Editorial

La boyante Alianza del Pacífico
30 de Septiembre de 2015


A Colombia le queda la alternativa de trabajar arduamente para consolidar el acuerdo de la Alianza del Pacífico y su apertura a otras organizaciones y mercados mundiales.

Invitados por el periódico especializado Financial Times, británico; por compañías financieras globales, y por la Bolsa de Nueva York, los presidentes, ministros de Hacienda y Comercio, así como los líderes del Consejo Empresarial de la Alianza del Pacífico cumplieron el lunes una intensa agenda que tenía el propósito, resaltado por el toque de campana para abrir las operaciones de Wall Street, de presentar el acuerdo de integración comercial, financiera y de población, ante inversionistas que exploran nuevos destinos, confiables en lo político y estables en sus economías.


Los eventos precedieron la reunión del Acuerdo transpacífico de integración económica (TPP por sus siglas en inglés), convocada para este miércoles en Atlanta. En ellos se ofrecieron categóricas señales de optimismo y confianza sobre los avances del proceso de acuerdos entre Colombia, Chile, México y Perú, así como a propósito del estado de las economías y la estabilidad política de cada uno de los países miembros. Estos encuentros fueron también interpretados como una ratificación de los interrogantes del mundo económico sobre el futuro de Mercosur, afectado por el dramático estancamiento de Brasil y la estrepitosa recesión de Venezuela y Argentina, cuyos gobiernos dilapidaron una extensa y fructífera bonanza de los precios de hidrocarburos y comodities. Y ni qué decir del silencio con que autoridades comerciales y financieras, además de analistas, cubren el fallido proceso de integración del Alba, organismo que reacciona con nuevas amenazas contra el proceso de liberalización de las economías e integración de los mercados.


La presencia y acuerdos de empresarios y gobiernos en Nueva York alentó a los inversionistas participantes en la primera reunión conjunta sobre las potencialidades de un proceso de integración que ya finiquitó su Acuerdo Macro y el Protocolo Comercial, este último con vigencia en 2016, y que avanza en mecanismos de integración financiera y de oferta de servicios, entre ellos los turísticos, en un mercado de 216 millones de personas. Dado que “la Alianza del Pacífico se constituye en el receptor de más del 41% de la inversión extranjera directa en toda América Latina”, los gobiernos aspiran, y así lo reconoció el peruano Ollanta Humala, a convertir la estabilidad interna, que contrasta con la crisis de los vecinos, en motivo suficiente para acelerar las inversiones externas.


Para los banqueros de Wall Street es importante impulsar la Alianza del Pacífico y dar relevancia a Chile, México y Perú. Dado que son el 25% de los firmantes, estos países están llamados a equilibrar tensiones y facilitar los acuerdos que permitan cumplir las esperanzas del presidente Obama porque la TPP esté firmada el próximo año y entre en plena vigencia en 2017. Tal necesidad resulta de inmenso valor para Colombia. Distanciamientos diplomáticos con algunas naciones, que conocedores atribuyen a que el país hubiera cerrado algunas embajadas en el Asia lejana, le negaron a Colombia el acceso al Foro Alianza Pacífico, Apec, instancia no formal de cooperación económica que concentra el 46% de los mercados mundiales; esa determinación también alejó a Colombia del proceso de acuerdos de los doce países más prósperos de la Apec. Por su presencia en la Alianza del Pacífico es posible que, en una segunda etapa del TPP, el país tenga abiertas las puertas para ingresar al que hoy es percibido como el gran proyecto de integración económica y la mayor esperanza de que el mundo dé otro paso hacia la liberalización de las economías.


Ante el práctico estancamiento de las negociaciones en la Ronda de Doha, iniciadas en 2001 para derribar las barreras comerciales entre países, los analistas prevén el fortalecimiento de acuerdos regionales que conduzcan a la consolidación de bloques que negociarán directamente un gran acuerdo comercial mundial. Habiendo fracasado la Comunidad Andina de Naciones, cuya derrota final fue propiciada por los extremistas Hugo Chávez y Rafael Correa, a Colombia le queda la alternativa de trabajar arduamente para consolidar el acuerdo de la Alianza del Pacífico y su apertura a otras organizaciones y mercados mundiales. Después de titubeos y algunos devaneos con otros organismos que poco tienen que ofrecer a nuestra economía, como el Celac, es grato reconocer que el doctor Santos confirma el compromiso con el proceso de acuerdos emprendidos en 2011, señalando que “compartimos una visión, compartimos unos principios, unos valores que rigen al final de cuentas las decisiones cuando uno está en dificultades”.