Palabra y obra

“The citizen is the soul of the Heritage”
“El ciudadano es el alma del Patrimonio”
2 de Octubre de 2015


Carlos Baztán Lacasa (Madrid- España), arquitecto que ha hecho parte de cientos de proyectos patrimoniales, habló con Palabra y Obra sobre la importancia de que los ciudadanos sean parte de la reflexión patrimonial.



Carlos Baztán Lacasa durante el Encuentro Nacional de Patrimonio: lugares de la memoria 2015, en las arquitecturas del Teatro San Jorge.

Milton Ramírez (MinCultura)

Durante el Encuentro Nacional de Patrimonio: lugares de la memoria 2015, realizado recientemente en Bogotá, Carlos Baztán Lacasa (Madrid- España), arquitecto que ha hecho parte de cientos de proyectos patrimoniales, entre ellos los museos  de Arte Romano de Mérida,  de Altamira, de Zamora, y de Bellas Artes de La Coruña; la Biblioteca y el Archivo Regional de Madrid, los teatros Valle Inclán y el Matadero Madrid, habló con Palabra y Obra sobre la importancia de que los ciudadanos sean parte de la reflexión patrimonial.


Hotel Europa


- Por qué es menos importante la restauración física de un inmueble o mueble patrimonial que su relación con las comunidades?


Yo creo que la forma en la cual se ha abordado la restauración y la rehabilitación del patrimonio está bien, pero hay otras maneras de abordarlo. 


Se ha hecho demasiado énfasis en lo físico, en una idea de un edificio concebido como un objeto, y la arquitectura no se compone de objetos, se ha hecho demasiado énfasis en un objeto que ha perdido sus valores, y hay que recuperarlos de manera muy literal, olvidándose de que el patrimonio no es para los ciudadanos. Yo creo que muchos expertos están en esa línea, en la que los edificios patrimoniales, que ahora mismo están abandonados y en peligro de destrucción absoluta, deben ser mirados de otra manera.


En Matadero, en Madrid, hemos tenido presente sus ruinas como parte de lo que son, y ha sido un éxito. 


Es muy valioso que se intente restaurar de manera seria, científica, rigurosa, pero no vale  la pena que a veces se gaste tanto dinero, sino que los ciudadanos hagan parte del patrimonio, para que los edificios ayuden a solucionar los problemas sociales de los barrios donde están ubicados.


Teatro Junín


- ¿Qué valores de la Arquitectura cree que se han descuidado en esa idea de restaurar rigurosamente, olvidando al ciudadano?


Como arquitecto, hay una función que hemos perdido y para mí es muy importante. Vemos las revistas de Arquitectura y es impresionante la forma en que fotografiamos los edificios sin personas. Es la idea de hacer parecer que las personas contaminan la Arquitectura, y eso es un síntoma grave, la Arquitectura es para ser vivida, y hay que medirla según su capacidad de que haya vida en su interior. 


Hay que hacer una reflexión por acercar la arquitectura a su capacidad de hacer que haya vida. 


En Medellín no existe un centro histórico, como sí pasa en otras geografías, ¿de qué se pierde una sociedad que destruye sus edificios patrimoniales para tener unos modernos?


En consecuencia de ese olvido de las personas como parte del patrimonio, los ciudadanos no consideran el patrimonio como algo suyo, no piensan que cuando se le agrede se está haciendo daño a algo suyo. 


No cree que el espacio público es suyo, que los edificios públicos son suyos, e incluso edificios privados que son patrimoniales tienen una parte que es suya, para lo que se debe lograr que cualquier ciudadano pueda entender el patrimonio con términos suyos, que no sea sólo algo declarado por alguna entidad, por el Ministerio de Cultura, sino que vea que eso también le interesa. 


- ¿Cuál es el papel del imaginario colectivo, el cómo la gente recuerda la apariencia del patrimonio, a la hora de hacerle modificaciones o restaurarlo?


Demasiadas veces se ha abordado la restauración sin tener en cuenta cómo se vive, cómo se va a vivir y cómo se ha vivido. No en todos los casos se debe dar la razón a los ciudadanos, suele pasar, lastimosamente, pero sí se deben dar las razones del por qué pasa, para que el tema del patrimonio no se perciba como una imposición, como algo negativo, como que a mí me cambian cosas que son importantes sin consultarme. 


En cierto modo, podría resumirse en una atención no solamente a la historia, a la lectura de estudios técnicos y conceptuales de la restauración o el cambio, sino a la relación con la vida, con la ciudad, con los ciudadanos, con los niveles de comprensión de los ciudadanos que no son iguales unos que otros. 


Lo ideal es que, dentro de unos años, esté como esté un edificio, los vecinos lo consideren algo para defender. El ciudadano es el alma del patrimonio.