Columnistas

No repetición
Autor: Jorge Mejía Martinez
30 de Septiembre de 2015


En seis meses, ojalá a más tardar durante la semana santa, tendremos los acuerdos firmados para avanzar hacia la paz y la reconciliación luego de más de tres años de negociaciones intensas, con altibajos, entre el gobierno nacional y las Farc.

Jorgemejiama@gmail.com


Es hora de pensar en el posconflicto. En seis meses, ojalá a más tardar durante la semana santa de 2016, tendremos los acuerdos firmados para avanzar hacia la paz y la reconciliación luego de más de tres años de negociaciones intensas, con altibajos, entre el gobierno nacional y las Farc. Después del batacazo de Santos, alias Timochenko, Castro y el equipo negociador, la semana pasada, al resolver aspectos esenciales del tema justicia para la transición hacia el cese del conflicto armado colombiano, debemos entender que la paz si es posible si la construimos desde ahora. Fue un golpe al miedo pregonado por los enemigos de la solución negociada de la sesentona confrontación violenta y un estímulo a la esperanza de un país sin actores armados ilegales, violadores de derechos humanos individuales y colectivos a nombre de un etéreo pueblo y de la lucha por objetivos políticos, que en nada riñen con las vías legales no agotadas en Colombia. 


Los pesimistas se pegan de los detalles ausentes o marginales de los acuerdos adoptados en la Habana. Todo lo ven negro. Los demás vemos los aspectos gruesos y fundamentales. Con esperanza. El fatalismo que inspira a los enemigos del proceso lleva a “sacrificar el mundo por pulir un verso”  como aquel pregón del poeta Guillermo Valencia. Nada los satisface ante la disyuntiva de un mundo distinto y mejor. Antanas Mockus fue el que dijo “prefiero apoyar la paz y equivocarme, que apoyar la guerra y acertar”. Con razón la comunidad internacional se encuentra sorprendida por la actitud reacia de muchas personas ante la posibilidad de liquidar un conflicto armado tan virulento, que afectó de manera directa, a cerca de siete millones de colombianos reconocidos como víctimas. 


El posconflicto es desviar la mirada fija en el pasado y direccionarla hacia el futuro. Además de facilitar el acceso a la verdad, la justicia y la reparación, el eje central es garantizar la no repetición de las violaciones reiteradas y sistemáticas de los derechos humanos de las victimas particularmente, pero también de toda la sociedad, porque la violencia del conflicto armado ha sido generalizada e indiscriminada.


Tenemos herramientas. El Decreto 4800, reglamentario de la ley 1448 o de Victimas,  dedica su Capítulo VI a la prevención, la protección y las garantías de no repetición. “Cuando las violaciones graves y manifiestas a las normas Internacionales de Derechos Humanos o las infracciones al Derecho Internacional Humanitario ya han sido consumadas, el Estado debe adoptar programas y proyectos de no repetición que incluyan acciones afirmativas, económicas y políticas que desarrollen medidas adecuadas para que las víctimas no vuelvan a ser objeto de violaciones a los Derechos Humanos ni infracciones al Derecho Internacional Humanitario. Estas medidas estarán encaminadas a disolver definitivamente los grupos armados ilegales que persisten, derogar o cambiar disposiciones, dispositivos y conductas que favorezcan la ocurrencia de tales violaciones y continuar fortaleciendo las políticas de promoción y protección de los Derechos Humanos y aplicación del Derecho Internacional Humanitario en la Fuerza Pública”.


Todo un apasionante reto colectivo.