Editorial

Se cierra el círculo
26 de Septiembre de 2015


Cuando la Fifa pudo haber dado la cara al mundo para contar las decisiones del Comité Ejecutivo sobre las reformas que supuestamente viene diseñando para recuperar su credibilidad, los dirigentes optaron por enterrar la cabeza en la arena.

Cuatro meses después de que la justicia de los Estados Unidos, con la colaboración de Suiza, destapara el mayor escándalo de corrupción en el fútbol mundial, el círculo en torno al presidente de la Fifa, Joseph Blatter, parece empezar a cerrarse. Así se desprende de la decisión del Ministerio Público de la Confederación Helvética, que ayer anunció haber abierto un proceso penal en contra del dirigente, por sospechas de gestión desleal y abuso de confianza. Este es el más reciente y sonoro acontecimiento de una cadena de hechos que en las dos últimas semanas han demostrado que el caso denominado “fifagate” avanza sin prisa pero sin pausa.


La reacción de los voceros de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (Fifa) fue ayer la de esconderse. Una rueda de prensa prevista al cierre de una reunión del Comité Ejecutivo en Zúrich, a la cual estaba prevista la comparecencia de Blatter para anunciar, entre otras cosas la agenda del Congreso que elegirá presidente en febrero próximo y  el calendario del cuestionado Mundial de Catar en 2022, fue cancelada, de modo que por primera vez, después de una reunión de esta envergadura, ningún dirigente dio declaraciones a la prensa. ¿A qué le temen? La sabiduría popular dicta que quien nada debe nada teme, pero esta no parece ser la condición de los máximos dirigentes del balompié mundial después de los últimos acontecimientos, especialmente la destitución del secretario general Jérôme Valcke, el pasado 17 de septiembre, por “ciertas alegaciones en su contra”, eufemismo que esconde la acusación de haber montado un esquema para vender entradas de los mundiales por encima del precio oficial. De manera casi simultánea, tres de los siete dirigentes detenidos en mayo, en vísperas del Congreso Mundial de la Fifa en el que se reeligió a Blatter como presidente (y en el que él mismo decidió anunciar su renuncia), ya están a disposición de las autoridades judiciales estadounidenses: el uruguayo Eugenio Figueredo, el venezolano Rafael Esquivel y el trinitense Jack Warner, todos ellos del círculo más próximo a la presidencia, además de Jeffrey Weeb, antiguo responsable de la Concacaf, quien permanece en libertad condicional en territorio norteamericano con 17 cargos sobre sus hombros, entre ellos conspiración de crimen organizado, fraude y lavado de dinero, así como aceptación de sobornos y comisiones por más de 100 millones de dólares desde los años 90.


Ante un panorama tan comprometedor, lo mínimo que la comunidad internacional ha reclamado ha sido la colaboración de la Fifa con las autoridades que investigan los hechos de corrupción. De hecho ayer, en un comunicado posterior al anuncio de la Fiscalía suiza de investigar a Blatter, la Fifa aseguró que está ayudando desde el pasado 27 de mayo, facilitando  la entrega de información documental y la entrevista de funcionarios por parte de la justicia. Sin embargo el propio Ministerio Público indicó ayer que la organización condicionó el acceso a los correos electrónicos de Jérôme Valcke, lo que deja un mal sabor sobre las verdaderas intenciones de la entidad por ayudar a esclarecer el escándalo. De hecho, tampoco es un buen síntoma que la destitución de Valcke se haya dado cuando ya se conocían las “alegaciones” en su contra y no antes, pese a que el ruido sobre su actuar llenaba el entorno de la Fifa desde mucho tiempo atrás, pues no hay que olvidar que ya había sido despedido del cargo de director de marketing en 2006 tras un litigio entre las dos mayores marcas de tarjetas de crédito del mundo.


Pero lo que mayor desazón nos causa es que ayer, cuando la Fifa pudo haber dado la cara al mundo para contar las decisiones del Comité Ejecutivo sobre las reformas que supuestamente viene diseñando para recuperar su credibilidad, los dirigentes optaron por enterrar la cabeza en la arena, alimentando las conjeturas y las especulaciones de la prensa internacional sobre los nombres y los cargos de las personas que están vinculadas al proceso y que, según anunció Loretta Lynch, fiscal general de los Estados Unidos, al intervenir esta semana en la conferencia anual de la Asociación Internacional de Fiscales, también en Zúrich, podrían aumentar, pues es posible que se presenten nuevos cargos contra más individuos y entidades. Cargos que en algún momento podrían salpicar a quienes hoy, enarbolando la bandera de la transparencia y la pulcritud, se postulan como sucesores de Blatter habiendo estado de una u otra forma en su círculo íntimo: Michel Platini como asesor suyo antes de presidir la Uefa; Chung Mong-joon, como vicepresidente de la Fifa, y el príncipe Alí Bin Al Hussein, quien es vicepresidente de Fifa desde hace cuatro años. Un panorama poco alentador para una entidad que construyó su prestigio apoyada en el regocijo que el juego despierta en millones de aficionados en todo el mundo, y que ahora se derrumba ante la mirada decepcionada de quienes reclamamos juego limpio dentro y fuera de las canchas.