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Se hace necesario fortalecer las facultades de Educaci髇
Autor: Carlos Arturo Soto Lombana
1 de Septiembre de 2015


Colombia la m醩 educada representa una aspiraci髇 de una sociedad que quiere dejar atr醩 la violencia, la pobreza y avanzar en el camino de la equidad.

e-mail: carlos.soto@udea.edu.co


Colombia la más educada representa una aspiración de una sociedad que quiere dejar atrás la violencia, la pobreza y avanzar en el camino de la equidad. Para nadie es desconocido que el país presenta grandes desequilibrios entre regiones; el medio rural tiene un atraso con respecto al contexto urbano en términos de oportunidades en educación, salud, empleo y desarrollo.


Gran parte de las discusiones han estado centradas en el papel de los profesores como ciudadanos y profesionales transformadores, líderes en una sociedad agobiada por los problemas de corrupción, violencia y con un clase política que no ha logrado conectar con los desafíos del país. Los resultados de los niños y jóvenes en las pruebas Pisa y Saber, han sido los detonantes en este movimiento nacional por la educación. La mirada se ha dirigido a la institución de educación formal (escuelas y colegios) y por consiguiente a los profesores de Colombia.


Al focalizar la mira en los profesores de una forma indirecta se ha responsabilizado a las facultades de educación y/o las unidades formadoras (escuelas normales superiores). Este señalamiento, que no es nuevo, debe convocar a las universidades y entes gubernamentales del Estado con responsabilidad en la formación de los educadores para reflexionar sobre el compromiso con la formación de los profesores de Colombia.


Las actuales facultades de educación tienen sus orígenes en la década de los años 20 del siglo pasado. En 1926 la Asamblea Departamental de Antioquia crea la Escuela de Ciencias de la Educación adscrita a la Universidad de Antioquia; según la ordenanza 19 del 7 de abril de ese año, el propósito de la Escuela era formar los directores y profesores de colegios, que con sus laureles académicos, dignificaran la noble profesión docente”, según rezaba en la ordenanza. Sin embargo, esta Escuela por razones de presupuesto, falta de alumnos y por las tensiones surgidas al interior de la Universidad de Antioquia, ya que los estudios pedagógicos no se consideraban dignos de entrar a la institucionalidad universitaria, se cierra definitivamente en 1932.


Con ocasión del 150 aniversario de la Universidad de Antioquia, en 1954 se crea la actual Facultad de Educación, en un contexto nacional que dio vida a otras facultades de educación en Colombia. Este gran impulso del Estado Colombiano a través de sus universidades, no tuvo continuidad y sostenibilidad en el tiempo, lo que llevo a un progresivo debilitamiento de las instituciones formadoras en beneficio de la creación de otras profesiones y disciplinas (facultades de ciencias exactas y naturales, ciencias sociales y humanas, entre otras).


Tal vez es el acontecimiento más significativo que refleja el drama de la falta de conexión de las universidades con sus facultades de educación, fue la decisión de la Universidad Nacional de Colombia de suprimir su unidad formadora de profesores a finales de los 70 del siglo pasado. Dentro de las razones que se dieron para esta decisión estaban argumentos relacionados con la duplicación de campos de formación (ej. Licenciados en Química y Profesionales de la Química), la baja calidad de la formación de los licenciados, hasta la necesidad de racionalizar los recursos del Estado, dado que existía en Bogotá la Universidad Pedagógica Nacional.


En un contexto histórico más cercano, universidades prestigiosas de Colombia como la Universidad de los Andes, la Universidad Externado de Colombia, la Universidad Nacional de Colombia y la Universidad de Eafit, entre otras, han mostrado interés en la cualificación de los profesores y directivos de la educación preescolar, básica y media. No obstante, este interés ha estado gravitando en la consultoría, la formación en servicio y en la educación avanzada (programas de especialización, maestría y doctorado).  Estos esfuerzos, aunque importantes, son insuficientes en la medida que el foco central debe ser la formación inicial de los profesores, es decir los programas de pregrado en educación. En este camino el ejemplo de la Universidad Icesi en Calí es importante, en la medida que entra en la escena de la educación con seis nuevos pregrados a nivel de licenciatura en educación.


Actualmente Colombia cuenta con cerca de 380 programas de pregrado en educación ofrecidos por unas 80 instituciones de educación superior (IES). De estas 80 IES sólo 15 tienen acreditación de alta calidad las cuales concentran 154 programas de pregrado. De las 15 universidades con acreditación de alta calidad solo cuatro instituciones oficiales tienen programas de formación inicial de educadores. En este escenario es importante resaltar el esfuerzo que hace la Universidad de Antioquia para contar con 18 programas de pregrado, una maestría y un doctorado en educación, todos estos programas con acreditación de alta calidad.


Una apuesta creíble y de largo aliento para transformar el panorama de la formación de los profesores de Colombia es la reconfiguración y/o reposicionamiento de las facultades de educación dentro de las estructuras académica y administrativa de las universidades, otorgándoles los medios y recursos para fortalecer y proyectar su misión, no sólo en el campo de la formación de los profesores, sino en el fortalecimiento institucional de las universidades en el campo de la regionalización y las modalidades educativas con el fin de ampliar la influencia de las IES en los contextos urbano y rural.