Editorial

Verdad y derechos humanos
11 de Septiembre de 2015


Esta es esperanza amenazada por el af醤 de extender perdones y aliviar culpabilidades de responsables por violarlos e impedir la realizaci髇 de la ciudadan韆.

El pasado miércoles, en la celebración del Día nacional de los derechos humanos, instituido en 1995 para honrar la memoria de San Pedro Claver, Diakonia, ONG de las iglesias de Suecia, entregó el Premio nacional de derechos humanos a cinco organizaciones y personas reconocidas por su labor. Para el premio fueron postuladas 52 experiencias de todo el país y premiados Francia Elena Márquez, de Buenos Aires, Cauca, y el Consejo comunitario mayor de la Asociación campesina integral del Atrato, que hace 35 años trabaja en el Medio Atrato, reconocidos por la defensa de poblaciones y territorios bajo amenaza. Con ellos, recibieron el premio la valiente líder antioqueña Fabiola Lalinde, la Asociación departamental de usuarios campesinos de Casanare y el grupo de víctimas, Asociación mujeres caminando por la verdad. A esta ciudadana y las organizaciones las une el empeño superior a toda amenaza por buscar la verdad y demandar la asunción de responsabilidades por crímenes que sus perpetradores intentaron ocultar, justificar o minimizar.


Por su condición de antioqueñas y dado que en EL MUNDO hemos caminado junto a ellas, reconocemos y aplaudimos los premios entregados a nuestras conciudadanas. Con la que llamó Operación cirirí, que le significó grandes costos personales y familiares, Fabiola Lalinde consiguió que el Ejército le entregara los restos de su hijo muerto en una operación militar en Jardín y que el Estado reconociera delitos cometidos por servidores deshonestos, conquistando la paz que da enterrar a los muertos y la legitimidad para los ciudadanos denunciantes de desapariciones forzadas. Junto a ella fueron premiadas las líderes de la Comuna 13 que, acompañadas por misioneras lauritas, han defendido su derecho a que los cuerpos insepultos que están en la zona conocida como La escombrera sean recuperados e identificados gracias a la voluntad de la Alcaldía de Medellín y la Fiscalía General de la Nación, para asumir la tarea. Caminar junto a estas valientes defensoras de la verdad ilumina sobre la transparencia de empeños orientados por el amor a sus desaparecidos y la necesidad de sepultarlos, por el deseo de que otras madres o esposas no sufran lo que ellas vivieron, y por la justa aspiración a que los culpables asuman sus responsabilidades y el compromiso de no repetición. Este premio recoge la admiración colectiva por vidas que dejan legados que se convierten en manto protector para todas las personas en riesgo por los conflictos.


Los convocantes al Premio hacen importante énfasis en la ecuación ciudadanía + derechos humanos = paz. Manifiestan así que el ejercicio de la ciudadanía activa y activista es garantía para el reconocimiento, consolidación y futuro de culturas políticas sustentadas en los derechos humanos; postura que exige entender su universalidad y su carácter de irrenunciables. Por eso al proclamar que trabajan “para poder llegar a la paz sostenible” definen que esta es posible cuando se conquista “la plena vigencia de los derechos humanos”. Es esta una manera más de advertir sobre las amenazas a esa búsqueda, por el afán de extender perdones y aliviar culpabilidades de responsables por violarlos o impedir la realización de la ciudadanía. Al conceder la mayor parte de sus premios de esta última versión, y varios de los premios en las tres entregas previas, a quienes luchan por la verdad, el organismo agrega un tercer factor, que sumado a la ciudadanía y los derechos humanos es sustento y base de la paz. El premio, por supuesto, también representa el reclamo porque no se necesitan nuevas historias de sacrificio, miedo y valentía para que los colombianos, y los directos afectados, conozcan la verdad, para evitar nuevos hechos victimizantes, y para que los culpables asuman su responsabilidad.


Reconocer el premio y las meritorias organizaciones que lo han recibido no nos impone, sin embargo, lamentar que en el empeño por lo políticamente correcto que se impone en organizaciones temerosas de nombrar los hechos, se omitiera mencionar a los responsables de las violaciones que afectaron a quienes fueron premiados, así como que se hubieran omitido reconocer, o al menos aludir, a organizaciones nominadas en reconocimiento por su valiente lucha para defender a la población de las amenazas de organizaciones como las Farc y el Eln, como la Red de Consejos Comunitarios del Pacífico Sur -Recompas- que funda su acción en la prevención del reclutamiento forzado contra infantes y adolescentes.