Columnistas

Me cuesta creer
Autor: Carlos M Montoya
10 de Octubre de 2015


Se ha convertido tan difícil creer en aquellos que hoy tienen gran representatividad en el país o en aquellos grandes generadores de opinión, que cuando hacen alguna manifestación, ya es difícil pensar que sea cierto o que no obedece a algún interés.

Se ha convertido tan difícil creer en aquellos que hoy tienen gran representatividad en el país o en aquellos grandes generadores de opinión, que cuando hacen alguna manifestación, ya es difícil pensar que sea cierto o que no obedece a algún interés.


Es muy difícil creerle al fiscal General de la Nación cuando hace acusaciones o “compulsa copias” a la Corte, para que investigue al expresidente y hoy senador; desde que lo conocí bien, siendo Gobernador de Antioquia poco creo en él, pero tengo que reconocerle muchos logros y me cuesta muchísima dificultad considerar válida cualquiera de las acusaciones que le hace el señor fiscal, creyendo que es válido que se investigue, pero no teniendo ninguna confianza en quien lo solicita, porque en su afán protagónico y de querer utilizar su cargo como trampolín político, ha perdido toda confiabilidad. Para ahorrar espacio solo diré que igual criterio tengo para evaluar los pronunciamientos del señor procurador, quien carece de toda objetividad en sus juicios.


Igual de difícil me parece creerle al senador copresidente de uno de los grandes partidos, cuando pide perdón a los miembros de la bancada del partido del expresidente senador por haberlos llamado “los nuevos terroristas”, poco tiempo pasará para que vuelva a cometer otra de sus conocidas torpezas, buscando el favor del gobierno.   Como también me cuesta creer que el expresidente senador lo perdonó y lo considera su amigo, como se lo manifestó en la plenaria del pasado miércoles: ni él perdona fácil, ni su temperamento es tan dócil como lo mostró; poco tiempo pasará para que en una de sus consabidas rabietas a punta de “twitterazos” destruya el nombre y prestigio de cualquiera de sus contradictores.


Muy difícil creer en la información del periódico de las familias Gómez y Hernández, cuando su información se ve claramente tendenciosa y cuando presenta artículos sustentados en chismes y rumores, que coinciden en el tiempo con situaciones particulares, como el evento electoral del próximo 25 de octubre, cuyo investigador pretende extraer de sus fuentes las palabras que él quiere escuchar y que después utiliza parcial o sesgadamente. Como difícil también es creer en algunas cadenas radiales de carácter nacional, donde sus periodistas no tienen recato en calificar, o mejor, descalificar a personajes que no comparten su ideología o que son amigos de sus enemigos, o son enemigos de sus amigos; personajes estos cuyo único mérito es haber salido mal salidos de un medio regional y ser amigos de la directora de un medio nacional que aborrece la institucionalidad de la que ha vivido tanto tiempo.


Quisiera creer en las amenazas que le han hecho a un “periodista” de Medellín, que se ufana de consumir alucinógenos, pero critica la inseguridad de esta ciudad, señala la incapacidad para combatir al micro trafico y a las bandas delincuenciales. ¿dónde será que él compra lo que se fuma?, hasta ahora no conozco ni farmacia ni supermercado que la venda. Si lo cultiva es un delincuente y si la compra donde el “jíbaro” de su confianza es uno de los cómplices de lo que tanto critica.  Me cuesta creer, por qué en su afán de defender sus intereses personales, los de sus amigos o los de sus “ex”, no tiene reparo en señalar de corrupto, bandido, paraco, ladrón a quienes no leen lo mismo que él o lo que él escribe, a quienes no consumen lo mismo que él, a quienes no van a los teatros que él va, a quienes no contratan con quien él quiere o a quienes no siguen a quien él sigue, pero aún así reclama tolerancia. Se que no le interesa, ni le importa mi solidaridad, pero si las amenazas son reales mi total rechazo a esta práctica, reclamo respeto aún por los irrespetuosos, la vida de cualquier ser, y más humano merece protección. Mi solidaridad con todos aquellos amenazados, pero la verdad en este caso me cuesta creerle.