Columnistas

La penosa di醩pora del Medio Oriente
Autor: Rafael Bravo
11 de Septiembre de 2015


Las masivas migraciones ponen en jaque al mundo occidental. Hay quienes se atreven a afirmar que son cerca de 60 millones los refugiados y desplazados en la b鷖queda de un sitio seguro en el mundo.

Las masivas migraciones ponen en jaque al mundo occidental. Hay quienes se atreven a afirmar que son cerca de 60 millones los refugiados y desplazados en la búsqueda de un sitio seguro en el mundo por  la creciente pobreza, las guerras fratricidas y la violencia religiosa. Los europeos son los últimos en verse afectados con la llegada de cientos de miles de inmigrantes huyendo de Siria, Libia, Irak y Yemen y varios países de África. El adulto de la sala es Alemania en cabeza de su líder Angela Merkel quien no ha dudado un solo instante en abrir las fronteras a los recién llegados en un número que podría alcanzar el medio millón. A un costo económico y político incalculable la Merkel consolida su liderazgo haciéndole frente a los retos derivados de semejante tarea.


Si bien la mayoría de jefes de estado muestran simpatía y se ven obligados moral y éticamente con los refugiados, unos pocos han agitado banderas contrarias instigando al sentimiento antiinmigrante cerrando fronteras, construyendo muros de alambre y utilizando a la policía para atacar sin misericordia a mujeres y niños. Son la versión trumpiana de Europa. La diáspora siria y libanesa no es nueva. Carlos Slim uno de los hombres más ricos del planeta encuentra sus orígenes en una pequeña población del Líbano. Como él, muchos otros emigraron a América Latina creando riqueza y poder político. De este modo la historia serviría como ejemplo de las bondades que trae la inmigración. 


La respuesta inmediata a la crisis humanitaria es de gran magnitud. Lo que se viene es aúnmás difícil pues requiere del consenso y la participación de los gobiernos y el sector privado vía inversión brindando oportunidades de empleo a ese mar de refugiados. El gobierno alemán se ha comprometido a aportar cerca de 7 mil millones de dólares, vivienda para 150.000l personas y 3.000 policías adicionales para enfrentar la avalancha que de un momento a otro se le vino encima. Suecia a su vez siendo un país con menor número de habitantes, les ha mostrado a los europeos que no se aleja de su tradición de hospedar a extranjeros víctimas de la violencia.  


Se abre paso un sistema de cuotas de obligatorio cumplimiento que ha causado reacciones negativas de unos y la aprobaciónde la mayoría. Se ve allí lo mejor y peor de los europeos. Aunque algunos lo nieguen, existen reservas por la amenaza que según ellos representa la expansión del islamismo en un continente con ‘’valores cristianos universales’’. Ciertamente, no solo en Europa sino en otras latitudes los musulmanes han ganado terreno con consecuencias no siempre positivas. 


La contracara de la moneda son las monarquías del Golfo que con excepción de Kuwait se niegan a abrir las puertas a los sirios. Temen que la llegada de un gran número de árabes políticamente activos puedan de alguna manera ejercer influencia  ‘’en unas sociedades tradicionalmente pasivas’’. Los estados miembros del Consejo de Cooperación del Golfo (Arabia Saudita, Kuwait, Bahréin los Emiratos y Omán) se niegan a suscribir la Convención de Refugiados de la ONU. Las ayudas económicas son significativas pero insuficientes pues en el largo plazo los refugiados necesitan un sitio seguro que les sirva como segunda patria.


Los críticos también señalan la falta de acción de los Estados Unidos a lo cual la administración Obama ha sido contundente en afirmar que el éxodo actual es un asunto europeo, pero que están dispuestos a subir la cuota de refugiados. Es muy injusto además desconocer lo que históricamente ha representado este país como destino de refugiados de todo el mundo. Los casos más recientes son los miles de llegados desde Myanmar (antigua Birmania ) y desde Cuba y Centro América que han encontrado refugio en los últimos años. Pese a la exacerbada xenofobia de ciertos países, la respuesta abrazadora que muestra la televisión europea, hace pensar que todavía hay esperanzas por un mundo mejor para ellos.