Editorial

En el natalicio de Gandhi
2 de Octubre de 2015


Reconocer, celebrar y participar de la Noviolencia como la visionaron Gandhi y sus pares significa asumir la resistencia activa contra la injusticia y sus perpetradores.

La humanidad celebra hoy el 146 aniversario de nacimiento de Mohandas Gandhi, padre de la acción no-violenta y contribuyente con su liderazgo a consolidar los postulados de una filosofía en permanente construcción, que ha transformado los objetivos, estrategias y acciones del activismo ciudadano por los derechos humanos. Con FundaMundo, y en tanto periódico no-violento, sumamos nuestra voz a la de organizaciones y personas que trabajan por mantener vivo, afinar y acrecentar el profundo legado del Mahatma y sus pares en otras latitudes.


Reconocer, celebrar y participar de la Noviolencia como ellos la visionaron, significa asumir la resistencia activa contra la injusticia y sus perpetradores, sean ellos quienes fueren y usaren la excusa que escogieren. Implica, también, tomar partido por los vulnerados y los vulnerables para que sean resarcidos por quienes los dañaron o, en su defecto, por la sociedad. En tanto sustenta su pensamiento y acción en el principio gandhiano de “no hacer daño a nadie, nunca y especialmente no a quienes considera sus enemigos”, la Noviolencia lucha por la justicia como acción reparadora y principio de la reconciliación. Así lo pensó el Mahatma y lo han concebido los líderes del movimiento. En su lucha por los derechos civiles de los afroamericanos, el reverendo Martin Luther King definió la acción de la justicia como “la corrección (subraya nuestra) amorosa a quien ha actuado contra el amor”. El admirado Nelson Mandela, por su parte, definió su lugar frente a la justicia como petición de perdón por haber hecho parte de un grupo violento, señalando que “el ingrediente importante es el coraje del líder que implica dar el primer paso a la reconciliación con los adversarios”. Con su toma de posición a favor de ofrecer perdón, no de exigirlo, Mandela ofreció fuerte aporte al concepto de justicia restaurativa, que algunos pensadores asocian a los postulados morales y a la alta exigencia personal que se imponen los líderes de la noviolencia. 


El aniversario de Gandhi coincide con las expectativas de los colombianos por las que serían las implicaciones del acuerdo sobre justicia, anunciado hace una semana a través de comunicado de los negociadores del Gobierno Nacional y las Farc. El documento ofreció esperanzas de justicia porque reconoció a las víctimas, además de que anunció disposiciones de restricción de la libertad y pérdida de derechos civiles para los responsables de crímenes en el marco del conflicto, fuesen ellos farianos o fuesen agentes del Estado. La decisión de no divulgar los detalles, que son la clave, ha propiciado especulaciones que generan nuevas dudas sobre los alcances de lo decidido. La confusión es favorecida, además por medios de comunicación que, a falta de documento y de fuentes informadas, se han limitado a amplificar las voces de quienes presentan el acuerdo como garrote vengativo -léase Anncol y el fiscal Montealegre frente al expresidente Uribe-; como instrumento de impunidad -como piden el jefe y el abogado de las Farc-, o incluso como medida para exigir perdón de las víctimas -como pretenden algunos congresistas de la U-. Si alguna de esas visiones fuese la acogida, negaría los principios y valores de la justicia restaurativa que se anuncia ha sido el modelo de los acuerdos.


La justicia restaurativa se presenta como modelo con gran fuerza moral que propone restaurar el equilibrio roto por quien infringió el daño. En ese sentido, compromete al responsable a dar cuatro pasos indeclinables en favor de la víctima: ofrecer verdad, pedir perdón, garantizar la reparación y procurar la reconciliación. Esto quiere decir que el Estado asume como garante de un proceso en el que la acción moral y social recae sobre los culpables de los daños. Visto en su más compleja dimensión este modelo exige mayor compromiso que el de someterse a penas alternativas y a restricciones contra la ciudadanía. En tanto exige compromiso ético, esta concepción es lejana de la que presentan miembros de las Farc, sus portavoces y hasta algunos voceros políticos que insisten en exigir a las víctimas que ofrezcan perdón a quienes se niegan a pedirlo. Tales presiones ponen el primer paso hacia una verdadera reconciliación en los hombros equivocados y debilitan desde la base, un objetivo que no puede justificar nuevas violencias. Igual que para Gandhi, para Nelson Mandela “no hay paz si no existe justicia”.