Columnistas

Migración y Democracia
Autor: David Roll
10 de Septiembre de 2015


La principal teoría que explica las migraciones es la del “Push and Pull”, o sea la que señala cómo los migrantes son expulsados de sus países por algún motivo y atraídos a otro por una circunstancia específica, casi siempre de naturaleza económica.

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La principal teoría que explica las migraciones es la del “Push and Pull”, o sea la que señala cómo los migrantes son expulsados de sus países por algún motivo y atraídos a otro por una circunstancia específica, casi siempre de naturaleza económica. Pero también la estabilidad política y el nivel de la democracia cuentan como factores para hacer atractivo un país como destino de acogida. 


Venezuela dejó de ser un país de atracción hace mucho tiempo en términos migratorios, porque económicamente no está bien, pero además porque ha habido una progresiva despoliarquización, que es como llaman los expertos al proceso de desdemocratización y fortalecimiento de las prácticas autoritarias desde el Estado. Eso es un hecho, ideologías aparte. 


Por ello es muy posible que con motivo de los recientes acontecimientos en la frontera, cuya valoración es obvia y nos ahorramos los epítetos, pueda llegar a darse un verdadero masivo retorno de los colombianos. 


Luego de diez años entrevistando colombianos en más de 24 países del mundo, en el Programa de Migraciones Colombiandando el Mundo, he llegado a algunas conclusiones  contundentes, varias de las cuales en este caso pueden ser de utilidad para reforzar esta idea de que el retorno de ese país sólo está comenzando.  


La primera es que casi todo colombiano quiere retornar, la segunda es que el factor económico es determinante para soportar o no esa sensación de querer volver, y la tercera es que lo más difícil del retorno es hacerlo sin una buena excusa. 


Así pues las condiciones están dadas: deterioro económico y político del país de acogida, y xenofobia estatal y peligro de expulsión ilegal. Añadido a esto los emigrantes han visto que sus familiares y allegados en la patria que dejaron han mejorado su situación económica y nivel social en muchos casos, y que la democracia colombiana aunque con dificultades se mantiene equilibrada y se relegitimará mucho más luego de un acuerdo de paz. 


Es un “Push and Pull” al revés, al que hay que sumar la expectativa de ayudas oficiales y el alivio sicológico  del retorno por razones familiares y culturales. Pero sobre todo volver ya no será un acto de derrota para los retornados, como ellos lo perciben en general, sino una decisión justificada y rodeada de cierto matiz nacionalista. 


Es decir, la emergencia humanitaria es real, pero detrás de ella vendrá un fuerte retorno inevitable que antes se había demorado en darse dadas la circunstancias. Quienes vengan, sean o no víctimas reales de la persecución estatal del vecino país, contarán con una aureola heroica mezclada con un reconocimiento oficial de víctimas (como sucedió tras el terremoto del eje cafetero, que suscitó un desplazamiento hacia la región para beneficiarse de las ayudas) y eso les permitirá que ese proceso tan doloroso, de volver y sin recursos, les desanime menos que antes para tomar la decisión. 


Y están en todo su derecho de retornar. Hubiera sido más fácil sin embargo que ese retorno inevitable en muchos casos (la gran mayoría no volverá porque sus lazos allá son muy fuertes) se hubiera dado escalonado para que el país los fuera incorporando a la vida laboral paulatinamente. Pero no sucederá así y Colombia debe estar preparada para ello. 


Puede ser este sin embargo un caso típico de crisis susceptible de convertirse en oportunidad por varios motivos. El más importante de todos es que los emigrantes en general han pasado por una especie de selección natural por las dificultades del proceso de irse y adaptarse, y por ello están más en capacidad de ser ciudadanos productivos que el promedio de la población. 


Eso le sirve a Colombia en estos momentos de reconversión industrial ante la caída de precios de los comodities principales (petróleo, carbón, oro y ferroníquel), que son según los expertos más del sesenta por ciento de nuestras exportaciones. Mejor  aún será así si traen experticia específica que pueda ser aplicable para hacer que sea real el famoso codesarrollo (teoría según la cual el emigrante no es un problema sino que genera desarrollo en ambos países, el de acogida y el de salida).


 Esto requerirá una adecuación institucional de nuestra democracia, pues nuestro Estado y sus instituciones, por lo menos en términos sociológicos, no conoce a sus emigrados (es otra gran conclusión del mencionado estudio), aunque en general los consulados funcionan muy bien. 


Como otros países que antes eran de expulsión y se vuelven de atracción (la propia España), deberá hacer mejores esfuerzos por saber cómo son esos colombianos en el  mundo  y prepararse para que su regreso sea una fuente de riqueza a mediano plazo  y no solo un factor problemático inmediato. 


Quizá sea la oportunidad para crear un Viceministerio del Retorno que canalice todo este proceso, así como el regreso de colombianos de España y Estados Unidos  que ya viene dándose hace rato por la crisis económica mundial y el relativo mejoramiento de las finanzas colombianas. 


Siendo Colombia una democracia, debe acoger a sus retornados lo mejor que pueda, pero esta recuperación del llamado bono demográfico (en realidad toda emigración masiva es una pérdida para un país y una ganancia para el de acogida) debe estar acompañado por una política de Estado diseñada para el futuro. 


*Profesor titular Universidad Nacional