Columnistas

¿Cuando hablamos de calidad de la educación a qué nos referimos?
Autor: Carlos Arturo Soto Lombana
9 de Septiembre de 2015


Una forma simple de hablar de calidad de la educación es referirse a como una nación, un ente territorial o una institución pública o privada se ve en relación con un indicador.

e-mail: carlos.soto@udea.edu.co


Una forma simple de hablar de calidad de la educación es referirse a como una nación, un ente territorial o una institución pública o privada se ve en relación con un indicador. Para esto las pruebas censales construidas por los gobiernos o las pruebas internacionales consensuadas por organismos multilaterales, serían suficientes referentes para decir sobre la calidad de la educación de las nacionales, las instituciones y/o las personas. La pretensión de un sistema de calidad centrado en la anterior premisa, la medida con respecto a un instrumento, tiene como hipótesis que los sistemas sociales, culturales y educativos son equivalentes y que buscan los mismos fines. Por supuesto que se trata de una hipótesis sin fundamento.


La Ocde (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) define una educación de calidad como aquella que: “asegura a todos los jóvenes la adquisición de los conocimientos, capacidades, destrezas y actitudes necesarias para equiparles para la vida adulta”. Si todos los miembros de una comunidad parten de una línea de base común: entornos culturales similares, acceso a las mismas oportunidades, condiciones socio-económicas equivalentes, se podría decir que lo que mide el instrumento de calidad (ejemplo, prueba Pisa) da cuenta de que tan cerca o que tan lejos se encuentran los sujetos con respecto al parámetro de calidad definido. Cuando no es posible tener una línea de base igual o equivalente, el instrumento de medida pierde su potencia para comparar. Este es el problema de las pruebas internacionales e incluso las pruebas que tenemos en Colombia.


Es presumible pensar que los países miembros de la Ocde tienen similitudes en sus economías, sistemas culturales y educativos y han logrado un grado de bienestar de sus ciudadanos que los hacen equiparables entre sí. En este contexto la medida a través de un instrumento como Pisa tiene sentido. En los últimos años Colombia ha tenido la pretensión de ingresar a la Ocde, para lo cual está en un proceso de ajuste de la economía, el sistema de educación, el sistema productivo, entre otros; en qué momento Colombia alcanzará la línea base de los miembros de la Ocde es algo incierto. Es posible que Colombia logre ingresar a este “club de naciones con buenas prácticas”, no obstante, el tiempo que demandará tener la misma línea de partida de estas naciones tardará muchas décadas.


Hace un par de meses, el actual director de Planeación Nacional, Dr. Simón Gaviria, ante un auditorio de universitarios, manifestaba su desconcierto al constatar la trampa que entrañan las cifras producto de los promedios; ponía como ejemplo el caso del departamento de Antioquia. Mientras la ciudad de Medellín y el área Metropolitana tienen indicadores similares de las grandes ciudades de América Latina, en cuanto a economía, tasas de educación, sistema productivo y otros indicadores, los demás municipios de Antioquia tienen un atraso de más de cincuenta años con respecto al centro del departamento.


Este desfase producto de un departamento centralizado e inequitativo, no permite la utilización del mismo instrumento para medir la calidad de la educación en todo su territorio. Antioquia en el año 2013 ubicó a 14 colegios oficiales dentro de los 100 primeros colegios en pruebas Saber 11 de Colombia; este dato ubicaría al departamento en la cabeza de los entes territoriales de Colombia en cuanto a calidad de la educación; no obstante, al hacer el consolidado total de las instituciones públicas de todo el territorio colombiano, el departamento de Antioquia se ubica por debajo de la media nacional con relación a calidad educativa.


Se podría decir que Antioquia le va bien, en las instituciones oficiales de mejor desempeño, comparando los municipios que tiene en el valle de Aburrá, Oriente, Suroeste y Norte con los municipios de Colombia. En términos generales los desempeños de las instituciones oficiales que pertenecen a estas subregiones están por arriba de la media del Departamento y tienen como común denominador su cercanía con el área metropolitana y de manera especial con Medellín, la capital del Departamento.


Los municipios que tienen instituciones oficiales con menores desempeños en las pruebas censales están en las subregiones de Occidente, Bajo Cauca, Magdalena Medio, Nordeste y Urabá. Es crítica la situación de todas estas subregiones que ubican sus instituciones lejos de la media de Antioquia y de Colombia. Al sumar y dividir, el promedio en la medida departamental en Saber 11 no deja bien a Antioquia en cuanto a calidad de la educación. Es decir, Antioquia no es la más educada. 


Es tiempo para que pensemos el tema de la calidad de la educación con una mirada distinta a la proporcionada con la lectura que nos ofrecen las pruebas censales nacionales e internacionales. La Ley General de Educación (115 de 1994) en el artículo 5, que describe los fines de la educación en Colombia, es una excelente fuente de inspiración para comprender lo que Colombia debe entender por calidad de la educación. El norte está señalado.