Columnistas

Los refugiados ambientales
Autor: Carlos Mauricio Jaramillo Galvis
26 de Septiembre de 2015


Había nacido en Siria tres años atrás, pero a su corta edad encontró la muerte camino a la isla de Kos. Su pequeño cuerpo, ataviado con una camisa roja un pantalón azul oscuro, quedó orientado hacia el mar sobre la playa turca de Bodrum.

carlosmauricio.jaramillog@gmail.com


Había nacido en Siria tres años atrás, pero a su corta edad encontró la muerte camino a la isla de Kos.  Su pequeño cuerpo, ataviado con una camisa roja, un pantalón azul oscuro y sus pequeños zapatos, quedó orientado hacia el mar sobre la playa turca de Bodrum.  Qué ironía: Aylan Kurdi perdió su vida en el mar, el mismo, que según los científicos,  dio origen a la vida en la Tierra.


Las migraciones forzosas son el pan de cada día en este mundo avasallado por la tecnología y la innovación, un capitalismo feroz y unas cuantas republiquetas  socialistas en manos de tiranos entronizados en el poder, pero que aman los dólares y sus  cuentas en paraísos fiscales.


En la actualidad, son numerosas las migraciones originadas a partir de conflictos civiles en países como Ruanda, Chechenia, Bosnia, Angola, Siria, Sudán, Colombia, etc., y que han derivado en graves y complejas  emergencias donde la muerte es el común denominador.


Comenzando la década de los años 70, los desplazamientos forzosos se presentaron inicialmente en continentes como África y Asia, producto de la descolonización de muchos países y, en América del Sur y Central, estos aparecieron como consecuencia de la violación continua y generalizadas de los Derechos Humanos.  Posteriormente, o sea, en la década de los años 80 los éxodos masivos de miles y miles de personas tuvo su origen en lo que respecta a las libertades.


Ahora, en pleno siglo XXI la diáspora tiene otra causa más,  como  para complicar  el panorama de la crisis humanitaria: el aumento de los refugiados ambientales. 


El constante crecimiento de la densidad poblacional que anteriormente solo se generaba como producto del incremento de los habitantes, ahora se complementa con el crecimiento de los desiertos, el incremento del nivel del mar debido al  descongelamiento de los casquetes polares que avanza a pasos agigantados y el agotamiento de los acuíferos,  como consecuencia de su sobreexplotación.  El resultado será fatal y los trashumantes serán por centenares  de miles, buscando reasentarse donde puedan encontrar el líquido vital


Los ejemplos son notorios: el desierto del Sub Sahara africano (especialmente los países del Sahelian) viene desplazando millones de personas tanto al norte como al sur del África, lo que incrementa los conflictos por agua y alimentos en estas zonas del planeta.  Por otra parte, el desierto de Túnez crece alarmantemente y se calcula que para el año 2020 (acá a la vuelta) serán 60 millones de seres que migrarán al resto del continente africano como al europeo. En Asia Occidental, más concretamente en Irán, se concentraban cientos de miles de personas en pequeñas poblaciones, las mismas que ha sido abandonadas debido a la expansión de los desiertos y a la ausencia de agua.


En América Latina, el panorama no es menos escabroso ya que en México y Brasil los desiertos apuran su paso.  En el gigante del jogo bonito, 66 millones de hectáreas de tierra ofrecen síntomas inequívocos de notable deterioro  y en el país de los aztecas,  59 millones de hectáreas se encuentran en grave estado de aridez o semiaridez. Con relación a Colombia y de acuerdo a los estudios  del IDEAM, el 4.26% de nuestros suelos (casi cinco millones de hectáreas) presenta graves síntomas de desertificación, especialmente en los departamentos de la Guajira, Norte de Santander, Huila, Tolima, Sucre, Cauca, Nariño y Cesar.


Hoy en día observar cuerpos de decenas de seres humanos tendidos en las diferentes costas de países como España, Turquía, Italia y Grecia es la consecuencia no solo de factores políticos sino también ambientales, porque sus pequeñas  parcelas se encuentran erosionadas y no pueden ser cultivadas para su subsistencia, lo que los obliga a escoger entre morir de hambre en ellas o ahogados en el mar como el pequeño Aylan Kurdi.


Al final, las migraciones, los balseros, los desarraigados, el incremento del nivel del mar y de las sequías, del crecimiento de los desiertos  y la aridez de millones de hectáreas en el mundo entero,  serán clave para determinar si los gobiernos de los países europeos y norteamericanos estarán preparados para soportar la  presión económica y política que se avecina o, en su defecto, estos estarán dispuestos a participar en la restauración, tanto política como económica de estas naciones que una vez  expoliaron y que merecen una mejor suerte.


¿Cuántos cadáveres como los de Aylan Kurdi deberán ser levantados de las playas de los países más desarrollados,  para entender lo que se nos avecina en materia ambiental?