Editorial

Más cerca del mundo
22 de Octubre de 2015


Estas obras conllevarán la modernización de la infraestructura vial requerida para realizar la proyectada conexión terrestre con Centroamérica y marítima con mercados globales desde el puerto de Urabá.

Las imponentes imágenes que algunos medios de comunicación mostramos con los tramos representativos de los 4,1 kilómetros finales de la conexión vial Guillermo Gaviria Correa muestran la dimensión del proyecto que ayer pusieron en servicio el Invías, la Gobernación de Antioquia, el Área Metropolitana del Valle de Aburrá y la Alcaldía de Medellín. Iniciada su primera fase en el 2010, culmina ahora la segunda, con una inversión de $232.000 millones para la adquisición de terrenos, construcción de cinco puentes y los tramos que acortan tiempos y distancias, así como de las adecuaciones urbanísticas que benefician a miles de familias y el plan de sostenibilidad ambiental, que avanza con la siembra de 5.534 nuevos árboles. De esta manera se da término al Túnel Fernando Gómez Martínez y sus obras complementarias, proyecto iniciado en 1996, que consolida una metodología de cooperación entre los distintos niveles de gobierno y permite gestionar iniciativas de gran impacto para acercar el centro y el occidente de Colombia al mundo, como son los proyectos Mar 1 y Mar 2 o conexión Gonzalo Mejía.


La maduración del modelo de trabajo asociativo entre instituciones públicas que se complementan en su ámbito de intervención y capacidades para desarrollar proyectos de infraestructura, es uno de los más importantes legados de Guillermo Gaviria Correa. Como director de Invías lo realizó en varios proyectos nacionales, incluidos la doble calzada Bello-Hatillo, así como el túnel Fernando Gómez Martínez y sus conexiones al Valle de Aburrá y el Occidente, que después llevarían su nombre como homenaje póstumo. El modelo ha sido retomado en las Autopistas para la Prosperidad, gestionadas por Invías, el Departamento de Antioquia y el Municipio de Medellín, que entre otras obras, construirán el túnel Guillermo Gaviria Echeverri, el más largo de Colombia, proyecto ya contratado.


La conexión del centro de Antioquia con las regiones de Occidente y Urabá a través de la Carretera al mar fue un sueño de comienzos del siglo XX que exigió grandes esfuerzos para aclimatarlo entre opinadores mediterráneos que no comprendían la importancia de buscar el mar y el mundo. En tal empeño fue definitivo el ciudadano Gonzalo Mejía, cuyo nombre identificará las obras del proyecto hoy denominado Mar 2. En 1955, después de 30 años de trabajos, fue inaugurado el recorrido hasta el municipio de Turbo y sólo en los años 80 fue posible culminar la pavimentación y la extensión hasta San Juan de Urabá, iniciativas con las que fue posible tejer redes de la región de Urabá con el territorio antioqueño, así como abrir camino al Túnel Fernando Gómez Martínez y la conexión vial Guillermo Gaviria Correa, que redujeron en cinco horas el viaje a Turbo, así como la modernización del sistema vial, con los proyectos que están diseñados y cuya contratación avanza positivamente. Pero estas obras no sólo acortarán distancias sino que conllevarán la modernización de la infraestructura vial requerida para realizar la proyectada conexión terrestre con Centroamérica y marítima con mercados globales desde el puerto de Urabá.


Estos desarrollos dan esperanzas a cada vez más centroamericanos y colombianos que reclamamos decisión de los gobiernos de Panamá y Colombia para emprender un proyecto sistemático, coordinado, sostenible en lo ambiental y responsable en lo social, para emprender por fin la culminación del único tramo faltante de la Carretera Panamericana y el tendido de la línea de interconexión eléctrica a ser ejecutada por ISA. Estas dos obras, en conjunto garantizarán la presencia estatal para la recuperación del territorio del Darién, igualmente deteriorado en Colombia y Panamá por actividades ilegales de minería, extracción de maderas y tráfico de drogas y personas. Durante décadas, el proyecto fue un sueño acariciado por algunos líderes visionarios en Colombia y en los últimos meses ha sido retomado por voceros representativos en Panamá y otros países centroamericanos. En forma tardía, pero no imposible, ellos han comprendido que la falta de conexión vial garantiza ausencia del Estado y amplía las posibilidades para que mafias de todo tipo se enseñoreen de trochas que recorren amparados por la selva sobreviviente a talas indiscriminadas y por comunidades sometidas a la miseria y al abandono, que entregan su complicidad a cambio de preservar la vida u obtener favores menores.