Columnistas

La pena moral o dolor de humanidad
Autor: Omaira Martínez Cardona
22 de Septiembre de 2015


Poco se conoce que existen en el mundo más de ocho mil enfermedades consideradas como “raras”, muchas de ellas asociadas a la salud mental y las emociones que nacen del sistema nervioso y se manifiestan de distinta manera en cada persona.

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Aunque nos enseñaron que es imposible desde lo físico que el corazón como órgano duela por sí solo,  que el dolor en el alma no es diagnosticable, que  la tristeza no es una enfermedad, que los hombres no deben llorar y que ya nadie se muere de “pena moral”, poco se conoce que existen en el mundo más de ocho mil enfermedades consideradas como “raras”, muchas de ellas asociadas a la salud mental y las emociones que nacen del sistema  nervioso y se manifiestan de distinta manera en cada persona.


Según los informes de la Organización Mundial de la Salud, en los últimos años la mortalidad en el mundo ha aumentado por causa de enfermedades asociadas a las emociones en todos los grupos de edades de la población, en gran parte porque la humanidad actual está sometida a las cambiantes condiciones de su entorno cada vez más exigentes y depredadoras que llevan a las personas a estados de decepción, angustia y sinsentido frente a su vida y la de los demás.


Todavía muchas personas involuntariamente ignoran, no entienden y no aceptan cómo otras se dejan derrumbar y vencer de estados emocionales. Es en gran parte la insensibilidad y la falta de esa capacidad de sentir compasión frente a las desgracias y  situaciones emocionales de los otros en un egoísmo e individualismo cada vez más intransigente, lo que ha provocado que la llamada “enfermedad de la tristeza” sea actualmente, según las estadísticas, la principal causa mundial de discapacidad en 350 millones de personas, siendo los niños y adolescentes uno de los grupos poblacionales más afectados.


“Es raro que a un niño que no tiene preocupaciones le de depresión” dicen los ignorantes involuntarios que no saben que entre el 1% y 2% de los niños en edad escolar y preescolar sufre de depresión siendo la segunda patología más diagnosticada en psiquiatría infantil  y se calcula que para el año 2020,  será la segunda dolencia más frecuente y la primera causa de ausentismo laboral y escolar en países desarrollados. 


La depresión es mucho más que la variación inconsciente pero constante de estados de ánimo muchas veces erróneamente asociada a cambios hormonales, al nivel de sensibilidad de  cada quien o a dificultades en su entorno, es más que esa sensación de decepción, tristeza y desgano frente a la existencia que inducen a responder  emocionalmente a los problemas de la vida cotidiana; es un problema y una enfermedad grave que puede causar gran sufrimiento, generar trastornos en la salud física, provocar atentar contra la propia vida o la de otros y a la que hay que ponerle más atención y aceptar culturalmente que aunque puede tener carga hereditaria, afecta a cualquier persona y en cualquier condición. 


Según los estudios, aunque hay tratamientos eficaces tanto con medicamentos como con acompañamiento sicológico o espiritual para tratarla, más de la mitad de los afectados en todo el mundo no los reciben, muchos por no aceptar que la padecen, temor a ser estigmatizados como enfermos mentales, por no reconocer su vulnerabilidad, sensibilidad o fragilidad frente a situaciones que afectan sus vidas. 


Cualquiera por más fuerte o equilibrado emocionalmente que se ufane de ser puede padecerla en cualquier momento,  nadie está exento de sentir tristeza y angustia frente a las incertidumbres de su existencia. El dolor de humanidad, la enfermedad de la tristeza y la pena moral sí existen cuando sobrevivir en este mundo depredador, insensible e individualista conlleva a que la existencia se convierten en una carga pesada e insoportable en la que un poco de ayuda, un gesto de solidaridad, una manifestación de afecto o una palabra pueden ayudar a sobrellevarla.