dirigente liberal cartagenero que cité hace años en alguno de estos comentarios: “Yo soy hombre firme de convicciones subido en plataforma móvil”.  Por eso mismo el curioso especimen político jamás estuvo en la oposición. ¡Qué cinismo!


Yo guardo un gran respeto por los partidos liberal y conservador (también por el comunista) y de allí que la propaganda de campaña que los dos primeros vienen pagando en los medios hablados, me satisfaga por su discreción al concretarla a un mero llamado a la militancia a votar por sus candidatos. Nada de estridencias, salvo algunas excepciones de ciertos candidatos que no han entendido la bondad de los mensajes tranquilizadores,  sin ofensas personales, sin ese matoneo vulgar que se ha puesto en boga para afectar sicológicamente a los adversarios decentes y, hasta cierto punto, pusilánimes.


Por eso hoy quiero aprovechar esta columna de inconfundible tendencia democrática para hacerle a mi partido Liberal, ese en el cual nací, he vivido y espero morir, una cordial invitación para que el 25 de este mes vayamos procesionalmente a depositar el voto por los candidatos liberales, con el fin de elegir las mejores opciones, esas que ofrecen en sus programas buenas alternativas, útiles y realizables y, en lo personal, por quienes las abanderan con su trayectoria de ciudadanos de reconocida decencia y probada ética, tanto en lo público, comoen lo privado.  No hay que ser moralista para entender esta sencilla reflexión.


Y es en este punto en donde me mueven sentimientos especiales respecto a Sergio Trujillo Turizo, mi hijo, que aspira a ocupar una curul en la Asamblea Departamental en la lista liberal con el número L-76. Quién más podría conocerlo en su justa dimensión de ciudadano decente, formado para el servicio dentro de estrictos cánones de ética pública y privada.  Sergio viene haciendo él mismo recorrido que yo hice hace 56 años y ese camino lo viene siguiendo sin desvíos y sin sombras.


Su programa para presentarse como aspirante a la Asamblea lo resume en cuatro puntos que él explica de manera sencilla: Agua: recurso natural que garantice la dignidad humana. Educación: que sea pertinente y referida a las oportunidades del Territorio. Conectividad: vial y de comunicaciones que permitan impulsar el desarrollo económico del territorio. Cadenas productivas: congruentes con la capacidad agrícola del territorio, que genere desarrollo económico.


Como se ve, nada de demagogia, ni promesas ilusorias.  Lo que Sergio viene proponiendo es factible y absolutamente esencial para la vida en comunidad y, por qué no, para lograr una relativa felicidad en medio de tanta miseria y orfandad de buenos propósitos.