Columnistas

No bote su voto, vote desinformado
Autor: Juan Felipe Vélez Tamayo
16 de Octubre de 2015


Posiblemente la democracia ha sido el sistema de gobierno más efectivo que ha llegado a conocer la humanidad.

Posiblemente la democracia ha sido el sistema de gobierno más efectivo que ha llegado a conocer la humanidad. Hasta el momento no se sabe de otro sistema que haya logrado garantizarle al hombre semejantes grados de estabilidad económica, libertad y equidad a la vez. Tal ha sido su éxito que usualmente ser un demócrata se ve en el mundo actual como una cualidad en vez de una preferencia, haciendo así que la democracia trascienda de ser un sistema de gobierno a ser un valor. Valoramos la democracia y los derechos que ésta nos brinda, en especial el derecho al voto.


Consideramos que votar no es solo un derecho, es un deber. Reprochamos a quienes no votan, a quienes venden su voto, o simplemente a los que no se informan para votar. En torno al voto surgen un montón de incógnitas, tales como ¿Por qué gano X candidato en vez de Y? ¿Por qué hay tanta abstención el día de las elecciones? ¿Por qué la mayoría de la gente desconoce las propuestas de los candidatos? La economía no es ajena a estas preguntas, de ahí surgió la escuela del Public Choice o de la “Elección Pública” que complementa esas preguntas con otra ¿Habrá alguna racionalidad económica detrás de las votaciones? 


 Asumimos que votar informado trae beneficios, pero ignoramos que tiene costos. En un sistema electoral democrático todo voto vale lo mismo, sin importar la procedencia, educación, o situación económica de la persona.  Esto hace, como afirmaban los premios nobel James Buchanan y Kenneth Arrow, que la decisión de voto obedezca más a la pertenencia a un grupo de interés que a la información que realmente tengan los votantes; es decir el voto depende de cosas tales como la afiliación ideológica del votante, si pertenece a un gremio o a un sindicato, el tipo de profesión que tenga, edad, o su situación financiera.


Para ejemplificar, si  hay un grupo de personas que viven en un barrio muy inseguro, y el candidato X tiene una propuesta fuerte en seguridad, así todas las demás sean muy débiles, los habitantes de dicho barrio se verán tentado a votar por él independientemente de que éste sea muy malo en todos los demás ámbitos.


Según el economista y politólogo Bryan Caplan el votante medio le resulta ineficiente informarse mucho, ya que es costoso y toma tiempo conseguir toda la información necesaria para votar racionalmente, y el impacto de su voto es mínimo. Al votante le resulta más cómodo votar por aquel que atienda sus preocupaciones puntuales, o aquel que sea más acorde a su ideología política; debido a que, así los costos sociales de que ganara el candidato equivocado pueden ser muy elevados, los costos directos que experimenta el votante por votar de forma equivocada usualmente suelen ser cercanos a 0. 


El votante medio también suele estar mal informado, debido a que las noticias negativas tienen mucho mayor impacto que las positivas. En Medellín, por ejemplo, según datos de la Red de encuestas “¿Cómo Vamos?” aunque la población que reporta sentirse más insegura en la ciudad va en aumento, es igualmente cierto que las tasas de homicidio, hurto, o de victimización han ido cayendo desde el 2012.  De igual manera según un estudio de la Universidad del Rosario aunque el colombiano promedio piensa que el gasto en educación es muy poco, la realidad es que el gasto medio por estudiante como porcentaje del PIB per cápita es más elevado en Colombia que el promedio de los países de la Ocde.


Como reflexión final: Gordon Tullock, uno de los padres de la escuela del Public Choice, a pesar de ser una persona muy informada en política, creía que el impacto de su voto era tan pequeño y el costo de oportunidad tan alto, que en los días de las elecciones no iba a votar y en vez de ello prefería hacer algo que consideraba más productivo para su sociedad y se ofrecía como transito voluntario.