Columnistas

El día más triste de nuestra historia
Autor: José Alvear Sanin
30 de Septiembre de 2015


El 23 de septiembre, el presidente Santos ha ido a La Habana a entregarle a Timo, en presencia del superior guía de ambos, Raúl Castro, este gran país.

El 23 de septiembre, el presidente Santos ha ido a La Habana a entregarle a Timo, en presencia del superior guía de ambos, Raúl Castro, este gran país. De ahí la inocultable euforia de los comandantes de Cuba y de las Farc, trenzados en estrecho abrazo con el estólido de Santos.


El monumental despliegue propagandístico que siguió en los medios masivos para hacernos creer que viene la paz no puede engañarnos. El convenio suscrito entre los dos nuevos copríncipes (Santiago y Timochenko) es una obra maestra de desinformación, escrita en newspeak orwelliano, de tal manera que significa todo lo contrario de lo que parece en una simple y rápida lectura. 


Después del magistral estudio jurídico de Jesús Vallejo Mejía sobre la “comisión legislativa” —newspeak por golpe de Estado— (http://periodicodebate.com/index.php/opinion/columnistas-nacionales/item/9653-una-propuesta-indecente), y del insuperable análisis político del “Acuerdo sobre la justicia”, de Libardo Botero Campuzano (http://periodicodebate.com/index.php/opinion/columnistas-nacionales/item/9665-el-gran-timo), me limitaré a algunas consideraciones marginales:


1. Incapaz de reponerme de las inconcebibles manifestaciones de “consideración y respeto” del papa Bergoglio a Fidel, seguidas de calurosa visita a quien aplastó la Iglesia cubana, algún amigo trató de consolarme recordando que el papa afirmó: “Y así esa larga noche de dolor y violencia (…) se pueda transformar en un día sin ocaso, de concordia, justicia, fraternidad y amor en el respeto de la institucionalidad, del derecho nacional e internacional, para que la paz sea duradera. Por favor, no tenemos derecho a permitirnos otro fracaso más en este camino de paz y reconciliación”.


Pues bien, el respeto por el derecho colombiano y por el internacional ya estaba siendo falsificado mediante los subterfugios jurídicos más repugnantes, elaborados para eludir ambos ordenamientos, esperpento que quedó plasmado 24 horas después de su homilía política en la Plaza de la Revolución bajo el engañoso título de “Acuerdo para la justicia”, que sería firmado al día siguiente  de su partida en la misma Habana. 


2. El mismo papa que condena en todos los casos la pena de muerte, ¿cómo puede manifestar tanto respeto y consideración por quien llevó millares de inocentes al paredón?


3. Abundan por estos días los diablos haciendo hostias: Raúl Castro, todo el tiempo. El gobierno cubano, que paga los gastos de la jerarquía colaboracionista y de la visita papal. El embalsamado patriarca que abraza al vicario de Cristo. El fletado cardenal-arzobispo de La Habana, Ortega, que niega la existencia de presos políticos en Cuba, rechaza a las heroicas Damas de Blanco (“En ellas hay de todo”, dice), y no permite la visita de los disidentes al pontífice, ni protesta por la detención de centenares de ellos durante los días previos a la visita papal. La piadosa carta de las Farc al papa. El título de Voz Proletaria: “El Papa ora por la paz en Colombia”...


4. Nos han dicho que la jurisdicción de paz podrá imponer penas de cinco a ocho años a quienes confiesen crímenes atroces, o hasta de veinte a los que no lo hagan o tarden en reconocerlos. Pero basta con leer el flamante “acuerdo” para percatarse de que ninguno de las Farc tendrá que defenderse ante esos jueces (escogidos, además, entre ellos y Santos), porque lo primero que está previsto es amnistía e indulto para los integrantes de esa guerrilla, y porque todos sus delitos, empezando por el narcotráfico, serán considerados “conexos” con los de tipo político. Entonces esa pomposa, extravagante y antijurídica jurisdicción estará dedicada a la persecución de quienes se opusieron a la subversión, sometidos a la vindicta pública por la “comisión de la verdad”, dentro de parámetros estalinistas clásicos.


5. El delito sí paga: Protección de sus rendimientos, conservación de las armas. Total impunidad. Zonas de Reserva Campesina. Tolerancia de cultivos ilícitos. Circunscripciones electorales especiales, etc., en un país donde los demás están expuestos a tres años de cárcel si se roban una gallina…


6. Después de oír los ditirambos de Mr. Aronson, enviado de Obama para los diálogos de La Habana (!!!) y de ver el delirante entusiasmo del secretario de la Conferencia Episcopal Colombiana en relación con este  “acuerdo”, ¿cómo se puede defender a Colombia contra el Vaticano y la Casa Blanca?


7. No olvidemos que se acaba de convenir entre ambas “altas partes” implementar los acuerdos, dejando la refrendación para más tarde (si es que la hay), sobre hechos cumplidos y frente a un adversario que conservará bien escondidas las armas.