Palabra y obra

Sample book, a note book about J.A.S.L.
Muestrario, libreta de apuntes sobre J.A.S.L
4 de Septiembre de 2015

Esta es la historia de un dibujante.


Podría llamársele artista, pero él prefiere que no se le llame así. Es más, en los aeropuertos, cuando debe llenar algún formato o hablar de su ocupación, dice que es un profesor, el profesor J.A.S.L., iniciales de José Antonio Suárez Londoño, las cuales usa para firmar todo, hasta los afiches de sus muestras de arte, que serían lo más cercano a un autógrafo, porque prefiere vivir en la tranquilidad del anonimato.


Su primer contacto con el arte fue gracias a un libro, tomado de la biblioteca de su madre, quien había estudiado Arte y Decorado; se trataba de una especie de enciclopedia con gran parte de la historia del arte, que llegó a sus manos cuando ni siquiera sabía leer, y se convirtió en un objeto interesante, el cual, a través de estampillas pequeñas color sepia oscuro,  lo invitaba a viajar desde las cavernas hasta las obras pop de Andy Warhol, así no supiera qué era lo uno y quién el otro, un simple momento de contemplación, y, desde entonces, un arma contra el aburrimiento. 


Ese pudo haber sido su primer Muestrario, como se llama la exposición, curada por Yara Sonseca, con la que por estos días recibe un homenaje en el Museo de Arte de Medellín,  a propósito de la apertura de su nuevo edificio. 


Sin embargo, esa idea de Muestrario tiene más que ver con su constante obsesión, una disciplina que lo ha cautivado a tal punto que pasa horas completas con ella: el dibujo. 


Y es que para este creador, nacido en Medellín en 1955, el entretenerse con una obra se acaba cuando se aburre, cuando siente que ya estuvo bueno de darle color, forma, vida, y entonces llega el momento para una nueva creación.


Muestrario de universos 


J.A.S.L. quisiera que una exposición suya pareciera una exposición colectiva. Lo que más miedo le produce es tener un estilo, le parece lo más aburridor, lo más monótono. 


Dice tener un termómetro, que cada día ajusta según lo que quiera hacer, hoy puede ponerlo cerca de Da Vinci, mañana quizás más cerca de Pollock, no se sabe, pero seguramente estará muy lejos de donde estuvo ayer. Si alguien le dice que cada que ve algo suyo lo reconoce, que sabe que es un Suárez, entonces piensa que lo está haciendo mal.


A diferencia de lo que piensen otros maestros de arte, ya que ha conocido casos de algunos que intentan infundir fobia al oficio, que quieren que los jóvenes se dediquen menos a dibujar y de una vez los mandan al video o a la instalación; él cree que se debe primero dibujar, no le importa si otros ya hicieron un árbol, sabe que el suyo será diferente.


Figuras geométricas, cuerpos, rostros, vestidos, naturaleza, planas de figuras, puntos, esculturas y situaciones cotidianas son algunos de los cientos de formas que se ven en sus obras. Aunque odiaba las Matemáticas en la escuela, el dibujante también disfruta hacer perspectivas, que dice son erradas, y aunque no era un buen estudiante su obra da clase de disciplina, de práctica.


Sus modelos para dibujo salen de lo que ve, de lo que escucha y de lo que se imagina, lo que hay dentro y fuera de su cabeza. Dice que un disco se raya si se pone la misma canción. 


Es un experto en diccionarios Larousse, casi coleccionista, descubrió que desde los años 40 se dañaron, que ya no son tan bien ilustrados como los que él tuvo en su infancia, los cuales tenían grabados bonitos.


Ah, y los libros de cuentos también le gustan, prefiere libros con imágenes a sólo texto, acepta que no es un buen lector.


Pero hasta ahí sus sueños y sus recuerdos sensibles. A  veces se pone serio  y no amplía más los temas, por ejemplo, todavía no sabe cuándo será pintor y si lo hará bien o no, sólo puede adelantar que empezará pintando paisajes en el Oriente de Antioquia.


Las libretas 


Sus soportes tampoco son convencionales. J.A.S.L. todo lo hace en libretas y en papeles sueltos. Sí, en libretas normales, como las que la gente usa para apuntar teléfonos, o en las que los estudiantes toman notas. Él dice no necesitar papeles caros.


Todo comenzó como apuntes de lectura, que se convirtieron en dibujos de todo, y hoy llenan espacios de su casa, pues dice que así la exposición Muestrario reúna dibujos, grabados, sellos, cuadernos de viaje y libretas anuales; un total de más de mil obras suyas, no se ha visto nada de lo que puede tener.


Escucha radio todo el día y, directa o indirectamente, refleja en esos papeles en pequeño formato la realidad. No quiere que el blanco del papel se tiña del amarillo escándalo o del rojo violencia, porque siente que si hay violencia todo el tiempo no ve sentido poner a un señor matando a un niño, quiere darle vueltas y hacer otra cosa. 


En su caso, el dibujo en miniatura o pequeña dimensión es algo fisiológico, ha intentado hacer cosas grandes, pero no puede. No le interesa. No le gusta. No es capaz de manejarlo. Puede que no tenga visión periférica. 


Un millón de libretas, igual número de lápices y pinceles hacen parte del inventario de J.A.S.L., quien cree que nunca ha tenido el lápiz que es con el papel que es, y que si lo encuentra hará hasta lo imposible por olvidarlo, para no caer en la fórmula.


Debe acabar el dibujo que empezó con un lápiz X y un papel Y, para que así vengan otro, otro y uno más, otro más, unos cuantos más, en rutinas interminables. 


Su obra y el público


A veces le pregunta a la gente ¿a usted por qué le gusta mi obra?, porque él no sabe responderlo. Sí, le impresiona que la gente se acerque al detalle, que si le interesa se quede frente a sus trazos, porque Muestrario es una exposición en la que el espectador debe tener visión próxima, casi a centímetros de la obra en algunos casos, de no ser así se perderá, por ejemplo, que uno de sus personajes tiene las manos metidas en el bolsillo de su blazer negro, o que unos luchadores tienen esferas colgando de sus tobillos. 


Aun así, Suárez no puede negar que es emotivo que la gente se entretenga con lo que él se entretiene.


Regresando a lo que le significan las exposiciones, acepta que casi nunca ve sus obras. En su casa hay pocos cuadros suyos, porque no le gusta ver todo el día lo que hace, según comenta, lo que es paradójico porque goza cuando esos extractos de libretas se vuelven exposiciones.


Es que muchas veces no se acuerda cuándo hizo alguno, o, por el contrario, pueden venir a su cabeza imágenes de cómo estaba vestido el día que hizo otros.


Admira a los jóvenes con los que está haciendo retratos. Suárez valora a su grupo de los viernes, que de 10:00 a.m. a 6:00 p.m. puede compartir con él los espacios de Taller Siete, centro cultural y de arte del Centro de Medellín donde sin importar profesiones, edades, sexos, intereses o experiencias artísticas todos comparten el silencio del dibujo, y donde se puede conocer a un José Antonio Suárez que está de tú a tú con niños de 10 años: panaderos, matemáticos, comunicadores y estudiantes de arte. 


El dibujante puede ser todas las cosas dichas, pero cada segundo saca una nueva. Hoy, cuando su carrera está consolidada y ha sido valorada por la crítica y el coleccionismo, Suárez sigue sintiéndose extrañado del por qué él y no otro sea el homenajeado.


 Lo que sí sabe, y con eso acaba, es que cuando alguien tiene un papelito y un lápiz en la mano, es igualito al otro que también los tiene. Todos pueden crear universos y contenerlos en una libreta.


 


NOTA: José Antonio Suárez Londoño concedió esta entrevista a Daniel Grajales para Palabra y Obra, con la condición de que no se usaran fotografías suyas para ilustrarlo, no se llevaran cámaras al encuentro y no se utilizaran más de dos entrecomillados.