Columnistas

Interbolsa, Jaramillo y la ética
Autor: Hernán Mira
6 de Septiembre de 2015


“El más favorecido, el que vive mejor, tiene más obligaciones éticas” Victoria Camps.

mira@une.net.co


“El más favorecido, el que vive mejor, tiene más obligaciones éticas” Victoria Camps.


Acaba de ser condenado a siete años de prisión domiciliaria, Rodrigo Jaramillo Correa, quien fuera el flamante presidente de Interbolsa, la tristemente célebre firma comisionista que terminó estafando en miles de millones de pesos a multitud de ahorradores. La pena que es pequeña en comparación con otras que se han impuesto por delitos de menor cuantía, penas similares y hasta mayores, ha decepcionado a los afectados, pero aparte de esto es bueno analizar los aspectos éticos, principios y valores que se archivaron y pisotearon en todas las formas, en función y beneficio del lucro, la ambición y la codicia, en lo personal, familiar y de grupo.


En el libro Ética para vivir mejor, el connotado filosofo y autor de varios libros sobre ética, Peter Singer, cuenta la historia Ivan Boesky, comisionista de bolsa en Nueva York, que consiguió mucho dinero y fama en los años ochenta. Al investigarlo se encontró que su fortuna la había conseguido con sobornos para obtener ilegalmente información privilegiada. Pregunta Singer si el actuar así para enriquecerse es obrar inteligentemente, dónde está la inteligencia -la viveza diríamos aquí, donde es tan elogiada-. Singer concluye que Boesky  eligió entre dos modos de vida radicalmente distintos, es esa la “elección radical”. Cuando la ética y el propio interés se enfrentan, se afronta esa elección radical. “Considero la ética y el propio interés como dos enfoques antagónicos, porque son los contendientes más fuertes” dice Singer. Queda claro entonces que Jaramillo optó radicalmente por su propio interés en contra de la ética.


Fue muy evidente ese actuar del entonces presidente de Interbolsa, en beneficio propio de la codicia y ambición desmedida. En El Espectador, Alberto Donadio, dice que en el último año de operación, Interbolsa le pagó a su presidente Rodrigo Jaramillo una remuneración mensual de $199’467.000. Muy a pesar de que en el mismo año, 2012, Interbolsa fue aumentando el riesgo de iliquidez  por las acciones de Fabricato, estar perdiendo un millón de dólares mensuales en Brasil y 500.000 dólares mensuales en la oficina de Estados Unidos. Era un barril sin fondo, pero Jaramillo de ese “sin fondo” sacó para su escandaloso sueldo. Así actuaba por su desmedido interés, completamente en contra de lo ético.


Para cerrar la danza de los millones a su favor, cuando ya Interbolsa estaba reventada y tres días antes de ser intervenida, dice Donadio, Jaramillo sacó tiempo para venderse a sí mismo un carro BMW de Interbolsa por casi $41 millones y que se había adquirido por $117.420.000. Se quedó con el BMW y nunca pagó el valor del vehículo. Todo esto contra la afirmación de un distinguido empresario antioqueño: “Rodrigo es químicamente bueno. Estoy seguro de que no tomó un peso en su provecho”. Varios creían lo mismo o lo calificaban de “monja” incapaz de defraudar la confianza, pero Jaramillo en esa “elección radical” escogió su interés y borró la ética mínima para su personal y desmedida ambición y beneficio. Una lamentable y gran mancha que otra vez le cayó a un grupo de la dirigencia antioqueña.