Columnistas

La frontera colombo-venezolana
Autor: Bernardo Trujillo Calle
5 de Septiembre de 2015


Nuestra frontera nor-oriental es la m醩 extensa -2.219 km- y no ha dejado de ser vidriosa, porosa y conflictiva. Por eso se ha prestado desde tiempos inmemoriales para escaramuzas que tanto ayer, como hoy.

Nuestra frontera nor-oriental es la más extensa -2.219 km- y no ha dejado de ser vidriosa, porosa y conflictiva.  Por eso se ha prestado desde tiempos inmemoriales para escaramuzas que tanto ayer, como hoy, son frecuentes. Largos períodos de apaciguamiento de pronto se ven interrumpidos por hechos provocados de ambos lados, cosa natural teniendo en cuenta que gente belicosa hay en todas partes, además de puntillosas. No podemos sorprendernos entonces que ahora el señor Nicolás Maduro Moros, caraqueño de 53 años sin mayor escolaridad, un tanto vanidoso, corpachón y por largo tiempo el valido principal del fallecido expresidente Hugo Chávez Frías, actúe como vecino intemperante denunciando a cada momento su muerte inminente a manos de criminales colombianos que andan por allí acechándolo. Sufre el presidente Maduro Moros de cierto delirio de persecución detrás del cual se ampara para cometer los despropósitos que el presidente Juan Manuel Santos ha denunciado con pruebas irrefutables.


Por trochas y descampados, miles de colombianos residentes en Venezuela, algunos desde hace 30, 40 años, han tenido que huir de la persecución de la Guardia Nacional venezolana, dejando sus pertenencias abandonadas y en repetidas ocasiones viendo cómo sus casas son destruidas e incendiadas sin que autoridad ninguna se haga presente para impedir los abusos de los intolerantes y desadaptados. Es una situación difícil para nuestro gobierno que, como responsable de un país de larga y nunca interrumpida tradición civilista, antes que a las vías de hecho, justificadas por demás en esta ocasión, siempre prefiere los conductos diplomáticos para resolver los incidentes fronterizos. Esto lo distingue y distancia del primitivismo emocional de un Nicolás Maduro que, en vísperas de unas elecciones que no las tiene consigo, se apresura a curarse en salud, pretextando imaginarios atentados contra su vida, tal vez con el único propósito –eso está por verse- de justificar un autogolpe, una típica marrulla electoral, que le permita aplazar la que parece ser una inminente debacle electoral.


Por estos días, sin embargo, la hasta hace poco activísima oposición venezolana, parece haber entrado a un invernadero político. No se escuchan ya los encendidos discursos de Capriles, de la señora Machado y demás contradictores que a diario tomaban los micrófonos de las cadenas radiales para ventilar sus denuncias sobre los abusos de poder ejercidos por el titular Nicolás Maduro Moros. Han bajado la guardia y el prolongado silencio suyo da la impresión de haber tirado la toalla precisamente cuando la situación de Maduro se ha complicado por su desacertado gobierno.


Nadie ignora que el alto cargo se lo debe el titular de hoy al fallecido coronel y expresidente Hugo Chávez Frías quien en repetidas ocasiones, cuando su muerte era inminente, declaraba de viva voz por las cadenas radiales que el sucesor suyo debía ser Nicolás (así lo decía) a quien adoptó, protegió y logró llevar a la presidencia como pago a su lealtad casi enfermiza de tiempo atrás. Su contendor Enrique Capriles, de pronto se apagó, no obstante haber competido con muy buenos resultados en las últimas elecciones presidenciales que perdió por escasos 300 mil votos.


No sabemos cuánto durará esta tensa situación con el ínspido vecino, y menos cómo terminará, si en manos de la diplomacia o en algún rifirrafe fronterizo. Santos habló claro y duro y ese debe ser el tono para espantar el fantasma de una –ojalá que no- seria confrontación.  La letra del himno venezolano: “Gloria al bravo pueblo…” no es como para levantarle sus ánimos belicosos, que los tiene. De todas maneras hay que estar atentos a las trochas para ayudar a los nuestros a cruzarlas sin dificultad, si persiste la deportación.  Maduro es impredecible, se siente inseguro para las próximas elecciones y cualquier cosa puede pasar. El poderoso armamento que Chávez compró a Rusia y China, es una tentación al menos para refunfuñar. Aún está fresca la memoria del arrebato de Chávez cuando movilizó a la frontera sus recién comprados tanques de guerra a Rusia.


La fanfarronada del procurador Ordóñez de pedir lo imposible, esto es, la captura de Maduro, no hace gracia, ni arregla nada ¡Mejor callar, procurador!