Columnistas

Cómo democratizar los servicios públicos
Autor: Alvaro T. López
6 de Octubre de 2015


En una de las redes sociales, la periodista Luz María Tobón, siempre tan profunda y erudita, hace una reflexión dirigida a los candidatos a la Alcaldía de Medellín, sobre las Empresas Publicas, nuestra joya más preciada.

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En una de las redes sociales, la periodista Luz María Tobón, siempre tan profunda y erudita, hace una reflexión dirigida a los candidatos a la Alcaldía de Medellín, sobre las Empresas Publicas, nuestra joya más preciada, y la necesidad de que permanezca pública. Válido el reclamo, pues parece que hemos renunciado a ejercer los actos de señor y dueño que nos corresponden, como propietarios que somos, en nuestra de condición de ciudadanos y tributantes de este municipio. El comportamiento agresivo, desdeñoso y humillante de un gerente que se creyó dueño, se volvió la impronta de una burocracia que se incrustó, parece que irrevocablemente, para dedicarse a decidir sobre asuntos que nada tienen que ver con el bienestar de la gente que necesita de políticas incluyentes.


Pero el señor antipático, hosco e impopular de marras se ocupó de darle forma a una de las empresas oficiales más exitosas de Colombia. Su austera vida es indicio de que no derivó beneficios en su favor, y que, simplemente protegió las Empresas, con la ayuda de poderosas fuerzas externas, de la insaciable voracidad del gamonalismo de esa época. Tal vez nunca pensó que lo que estaba construyendo, blindado contra injerencias de los políticos, terminaría siendo el nuevo dorado, el tesoro que la oligarquía internacional, sus agentes locales, los malos ciudadanos e igualados oficinistas, quieren para sí. Nadie sabe cuánto durará el proceso, pero el destino parece inexorable sobre la privatización de la propiedad de EPM, por lo que se ha visto en los últimos tiempos.


Pero vale la pena establecer qué se entiende por privado y qué se entiende por público. Se volvió parte de muchos discursos la defensa de lo público; personajes hay que pregonan su compromiso al respecto, mientras entregan las entidades a personajes oscuros que las explotan en su favor, en la comodidad de quienes ordeñan las vacas ajenas, sin tener que alimentarlas. Lo público no debe pregonarse desde la realidad de la propiedad en cabeza de entidades estatales, sino desde el beneficio que recibe la sociedad, en este caso en materia de servicios públicos. Entre nosotros hay gente que trabaja para pagar los servicios que nos presta Empresas Públicas, que con sus tentáculos ominosos no se compadece de la situación de los asociados.


Quien resulte elegido como alcalde de Medellín, tiene la responsabilidad de designar un gerente de EPM lo suficientemente maduro y sabio, como para no ser víctima de las estrategias de la burocracia de la entidad que lo endiosan para tenerlo bajo su control. Debe ser alguien que conozca a Medellín, a sus gentes y sus necesidades. ¿Los negocios internacionales? Sí, pero si con ello se generan recursos con los que se pueda paliar la onerosa carga de los servicios públicos; si con ellos se puede cobrar, por ejemplo, la energía a precio de costo a los más pobres, sin que sea la sufrida clase media la que tenga que sostener la política de equidad. Si tenemos la más grande empresa de servicios públicos, deberíamos tener tarifas favorables y cobertura universal. Por lo menos, eso nos deben.