Columnistas

No somos nadie, hay que igualarse
2 de Octubre de 2015


Con trece a駉s de insistencia permanente en la pedagog韆 de la noviolencia, hemos tenido caminata para rememorar la marcha de la sal, ritual del perd髇 en la escultura de Gandhi en el Museo de la Memoria.

Luz Gabriela Gómez Restrepo


Medellín vivió en estos días, entre muchas acciones, actividades y gestos de ciudad, el Sexto Festival de la noviolencia de la Fundación Mahatma Gandhi. Con trece años de insistencia permanente en la pedagogía de la noviolencia, hemos tenido caminata para rememorar la marcha de la sal, ritual del perdón en la escultura de Gandhi en el Museo de la Memoria, presencia del embajador de la India, al conmovedor y contundente César López, La Esopetarra, yoga en las estaciones del Metro, mensajes de noviolencia para recordar, en el espejo de la casa, al despertarse, los gestos cotidianos de valor y reconciliación entregados por nuestro querido Metro de Medellín. Y como ejercicio pedagógico primordial, un concurso entre colegiales. “Ser noviolento es mi talento”, para insistir sobre la idea de que las artes son las grandes civilizadoras de la humanidad. 


En este contexto celebrativo del natalicio de Gandhi, , el dos de octubre, Día Internacional de la noviolenta, Día del 24-0 , repetimos: La noviolencia más que una filosofía importada de oriente, es una práctica, un estilo de vida cercano, útil y necesario para ayudarnos a concretar una convivencia plural, incluyente y respetuosa en la Medellín que habitamos y amamos.


En una ciudad cualquiera caracterizada por la dolorosa hostilidad, hay desconfianza, domina la competencia, hay invisibilidad, rechazo y exclusión. El trato es desigual, imperan el insulto y la descalificación, el otro es una amenaza. Hay hostilidad verbal, discriminación.


 En otra que quiera ser reconocida por la simple pero necesaria coexistencia se da la comunicación con los iguales, pero no con los desiguales, existe una especie de paz negativa, porque no te molesto y no me molestas, se prefiere callar, cada uno a lo suyo. Hay poco interés por el otro y un relacionamiento pobre. 


Pero, en la Medellín que se compromete con la ansiada convivencia, tendrán que darse la fusión y el mestizaje, la posibilidad de que los acuerdos se construyan colectivamente, entendiendo de manera simultánea lo convergente y lo divergente. Una clara voluntad de comunicación, permitiendo la confianza y las relaciones afectivas. De esa manera se da paso a la reciprocidad y la cooperación, respetando y asumiendo la normatividad jurídica y moral, posibilitando la ilusión colectiva y la búsqueda del bien común.


Lo esencial entonces es reconocer que somos humanos, demasiado humanos y nos movemos en la contundente fragilidad y es por eso que el movimiento entre coexistencia- hostilidad- convivencia es pendular. Se moverá incesantemente de acuerdo con nuestros comportamientos y acciones. Por eso a todas las horas de todos los días invertimos, en lo personal y en lo colectivo, para bien o para mal, en ese movimiento pendular. Todos somos co-responsables.


Y para terminar esta reflexión acerca de la noviolencia y la vida cotidiana en nuestra Medellín, retorno al titular de la columna, No somos nadie, hay que igualarse... Dice Claudio Magris en Infinito viajar: “En el viaje, desconocidos, entre gente desconocida, aprendemos en sentido fuerte a no ser nadie, comprendemos concretamente que no somos nadie”. 


El día que entendamos cabalmente esto que nos dice Magris  -y seamos capaces de vivir en común unión entendiendo, como dice nuestro cercano Juan Mosquera, que la palabra más fea es frontera, a lo que yo me permito agregar, que la otra peor en nuestro contexto cercano es estrato- estaremos preparados para asumir con dignidad y humanidad a lo que la Colombia de hoy nos incita, provoca, convoca e inspira; me refiero al derecho legítimo por un sueño, por una paz legítima y duradera, donde la luz a la manera del prisma, como la electricidad, vengan de la suma de todos los ángulos, del roce de contrarios. La invitación entonces, desde la Fundación Gandhi en el marco del festival de la noviolencia, es a contradecir la expresión popular colombiana: “No sea igualao”.


*Voluntaria Fundación Gandhi