Columnistas

Nacionalismo, estorbo para la globalizaci髇
Autor: Guillermo Maya Mu駉z
12 de Octubre de 2015


Con ocasi髇 del conflicto fronterizo entre Colombia y Venezuela, y los comentarios chovinistas de Donald Trump, algunos comentaristas se馻laron el nacionalismo como una expresi髇 enfermiza del mundo moderno.

Con ocasión del conflicto fronterizo entre Colombia y Venezuela, y los comentarios chovinistas de Donald Trump, algunos comentaristas señalaron el nacionalismo como una expresión enfermiza del mundo moderno. Sin embargo, si algo nos falta a los latinoamericanos es nacionalismo, como defensa frente a los poderes internacionales, que también ven en el nacionalismo ajeno un obstáculo para sus fines.


La socióloga Eliah Greenfeld, una de las teóricas más importantes del nacionalismo, con sus libros Five Roads to Modernity, y The Spirit of Capitalism: Nationalism and Economic Growth, se constituye en una guía obligada para plantear el tema.


La idea de nación ha tenido una trasformación de significados a través del tiempo. En Roma significó un grupo de extranjeros; luego, en las universidades medioevales, una comunidad de opinión; en los consejos eclesiales nación significaba la elite; solo  partir del siglo XVI, en Inglaterra nación va a significar el pueblo soberano; y por último, nación va a significar singularidad, lingüística, étnica, etc. La confusión con el nacionalismo surge precisamente con esta última acepción, oscureciendo la precedente, el nacionalismo cívico.


El nacionalismo es la identidad y la lealtad con la nación. Llamar nación a la población en general, “el pueblo de Inglaterra”, es un evento lingüístico trascendental, afirma Greenfeld,  que eleva las masas de la población a la dignidad de la elite y que redefinía la comunidad del pueblo, como soberano, en tanto incorporaba la autoridad suprema, como una comunidad de individuos iguales, con la capacidad de ocupar cualquier posición social. Entonces, la palabra nación significaba, en sentido, moderno, el pueblo soberano, que consiste de individuos iguales.


La tesis de Greenfeld es que el nacionalismo es el factor explicativo de por qué la sociedad se reorientó hacia un sistema que tiene por objetivo el crecimiento económico. El espíritu capitalista es el nacionalismo, no la ética protestante, como argumentaría Marx Weber en su celebrado libro La ética protestante y el espíritu del capitalismo (1905).


El nacionalismo explica “ese cambio de actitudes de la sociedad con respecto a la pulsión de la motivación económica y su dramática valorización corresponde a una nueva forma secular de la conciencia colectiva (así como un nuevo sistema de normas éticas)”. 


La economía moderna es el fruto del nacionalismo, es el resultado del principio central de igualdad. El nacionalismo “eleva las clases más bajas y ennoblece sus actividades” y fomenta sus talentos, “especialmente aquellos  orientados a la búsqueda de ganancias, y los convierte en un imán para el talento”.


El ennoblecimiento del populacho por el nacionalismo, hace de la nacionalidad “un status elevado honorable, lo que liga el sentido de dignidad propia y auto respeto con la identidad nacional, que a su vez asegura el compromiso del individuo con la comunidad nacional”.


Por otro lado, la democracia combina los principios de soberanía popular y la igualdad de sus miembros. La imagen social del nacionalismo necesita de un sistema de estratificación abierto y fluido, de sistema de clases, caracterizado por la movilidad social. El futuro de los individuos no está determinado por el nacimiento sino por los logros individuales.


La movilidad social, ilusión o realidad, es el fundamento de la economía capitalista,  y esa ilusión para que persista es necesario que tenga un grado de realidad, dice Ernest Gellner (Naciones y Nacionalismo), y comparada con una sociedad agraria, la sociedad industrial tiene más movilidad e igualdad.


La sociedad moderna no puede ser una sociedad estamentaria, rígida en el status social, tiene que admitir el cambio: “Una sociedad que está destinada al ‘juego de las sillas musicales’ de manera permanente no puede erigir profundas barreras de rango, casta, o estado, entre los varios conjuntos de sillas que posee” (Gellner). ¿Me requisás porque soy negro?


Por su parte, los marxistas clásicos desestimaron el nacionalismo porque “el proletariado no tiene patria”: “La nacionalidad del trabajador no es ni francesa, ni inglesa, ni alemana, es el trabajo; (…) su gobierno no es francés (…) es el capital; su aire nativo no es francés (…) está a pocos pies debajo del piso” (Marx). Sin embargo, paradoja, Marx nunca fue asimilado ni se asimiló y permaneció como un extranjero en Londres.


¿La globalización significa la desaparición del nacionalismo? Responde Greenfeld: “El nacionalismo no muestra signos de debilitamiento, además la globalización es un fenómeno que ya dura 500 años, y durante este periodo la globalización ha promovido la proliferación del nacionalismo; incluso lo que ahora se llama globalización es la extensión de los objetivos nacionales”, especialmente, los intereses empresariales de los países desarrollados. 


En el mundo neoliberal moderno, los derechos del inversionista predominan sobre derechos de los ciudadanos que descansan en la soberanía nacional, y que las entidades y tratados internaciones se apropian en beneficio de los intereses corporativos transnacionales. En este escenario el nacionalismo es un estorbo para sus objetivos económicos de controlar los recursos naturales escasos, las poblaciones y de paso los mercados.