Moda

Afanador without hurries
Afanador sin afanes
Autor: Carmen Vásquez
30 de Septiembre de 2015


Tres días de programación combinadas entre sí con ese estilo de vida que rodea todo lo que se puede llamar moda. Diferentes escenarios, diferentes horarios, color, comida, texturas y un hombre llamado Ruven Afanador.


Foto: Cortesía 

Retratar es su lenguaje, es lo que sabe hacer. Momento en la noche de B-Capital.

Cámara Lúcida

No de ahora. Desde hace muchos años la idea del Instituto para la Exportación y la Moda, Inexmoda, de llegar a Bogotá y plantar su bandera como “Instituto regulador del sistema moda” venía dándole vueltas a los directivos de la institución. Aquí en terreno propio las cosas son diferentes, Medellín es la ciudad capital de una excelente organización de dos eventos que ya marcan experiencia y una acogida nacional e internacional: Colombiatex y Colombiamoda.  Pero el ir a desfilar en el piso de la capital, es otra cosa y bien seria. Fue un esfuerzo económico y logístico de alto valor, que para ser el primero los resultados se vieron desde el primer día cuando entraron más de 2.000 personas que se inscribieron con anticipación. Pero el tema de esta primera página de B-Capital, es dedicada  al invitado de honor.


Es tímido, pero sabe sonreír.


Un hombre que dejó a todos los que pudieron  rozarlos con la imagen o la palabra con una gran admiración. Ruven Afanador, el chico colombiano que salió de su tierra a la edad de 14 años y que nunca ha dejado de tener en su mente las imágenes de su tierra natal, Bucaramanga, donde nació en el hogar de un padre relojero y una madre disciplinada. Del uno aprendió a trabajar y del otro aprendió los valores. Sólo 14 años y llegar a Michigan, los Estados Unidos en donde sus padres querían darle a él y sus hermanos una mejor educación. Sólo 14 años, y dejar los amigos y su querido perro Seiko, le dio muy duro. Sólo 14 años y aprender otro idioma. Se sintió solo. Pero nunca dejó de soñar. Nunca olvidó el olor a guayaba de la casa de su tía.


Su figura es de hombre alto, más de 1.85, la varita mágica de la belleza no lo tocó en su físico, pero después de que uno lo ve trabajar, después de escucharlo y verlo sonreír tímidamente, ve que es un hombre sencillo, transparente y bello. Para sus fotos no busca propiamente la belleza perfecta. 


Habla poco, muy poco, y su tono de voz es sensiblemente bajo, puede contestar sencillamente sí-no, pero si le tocan la fibra (la de él es aquello que llamamos amor a primera vista) el diálogo surge con fluidez y sin afanes. Su figura y su andar hablan de un hombre sencillo sin afanes.


Esto ocurrió en la mañana del jueves en el conversatorio con los estudiantes y periodistas. Entregó su vida como un libro abierto.


Vive en Nueva York desde hace años, a unas horas de su madre a la que visita con frecuencia, su padre murió. Comenzó a estudiar Economía y luego quiso ser escultor. Pero en la retina de su ojo tenía todo. Recuerdos, calles, casas, los juegos con su hermana, perfectas imágenes en blanco y negro, pero sin saber que algún día sería fotógrafo. Todo quedó grabado en él. Es totalmente visual.


No es coleccionista de cámaras, no tiene ni idea de la técnica de ellas, no le apasionan,  es de la época del cuarto oscuro, es de los años del blanco y negro. El paso de lo análogo a lo digital fue traumático para él, porque todo lo hacía él. Ahora, tiene que depender de sus asistentes y técnicos. No le gusta saber mucho de los personajes que va a retratar. Personajes que él interviene, con los que hace un performance. Es teatral, busca la honestidad desde su punto de vista. Uno de sus libros de la serie de gitanos le llevó dos años, seis viajes a España y siete días de trabajo sin parar en pleno verano cuando la luz se da hasta las diez de la noche. Le atrae el tema flamenco, los gitanos, las corridas de toros. No fue fácil para él al principio, entrar al mundo de los gitanos.


Fracasos y sueños cumplidos también hacen parte de su vida. Un fracaso fue cuando lo llamaron a retratar a Michael Jackson. Él como fotógrafo impuso lugar y sus requerimientos y el cantante del pop no quiso hacer lo que él pedía. Total que no se dio la foto. Hoy se arrepiente por no ceder a su capricho. Cuando llegó a los Estados Unidos comenzó a leer los libros de Gabriel García Márquez. Con toda esa fantasía se sintió acompañado, sentía que estaba en Colombia y sentía que algún día lo retrataría, lo sentía su héroe. Un día la directora de la revista donde trabajaba le dijo que había que hacerle un retrato a un tal escritor latinoamericano. Él preguntó como se llamaba y al oír el nombre de Gabriel García Márquez, sintió tal emoción que le escribió una carta en papel pergamino para que lo leyera antes de que él fuera. Y además viajó a México con seis días de anticipación para estar familiarizado con todo. El día de la foto llovía. Se sintió nervioso, un poco con miedo. Dice que a los escritores les tiene un poco de miedo porque creen que lo saben todo. Llovía y él se resbalaba en esas baldosas de ladrillo de la terraza del escritor. García Márquez se le acercó y solo a él le dijo: “No te preocupes, se resbalan los pies pero la mente no se resbala”.