Columnistas

Rabinovich y la importancia de la risa
Autor: Carlos Alberto Gomez Fajardo
1 de Septiembre de 2015


Esta columna quiere rendir un homenaje a la memoria del talentoso artista argentino Daniel Rabinovich recientemente fallecido.

Esta columna quiere rendir un  homenaje a la memoria del talentoso artista argentino Daniel Rabinovich recientemente fallecido. Pasó haciendo el bien de un modo muy ingenioso y jovial, en compañía de sus también recordados y admirados compañeros de la agrupación “Les Luthiers”. Muchas generaciones, especialmente de iberoamericanos, oímos  con gran afecto, y por supuesto siempre con una risa en los labios, al genial  equipo de “Les Luthiers”, los artistas argentinos que han hecho de su buen humor y de su impecable calidad musical y escénica, un hito, sin exageraciones y en serio. 


En el escenario se destacan por su sobriedad y elegancia, con el control de cada detalle de sus puestas en escena sin perder la espontaneidad y el calor del agudo comentario que hace explotar en el oyente la carcajada, de la manera más insólita y sorprendente. Son muy característicos los fondos oscuros en los que se pierden misteriosamente los bordes de sus negros trajes de ceremonia. Con hábiles enfoques de luces y cámaras hacen destacar al máximo el vigor de las expresiones de rostros y manos. Estos humoristas argentinos representan la armonía, no sólo por su trabajo musical, sino por el superior profesionalismo de un grupo cuya coherencia y continuidad nos hace reír y nos hace que siempre los encontremos actuales, sin que se agote su creatividad.


El conjunto de “Les Luthiers”, como ellos lo reconocen, con la ayuda de artesanos y otros, ha inventado y creado en forma física decenas de nuevos instrumentos musicales.  Cada uno de ellos con unos propósitos, sonidos y características bien definidas. El lector, siguiendo la pista etimológica y con un poco de imaginación y memoria de los sonidos, irá identificándolos por sus nombres. Hay que dejar que las neuronas vuelen un poco para escucharlos, y cuando ello no sea suficiente, bastará con  consultar sus páginas de internet: el latín o violín de lata, el yerbomatófono d’amore, la corneta de asiento, el dactilógrafo o máquina de tocar, el glosófono pneumático... Esta fauna instrumental evoca el ingenio -también musical y lleno de carcajadas- de ciertas épocas de nuestro inigualable León de Greiff:  “Resuenen las trompetas/ las flautas, y las tubas empusas. / (Aquellas, proxenetas/ de belicosas lides; esótras bucólicas/ al par de clarinetes y cornamusas; / y las tubas eólicas)./     (Ronda prima de la Farsa de los pingüinos peripatéticos).


No podemos olvidar los inteligentes diálogos y la puesta en escena de “Teorema de Thales” o las “Luthertrapias (sesiones psicoanalíticas)”. Allí abundan la paradoja, el hábil juego de palabras, la ironía… Son los productos de la capacidad de alguien tan especial como Daniel Rabinovich, que nos ha regalado generosamente, con sus amigos, razones para reír en un mundo que necesita catarsis, y purificación de los sombríos datos que ofrecen la rutina y el quehacer cotidianos de nosotros, los mortales comunes.   


Quizás ahora, desde la otra vida,  Rabinovich nos observa, entre malicioso y sonriente, siempre dispuesto a recordarnos la importancia curativa de la risa. Por ello, muy apreciado Daniel, mil gracias.