Columnistas

Rionegro, a grima!
Autor: L醶aro Tob髇 Vallejo
4 de Septiembre de 2015


De la hidalga y se駉rial ciudad Santiago de Arma de Rionegro, peque馻 patria de mis ancestros, que desde peque駉s nos ense馻ron a querer por ser justamente eso, las ra韈es de abuelos, bisabuelos hasta los choznos, solo queda eso, l mero recuerdo!

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De la hidalga y señorial ciudad Santiago de Arma de Rionegro, pequeña patria de mis ancestros, que desde pequeños nos enseñaron a querer por ser justamente eso, las raíces de abuelos, bisabuelos hasta los choznos, solo queda eso, ¡el mero recuerdo!


Después de no haber vuelto por cerca de una década al casco urbano de la ciudad de Rionegro y con el ánimo de que mis hijos conocieran el terruño ancestral entramos al centro de la ciudad y sus alrededores. Como se dice popularmente, me dio pena ajena. Afortunadamente, mis hijos se durmieron en el recorrido para no tener que presenciar una ciudad desordenada, que ha ido perdiendo los balcones florecidos que servían de marco a la plaza José María Córdova, de esos portones y ventanales de hace más de 100 años, para darle paso a las construcciones modernas que no “combinan” con la arquitectura colonial.


Del valor patrimonial de Rionegro se podrán salvar los templos, porque al ser sagrados no podrán tumbarlos para hacer unos más modernos, la Casa de la Convención, por su valor histórico, el cementerio, que desde su alto se divisa el bello paisaje del Valle del Rio Negro y pare de contar. Las fachadas de las casas descuidadas. Bueno sería que el próximo alcalde monte un programa de recuperación de fachadas.


Las casonas de la zona rural han venido siendo absorbidas por la dinámica natural del crecimiento de una ciudad, pero con la caída de los tapiales y la erección del ladrillo la historia se va perdiendo. Rionegro será en el corto plazo un lugar sin memoria patrimonial. Quedará en los anaqueles empolvados la historia de una ciudad que lo tuvo todo para ser centro de pensamiento y desarrollo patrio, pero que no supo amalgamar los valores arquitectónicos del pasado con el desarrollo urbano. Uno de esos adefesios es la fachada de la antigua cárcel municipal, que está completamente deteriorada, mientras que en su interior construyeron una moderna casa de la cultura, que el turista no puede apreciar por estar obstaculizada la vista por los muros, sostenidos cuál “estrategia del caracol”.


En el siglo XIX, Rionegro le dio lustre a Antioquia y a Colombia, la Independencia de Antioquia, se fundó la primera imprenta en el departamento y la Convención de 1863, son hitos que marcaron el rumbo de la nación.


Anclarse en el pasado es un lastre que impide la evolución de una sociedad, como lo expresa Andrés Oppenheimer en su libro Basta de historias, pero borrarla de lo físico y dejarla solo en la memoria de los anaqueles literarios se corre el riesgo que se convierta en una ciudad  “sin dolientes”, como le pasa a la Rionegro de hoy.


Ni que decir del mercado persa en lo que está San Antonio de Pereira, su parque que en otrora era considerado uno de los más bonitos de Antioquia, es hoy en día un muladar de toldos, que no permiten apreciar el centro del corregimiento rionegrero.