Columnistas

Escoja su postconflicto
Autor: José Alvear Sanin
9 de Septiembre de 2015


La admisión por parte del doctor Santos de que ha avanzado (¿entregado?) más en tres semanas que en todo el año anterior indica la inminente firma de su convenio con las Farc, incluyendo refrendación exprés y espuria por una Constituyente.

La admisión por parte del doctor Santos de que ha avanzado (¿entregado?) más en tres semanas que en todo el año anterior indica la inminente firma de su convenio con las Farc, incluyendo refrendación exprés y espuria por una Constituyente, cualquiera sea el nombre que esta reciba. 


Desde luego, todo se hará dentro de las condiciones impuestas por la guerrilla a un gobierno cómplice, comprometido con un designio de dominación continental que llevará al desplazamiento de Colombia hacia la órbita del eje Pekín-Moscú- Foro de Sao Paulo. No olvidemos que el establecimiento de la República Bolivariana de Colombia es el destino determinado para nosotros. 


Sin embargo, alcanzar el estado de descomposición económica y social de Venezuela no se logra con la mera suscripción del pacto entre Santos y Timochenko. A partir de ella se entrará de lleno en la fase pre-revolucionaria, cuya siniestra llamarada se irá haciendo más fulgurante a medida que esa Constituyente vaya aprobando barbaridades, con el sombrío telón de fondo de la negociación subsiguiente, aun más radical, con el Eln, para la entrega de los restos. 


Esta primera fase (verdadera apertura de la caja de Pandora), se extenderá desde finales de 2015 hasta las elecciones presidenciales de 2018. 


Tendremos que llamarla “postconflicto” y estará caracterizada por: 


1. Creciente populismo, a medida que las instituciones vayan siendo aun más cooptadas por la coalición entre el “progresismo” crédulo y collaborateur y la constelación de los distintos matices comunistas. 


2. Demagogia incontenible


3. Para el cumplimiento de las promesas de costo astronómico hechas a las Farc habrá que recurrir a creciente endeudamiento.


4. La crisis económica, estimulada por el gasto desmesurado, iniciará un fenómeno inflacionario inercial.


5. Encogimiento y acuartelamiento de las Fuerzas Armadas, mientras se tolera el surgimiento de milicias urbanas nutridas con los desmovilizados de la subversión.


6. Incremento del narcotráfico. Florecimiento de los cultivos, al desaparecer la aspersión aérea. 


7. Incesantes reivindicaciones sociales, huelgas, paros, marchas. 


8. Dominio de amplia parte del territorio (56 zonas de reserva campesina ya aceptadas) por parte de las Farc, con invasiones, despojo de propietarios, reducción de la producción agrícola y estrangulamiento de la libre circulación.  


9. Con la “cátedra de la paz” se inicia la inculturación gramsciana en la nueva historia.


10 La “comisión de la verdad” estigmatiza a millares de colombianos inocentes como responsables de la confrontación. 


11. Aumento de la delincuencia común en las ciudades.


12. Estancamiento económico. Mayor desempleo. Fuga de capitales. 


Pero antes de que nos llegue la prometida “paz” podemos contemplar varios escenarios posibles de menor a peor intensidad:


a) Tipo Brasil o Chile. Lenta erosión del estado de derecho, propiciada por aparentes izquierdas democráticas. Alarmante corrupción. Los partidos gobernantes no se inmutan ante el creciente rechazo de la opinión pública...


b) Tipo Bolivia o Ecuador. Demagogia. Reelección perpetua. Restricción de la libertad de expresión.  Mejoría de la infraestructura para disimular tensiones sociales. 


c) Nicaragua: Cleptocracia. Nepotismo. Vulgaridad. Reelección. Total supeditamiento neo-colonial a China. Desastre ecológico.


d) Tipo El Salvador: Sobre una economía arruinada por una devastadora guerra terrorista que ocasionó la emigración de 1/3 de la población, los nuevos gobernantes farabundistas son impotentes frente a una delincuencia urbana imparable (maras).


En medio de alguno de esos poco deseables escenarios se realizarán las elecciones de 2018. Si la coalición izquierdista gana, el país se precipitará en la fase propiamente revolucionaria. Pero si triunfa un candidato democrático, encontrará un país deshecho. Corregir la deriva revolucionaria sería tarea bien difícil para un gobierno aislado y demonizado en el exterior.


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Antes de las elecciones del próximo octubre, el dilema para los medios de comunicación en Colombia se encuentra entre aceptar la mermelada o ceder frente a la amenaza de visitas mal intencionadas de la Dian.