Nacional

On the border, efforts against criminal bands are insufficient
En frontera, esfuerzos contra bacrim son insuficientes
6 de Septiembre de 2015


Si bien las razones para el cierre de la frontera se atribuyen a móviles políticos por parte de Maduro para influenciar las próximas elecciones de su país, también es cierto que las bacrim son un problema que urge ser afrontado por ambos gobierno.


Foto: EFE 

El Ejército venezolano inspecciona un vehículo en las inmediaciones de la Aduana Principal fronteriza entre Colombia y Venezuela.

Redacción EL MUNDO y  EFE


La frontera colombo-venezolana tiene problemáticas de seguridad diferentes en cada una de las regiones que la conforman”, según un informe del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (Cerac).  Y precisamente la región de Norte de Santander, Estado de Táchira, donde estalló el actual conflicto, tiene una de las situaciones de inseguridad más graves en comparación con el resto de regiones de la frontera y del país.


Uno de los aspectos sobre los que hizo énfasis la canciller de Venezuela, Delcy Rodríguez,  en la pasada reunión que sostuvo con su homóloga María Ángela Holguín fue la solicitud de un listado de paramilitares desmovilizados al Gobierno colombiano, pues el país vecino insiste en que los problemas de seguridad en la frontera pasan por la “negligencia de las autoridades colombianas” frente a estos grupos armados, que según el presidente Nicolás Maduro,  están financiados por políticos de la derecha colombiana. 


Esto ha sido desmentido por la canciller Holguín, quien ha dicho que se trata de bandas criminales y reveló hace unos días que el Gobierno venezolano “había cancelado o aplazado quince reuniones para tratar este tema desde que en agosto de 2014 los presidentes de ambos países se reunieron en Cartagena”. “Nosotros hemos estado permanentemente pendientes de las reuniones, nuestras Fuerzas Militares han estado pendientes y el Gobierno venezolano las ha aplazado”.


Para Jorge Restrepo, profesor de Economía de la Universidad Javeriana y director del Cerac, las bandas criminales sí tienen una naturaleza paramilitar pero no es la razón real por la cual el Gobierno venezolano decidió cerrar la frontera, aunque como él mismo reconoce, sin lugar a dudas el tramo de frontera que actualmente permanece cerrado tiene un problema muy serio que se explica en el paramilitarismo, el narcotráfico y el contrabando. 


“Esos grupos todavía ejercen la violencia política a través de amenazas, asesinatos colectivos y tratar de influir en las comunicaciones locales, yo no podría decir si lo hacen al otro lado de la frontera pero de este lado sí lo hacen”.  También, la Fundación Nuevo Arco Iris lo comprobó con una de sus investigaciones publicada con el nombre de La frontera caliente, donde expone que del lado colombiano, en el Cesar, las élites políticas mantuvieron relaciones estables con el paramilitarismo y lo mismo sucede en otros tramos de la zona limítrofe con Venezuela. 


Pocos hablan de un problema que desborda la realidad


Restrepo sostiene que tanto los grupos posdesmovilización paramilitares -Gpdp- como las guerrillas colombianas en ambos lados de la frontera buscan controlar rentas ilegales asociadas al narcotráfico, el contrabando de gasolina y alimentos, la reventa de productos básicos en Venezuela, el microtráfico y las extorsiones a comerciantes.  “Yo creo que no es que las autoridades colombianas sean negligentes pero sí que su labor es insuficiente frente  a la dimensión del problema”, anota.


Particularmente, quienes operan en la frontera ahora como bandas criminales son grupos armados que desde hace muchos años controlan todas las actividades comerciales de la zona, y que dictan su propio orden tributario en el territorio. “Si tienes mucho, pagas mucho; si tienes poco, pagas poco. Nosotros pagamos 50 bolívares semanales. Ahora, los que tienen bodegas o ventas de hielo, cervezas o cualquier negocio pagan más que los demás (100 o 500 bolívares semanales)”, cuenta una vecina del poblado venezolano de San Antonio para referirse a ‘la vacuna’, el impuesto sagrado que entregan los habitantes de todos los poblados al borde del eje fronterizo y del cual temen hablar.


Con La frontera caliente, la Fundación Nuevo Arco Iris demuestra que la situación con los grupos armados se les salió de las manos a las autoridades de ambos países. “Las ‘águilas negras’ nacieron originalmente en Táchira y Zulia”. Este fue otro de los hallazgos del estudio, el cual también evidenció que no sólo se trató de grupos armados ilegales y estructuras criminales que pasaron de Colombia a Venezuela sino que también hubo grupos de Venezuela que salieron para Colombia a expandirse, como los rastrojos, el ejército del loco barrera y las águilas negras.


Entre 2010 y 2015, el Cerac registró 86 acciones unilaterales del clan úsuga, los rastrojos y las águilas negras únicamente en el área metropolitana de Cúcuta (AMC) (El Zulia, Los Patios, Puerto Santander, San Cayetano, Villa del Rosario y esta capital). “Estas acciones representan el 76% de todas las acciones por parte de Gpdp reportadas en la frontera durante este período. El clan úsuga ha sido el grupo con mayor iniciativa violenta en la zona (48 acciones), seguido de los rastrojos (36) y las águilas negras (2)”, dice el informe del Cerac.


Por su parte, en La frontera caliente se habla de que la consolidación violenta de estas estructuras criminales a ambos lados de la frontera estuvo acompañada de procesos de parapolítica, ascenso de élites políticas locales asociadas a la criminalidad y reconfiguración de la disputa territorial con grupos guerrilleros. “Dicho de una manera enfática, se está manifestando en la zona el creciente ascenso de un Estado virtualmente mafioso, donde no se puede distinguir las acciones del crimen organizado de algunas instituciones estatales”, sostiene la publicación.


En la frontera difícilmente se habla de los paramilitares en grupo. Si hay más de dos personas, nadie toma la iniciativa de referirse a ellos; no los cuestionan, son el secreto a voces, porque para los vecinos el niño que corre, el vecino o el motorizado que pasa, son los ojos y los oídos de los paramilitares, explican los expertos.



Medidas recientes

Los acuerdos de cooperación a los que habían llegado el primer Gobierno de Santos y el de Chávez ayudaron a lograr capturas importantes de líderes de bandas criminales. Igualmente en el último año se mantenían diálogos entre las autoridades para avanzar en los temas de seguridad. En 2014 se acordó implementar el Plan de choque contra el contrabando, el cual no logró obtener los resultados esperados en materia de seguridad, a pesar de que las cifras mostraban un aumento en las incautaciones de bienes ilegales. Desde que se decretó el estado de excepción en Venezuela, el 21 de agosto, 35 personas han sido capturadas, de acuerdo con información confirmada por el general Efraín Velázquez Lugo, responsable máximo militar del territorio fronterizo venezolano.