Columnistas

Fin de la hegemonía fajardista
Autor: Rubén Darío Barrientos
22 de Octubre de 2015


El próximo domingo, sin necesidad de posar como arúspice, el fajardismo perderá la Alcaldía de Medellín y la Gobernación de Antioquia. Se despedaza la seguidilla de triunfos electorales, iniciados por el matemático Sergio Fajardo.

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El próximo domingo, sin necesidad de posar como arúspice, el fajardismo perderá la Alcaldía de Medellín y la Gobernación de Antioquia. Se despedaza la seguidilla de triunfos electorales, iniciados por el matemático Sergio Fajardo como alcalde de esta ciudad, para el periodo 2004-2007 y proseguidos por Alonso Salazar –también como burgomaestre– para el 2008-2011. Y en esa ruta airosa, nuevamente Sergio Fajardo irrumpe pero esta vez como gobernador para el 2012-2015. De tal suerte, que han sido victorias alternas, no en dupla, pero finalmente éxitos para mostrar en los últimos 12 años.


Ahora no le sonó la flauta al caudillo Fajardo, el personaje que se autoproclama como el líder “sin ninguna ideología política”. Sus guiños, esta vez no le funcionaron. El nombre de Federico Restrepo para Gobernación fue una pifia, porque el ingeniero civil y violenchelista de la Orquesta Sinfónica de Antioquia no tiene raigambre electoral, se ve forzado en la búsqueda de cargos que requieren el apoyo popular y su hábitat es el empresariado, el que maneja muy bien. Fajardo juega para la Alcaldía con dos alfiles: Federico Gutiérrez y Alonso Salazar, los que en su orden ganaron las primeras encuestas, hasta que Juan Carlos Vélez se les vino al hilo a superarlos en todas las otras.


Hubo desespero por fórmulas: que Alonso Salazar, que Federico Gutiérrez, que los federicos, que la fusión Federico-Prieto-Alonso, en fin, nada recompuso la sombra de una derrota electoral. Se habló, incluso, de alianzas con el uribismo que no pasaron de ser globos políticos. Está claro que para los candidatos esta elección es su hoy político, pero para Fajardo es un escalón en su meta de ser candidato presidencial para el 2018. Hay que hablarlo con sinceridad: este revés le mueve un tanto el piso en esta región del país, en donde necesitaba tener bases de apoyo para sus pretensiones mayúsculas. Terminar sin el pan y sin el queso, tiene visos electorales adversos.


Se recuerda que una opción que se iba a jugar Sergio Fajardo, era la de Santiago Londoño, su exsecretario de gobierno, quien no renunció a tiempo para habilitarse. Desde luego, con Londoño tampoco hubiera ganado el fajardismo la Alcaldía de Medellín. Existe también un distanciamiento entre el alonsismo y el fajardismo. Y, de contera, circula por estos días y de manera profusa, el “Libro negro de Fajardo”, escrito por el comunicador Juan Guillermo Londoño Berrío, con graves denuncias. Todo esto hace mella en el gobernador actual.


Ahora bien. Las denuncias de los diputados Jorge Gómez y Adolfo León Palacio sobre el derroche de Fajardo en gastos de publicidad, en el propósito de impulsar su candidatura presidencial, han raído la imagen del matemático. Ello refleja una violación a la ley 29 de 1944 (ley de prensa). Y ni hablar de la política activa hecha desde la gobernación por Fajardo quien, jugándole a vallas directas en contra de un candidato, exhibió muestras claras de descarada intervención en política. Así mismo, ha tenido Fajardo como ventrílocuos a los columnistas Héctor Abad Faciolince, Pascual Gaviria, Ana Cristina Restrepo y Jorge Giraldo, quienes por arte de birlibirloque se graduaron de sesudos politólogos en estas elecciones, para estupefacción de todos.


Tendrá que restaurar Fajardo su itinerario como futuro candidato presidencial, porque los últimos hechos políticos de Antioquia y Medellín, lo entregan con alto desgaste, con serios cuestionamientos y hasta con investigaciones abiertas ante la Procuraduría por intervención en política.