Columnistas

Los compromisos climáticos de Colombia
Autor: Santiago Ortega
1 de Octubre de 2015


Hace un par de semanas, Colombia definió su rumbo ambiental para los próximos 15 años con la publicación de sus compromisos internacionales frente al cambio climático.

@sortegarango


Hace un par de semanas, Colombia definió su rumbo ambiental para los próximos 15 años con la publicación de sus compromisos internacionales frente al cambio climático. Pero en el país casi nadie se enteró.


No vale la pena echar culpas ni rasgarse las vestiduras. A pesar de su potencia mediática, el cambio climático es un tema difícil de comunicar. Si los detalles científicos se le escapan a gran parte de la población, relacionarlo con política pública es un ejercicio de alta complejidad. 


Los que se enteraron, fue quienes repitieron una cifra. Se reducirán el 20% de las emisiones a 2030. Pocas personas saben lo que eso implica para los ecosistemas, la industria yla economía del país. Menos personas son capaces de identificar las interesantísimas oportunidades económicas que vienen con eso.


Contemos la historia por partes. En este momento, los países del mundo están tratando de lograr un acuerdo para hacerle frente al cambio climático que reemplace el Protocolo de Kyoto, que buscaba reducir las emisiones a nivel mundial.


El Protocolo de Kyoto fue muy interesante para Colombia porque permitía vender “bonos de carbono”, o créditos por reducir emisiones. Proyectos como Transmilenio, el MetroCable, El Parque Eólico Jepírachiy, un montón de pequeñas centrales hidroeléctricas, pudieron tener ingresos adicionales por cuenta de estos bonos. En muchos casos estos ingresos fueron determinantes para su viabilidad.


El acuerdo no funcionó en el campo global porque las emisiones seguían aumentando. Estados Unidos nunca se comprometió a reducir, y China creció tanto que se volvió el país más contaminante del mundo.


Después de varios años de incertidumbre, peleas, desconfianza, negacionismo climático, debates públicos, acuerdos y compromisos, este año hay vientos favorables para que en Paris se defina un nuevo acuerdo. China y Estados Unidos ya anunciaron su intención de reducir emisiones y lo plasmaron en acuerdos bilaterales, la Unión Europea está montada en el bus hace rato, y los franceses, huéspedes de la conferencia de cambio climático, están listos para usar toda su artillería diplomática y lograr un acuerdo.


Para que este acuerdo se firme, que todos los países debían establecer una meta de acuerdo con sus posibilidades. Colombia se comprometió reducir el 20% de lo que emitiría en 2030. Eso quiere decir que si bien nuestras emisiones van a aumentar, lo harán a una tasa mucho menor. Este es el mismo enfoque que adoptaron México y la República Dominicana, y es muy probable que lo adopten los otros países latinoamericanos.


El esquema funciona así: el crecimiento de la economía implica más emisiones, pero para contrarrestar y lograr la meta hay que reducir en sectores clave. Es un acto de malabarismo económico-ambiental.


No causa mucha sorpresa que en Colombia las mayores emisiones (58%) sean del sector agropecuario y forestal. Tumbar bosque para hacer potreros ha sido la constante de las últimas décadas. Por eso, al leer los compromisos, la reforestación y la conservación son aspectos centrales. 


Todo parece indicar Colombia entraría en la misma onda que Brasil, que busca compensar sus emisiones a partir de reforestación. Esto es positivo desde varios puntos de vista, incluyendo el control de la erosión y la oportunidad de transformar la agroindustria nacional. 


Si bien es posible que las mayoría de las emisiones se puedan compensar con reforestación, al hacerlo se pierde la oportunidad de hacerlo en otros sectores, en especial en el sector transporte. El transporte en Colombia es casi totalmente dependiente de los combustibles fósiles, y  tiene impactos negativos en urbanismo y salud pública. Un acuerdo mundial podrá jalonar recursos y tecnología para transformar de fondo este sector, enfocándolo al transporte masivo eléctrico. 


Además de mitigar el cambio climático, esto sirve para mejorar la calidad del aire en las ciudades, aumentar el valor del suelo urbano y construir ciudades más sostenibles. Habría que tener una nube de humo en los ojos para no ver la oportunidad que hay al frente.


*Profesor Escuela de Ingeniería de Antioquia