Editorial

Lecciones de los Nobel
13 de Octubre de 2015


Reconocemos con gratitud la marcada tendencia de los Nobel de este a駉, por reconocer esfuerzos e investigaciones relativas a problemas y realidades del tercer mundo.

Con la promulgación del premio Nobel en Economía terminaron los días en que el mundo se maravilla con quienes han contribuido a profundizar en las ciencias, extender el pensamiento y crear cultura de paz. Los catorce laureados en 2015 han sido acogidos con interés por aprender de obras que contribuyen a mejorar el mundo y la vida.


Las buenas noticias comenzaron con el Nobel de Medicina a científicos que han aportado soluciones a enfermedades que afectan a los países más pobres. Los médicos William C. Campbell, de la Universidad de Drew, Nueva Jersey, y Satoshi Ōmura, de la Universidad de Kitasato, Tokio, ganaron por descubrir el medicamento Avermictina (Ivermecitina), eficaz contra peligrosos parásitos. La médica china Youyou Tu fue premiada por desarrollos sobre la medicina tradicional con la planta artemisia anua (ajenjo chino) para curar la malaria, con los cuales descubrió la eficaz Artemisinina. El Comité destacó que estos trabajos “han cambiado de manera fundamental el tratamiento de enfermedades parasitarias”, en su mayoría mortales. Dado el carácter paradigmático que tienen los Nobel, a los que ayer se sumó el premio Unesco en Ciencias a investigaciones sobre la malaria, cabe confiar en que la cúpula de la OMS dedique esfuerzos a combatir las enfermedades prevenibles y curables que asesinan a millones de personas pobres.


En 2011, un viento de esperanza sopló en Túnez y se expandió a países sometidos al totalitarismo. La Revolución de los jazmines abrió paso a la Primavera árabe que arrasó con crueles dictaduras. Para los pueblos que impulsaron el cambio, Túnez incluido, la verdadera transformación no se prudujo entonces, pues radicales islamistas aprovecharon la confusión para instaurar regímenes tanto o más tiránicos y criminales que aquellos que los pueblos derrocaron. El Cuarteto de Túnez, organización civil y cívica conformada por el mayor gremio empresarial, la más importante central obrera, la ONG defensora de los derechos humanos y el Colegio de abogados del país, buscó el consenso nacional y abrió paso a la democracia, consiguiendo la realización de elecciones en 2014. El Comité Noruego lo reconoció como ejemplo en tanto “con gran autoridad moral, cumplió su rol como mediador e impulsor del desarrollo democrático de Túnez”.


Para buscar respuestas a las preguntas por el consumo individual, el ahorro privado como creador de capital y las políticas públicas para combatir la pobreza y generar bienestar, el profesor Angus Deaton realizó encuestas en los hogares y analizó sus datos. La Academia Sueca le concedió el Premio Nobel de Economía porque “ha contribuido a transformar las políticas de desarrollo económico”, aprovechando los elementos del trabajo empírico y los datos individuales. Al valorar este modelo de investigación, por encima de los esfuerzos teoréticos, la Academia Sueca avala nuevas experiencias científicas. Este paso es comparable con el que dio al conceder el premio de Literatura a la periodista bielorrusa Svetlana Alexievich, cronista profunda que busca y cuenta verdades incómodas al poder soviético, ayer, y ruso, hoy. La Academia valoró “su obra polifónica, un monumento al sufrimiento y al coraje en nuestro tiempo” y la opinión mundial aplaudió este primer reconocimiento al periodismo como hacer crítico y narración rica en su capacidad de descorrer velos y presentar realidades ocultas.


La investigación que revela novedades y transformaciones en partículas mínimas que explican el universo y la vida, y cuya comprensión permite actuar sobre ellos mereció los premios de Física y Química. Los científicos Takaaki Kajita, de la Universidad de Tokio, y Arthur B. McDonald, de la Universidad de Queens, investigaron el transcurrir de los neutrinos que se habían desprendido del sol “descubriendo sus oscilaciones, lo que demostró que los neutrinos tienen masa”, hallazgo significativo para la Astrofísica. En Química fueron galardonados los investigadores Tomas Lindahl, Paul Modrich and Aziz Sancar, quienes identificaron el comportamiento molecular que permite la reparación del ADN “aportando conocimiento fundamental sobre la función celular, que puede ser usado en el desarrollo de nuevos tratamientos contra el cáncer”. Reconocemos con gratitud la marcada tendencia de los Nobel de este año, por reconocer esfuerzos e investigaciones relativas a problemas y realidades del tercer mundo. Al tiempo que se confirma la prevalencia de Estados Unidos, Europa y los países desarrollados de Asia como regiones de origen de los ganadores de los Nobel en Ciencias, seguimos preguntándonos por el día en que unas acertadas políticas de promoción a la investigación y la ciencia en Colombia y Latinoamérica, nos permitan soñar con galardonados de estas latitudes.