Columnistas

Don segundón
Autor: Carlos M Montoya
12 de Septiembre de 2015


Me excusan todos los amables lectores de esta columna por iniciarla refiriéndome a un tema personal, pero lo hago con la intención de sustentar una posición diferente de lo que está sucediendo en la campaña política.

Me excusan todos los amables lectores de esta columna por iniciarla refiriéndome a un tema personal, pero lo hago con la intención de sustentar una posición diferente de lo que está sucediendo en la campaña política y particularmente en los pocos debates que hemos visto entre los candidatos a la Gobernación de Antioquia y a la Alcaldía de Medellín, pero que sé, es lo mismo que está pasando en muchos otros municipios. En el proceso que enfrenté buscando el aval de mi partido para la Gobernación, redactamos un manual de comportamiento electoral, en el cual estaba claramente definido la forma como se debería comportar tanto el candidato como los miembros de la campaña en cada uno de los escenarios a los que debiéramos asistir.  Entre muchos puntos quiero resaltar algunos: No haríamos ni responderíamos preguntas que implicaran calificaciones a otros candidatos; No aceptaríamos preguntas que no tuvieran respuesta lógica o en la que cualquier respuesta es mala, como por ejemplo las famosas preguntas de la barca que va a naufragar y en la que usted puede salvar un perrito, un anciano o un niño, o aquella de por cuál de los otros candidatos votaría; No responderíamos preguntas de carácter intimo, a menos que estas implicaran atentados a lo legal, a la ética o a la moral y en este caso lo haríamos a través de comunicados de prensa; estos entre muchos otros temas estaban estipulados allí.


Considero que hace falta muchas decisiones de este tipo en este momento entre algunos de los candidatos, que si bien por su experiencia, conocimiento y formación, podrían enfocar el debate a recordar lo que en el pasado han hecho y generar entre los ciudadanos la confianza que en el futuro podrán hacer más, o a resaltar su capacidad de hacer equipo y su ímpetu para lograr hacer cosas nuevas, diferentes, innovadoras y que ayuden a los más necesitados, se han dedicado única y exclusivamente a querer derrotar, pero más que ello a destruir a los otros candidatos o particularmente a quien consideran su contrincante más fuerte. Es lamentable ver y escuchar candidatos que hoy señalan de indignos a quienes en el pasado fueron sus socios. Que señalan de corruptas actuaciones similares a las que ellos mismos hoy practican. Que discriminan sectores políticos con los que se han asociado en el pasado y a los que en el presente buscaron y no encontraron.


Quisiera que los candidatos se trataran de mostrar ellos y no quien hay detrás de ellos, no entiendo el por qué personajes con tales trayectorias en lo público y en lo privado, no son capaces de tratar de triunfar con sus propios méritos, si no con el mérito de quien lo está auspiciando, ¿será que ese es el que va a gobernar? No entiendo la alternativa de querer derrotar difamando, señalando y desacreditando, con la esperanza que esa estrategia elimine a los candidatos para supuestamente llegar al cargo más que por mérito por sustracción de materia.  Me causa lástima que alguien que ya gobernó solo tenga dos herramientas: tejer mantos de duda sobre su  contrincante y sentirse orgulloso de seguir siendo segundón.