Columnistas

Los desastres de Goya y un bombardeo actual
Autor: Carlos Alberto Gomez Fajardo
13 de Octubre de 2015


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Cuando la soberbia de Napoleón lo condujo a invadir la península ibérica, en aquellos confusos años en que tuvo lugar la desarticulación del sistema administrativo de la vieja y la nueva España, vino la reacción: la guerra de independencia de España contra Francia fue particularmente cruel, por ambas partes. Un viajero, observador  genial, Goya, dejó en su serie de grabados, conocidos como “Los desastres”  el testimonio más escalofriante de los extremos de crueldad y de deshumanización a que llega el ser humano cuando su  accionar se reduce al escenario del odio. 


Existe el Derecho Internacional Humanitario, las normas del enfrentamiento armado entre estados. Como sabemos, las organizaciones terroristas atropellan las normas, las usan según su conveniencia y acuden a una palabrería usual: a ellos no les compete el derecho, para ellos, el fin justifica los medios. Para ellos no hay lógica, solo opera el afán del  poder.


Recientemente en Kunduz, Afganistán, fuerzas  de los Estados Unidos han bombardeado un hospital de “Médicos sin fronteras”. En esa región, bajo el control de los talibanes, se están dando todos los horrores que grabó Goya. Las autoridades norteamericanas han prometido una completa investigación, una explicación de los hechos y circunstancias. Las agencias de noticias insinúan que desde la instalación hospitalaria han sido atacadas las fuerzas de la coalición, y que estas han respondido. Ante las  confusiones, ¿dónde quedan la Convención de Ginebra y otros tratados que se refieren a los modos lícitos del  enfrentamiento armado?


Todo parece pasar a un segundo plano cuando la brutalidad de la capacidad destructiva toma  un lugar de preeminencia como parece estar sucediendo allí. ¿Se esclarecerán los hechos? ¿Serán satisfactorias las explicaciones que se den sobre la muerte de civiles en estos escenarios? ¿Se demostrará con certeza que la cobardía de los extremistas talibanes también los lleva a ejecutar acciones militares desde sitios como hospitales? 


Entre tanto por nuestras latitudes también suceden cosas muy dolorosas; parece que alguien mintiera; es como si ahora, a partir de un determinado momento, no importara el hecho de que las convenciones internacionales han prohibido el uso de minas antipersonales, el reclutamiento de menores, el ejercicio de la fuerza contra la población. En asombrosa manipulación mediática ahora al secuestro se denomina retención y los terroristas parecen ser las víctimas.  


Es lícito plantearse preguntas: ¿No consiste el derecho en dar a cada uno lo suyo?, ¿no es función del estado la protección de los ciudadanos en sus vidas, bienes y honra?,  ¿no cobija la ley a todos por igual? O es que acaso ¿el derecho  va cambiando, según las conveniencias e intereses de quienes se encuentran en el ejercicio del poder ejecutivo?


La verdad parece ahora derrotada, tanto como se derrotó el respeto a la vida humana en la independencia de España grabada por la capacidad de Goya para identificar y registrar el horror. En las devastadas regiones de Afganistán acontece igual  aniquilación de lo humano. Y entre nosotros, ¿no se está también oscureciendo mediáticamente el relato del accionar brutal de los violentos, de quienes sistemáticamente, por sus cegueras ideológicas, han impuesto por décadas la ausencia de verdad como un modus operandi que se repite hasta causar vértigo, hasta que se convierta en algo verosímil para muchos?