Editorial

Sí se podía frenar el ébola
1 de Septiembre de 2015


Aun siendo muy dolorosa para el país que ve aplazado su sueño de ser certificado libre de la epidemia, la noticia es lección, aprendizaje y, sin duda, confirmación de los desaciertos de la OMS frente a este mal.

La confirmación, en la tarde del domingo, del fallecimiento de una mujer de 62 años contagiada por ébola fue noticia mundial. También baldado para las autoridades sanitarias de Sierra Leona, que el lunes 24 de agosto habían divulgado las imágenes de la danza con la que los médicos del hospital de Makeni celebraron la recuperación y alta de Adama Sankoh, de 40 años, considerada la última paciente del virus. Para Sierra Leona la salud de esta mujer era la victoria sobre un virus que en veinte meses contagió a 13.541 personas, de las cuales fallecieron 3.952. Aun siendo muy dolorosa para el país que ve aplazado su sueño de ser certificado libre de la epidemia, la noticia es lección, aprendizaje y, sin duda, confirmación de los desaciertos de la OMS frente a este mal, y los que aquejan a los países más pobres e insalubres.


El 8 de agosto de 2014, cuando la OMS accedió a declararla, y destinar las acciones y los recursos para combatirla, la epidemia de ébola había causado la muerte a 959 habitantes de Sierra Leona, Liberia y Guinea y comenzaba a expandirse a otros países africanos, así como a España, Gran Bretaña y Estados Unidos, donde un paciente falleció. La tardanza del equipo encabezado por la doctora Margaret Chan para emitir la declaratoria solicitada en marzo y reclamada con desespero en junio de 2014, provocó miedo mundial e impuso la necesidad de dedicar más recursos profesionales y técnicos a las actividades de prevención y al tratamiento hospitalario, hasta el pasado 24 de agosto, de 28.041 pacientes, de los que fallecieron 11.310. Hoy cuando la epidemia se anuncia bajo control de las autoridades mundiales y los países afectados, no puede la OMS bajar la guardia sobre las actividades de búsqueda y registro de pacientes potencialmente afectados y la culminación de las actividades de desarrollo de una vacuna, que sería la prevención más eficaz contra esta letal enfermedad.


Los primeros reportes sobre la muerte de quien se cree es la última sierraleonesa infectada con ébola son tan difusos que ni siquiera precisan si falleció antes o después del 24 de agosto, si murió hospitalizada o cuándo y cómo sufrió el contagio. Tales imprecisiones son ilustrativas de fallas muy fuertes en los sistemas de salud de Liberia, Sierra Leona y Guinea, los países directamente afectados por esta epidemia. Que ellas obedezcan al interés de ocultamiento por fines económicos, que pervivió en la primera etapa de la epidemia, o a incapacidades metodológicas y tecnológicas es asunto que la OMS está llamada a definir y a mantener bajo control en tanto responsable de evitar que se repita el riesgo de una propagación geométrica de la epidemia.


Así persistan algunos vacíos informativos y algunos contagios confirmados, los tres últimos en Guinea, es innegable que el despliegue de acciones para contenerla ha traído la reducción de infecciones y riesgos de su expansión. Entonces, están dadas las condiciones para consolidar el proceso de investigación y pruebas, que inicialmente fueron totalmente exitosas, de la vacuna desarrollada en tiempo récord por la Agencia de Salud de Canadá y la farmacéutica Merk, y en cuyo proceso aportó importantes recursos el Gobierno de Noruega. Aunque los reportes iniciales, según fueron publicados en la revista The Lancet, señalaban su total efectividad, las autoridades sanitarias aspiran a que nuevas acciones de inmunización y control a realizarse en adolescentes mantengan las características de la inoculación inicial, que se hizo en adultos y adultas que no fueran gestantes. Aun con la necesidad de mantener vigilancia estrecha y realizar los experimentos necesarios, el avance en esta vacuna y los pasos que se dan en la consolidación de la que prepara Rusia, mantienen en vida la esperanza de éxito y confirman, una vez más, que la inmunización directa es la mejor prevención contra virus altamente contagiosos.


La situación presente de la epidemia permite también retomar el debate que se abrió el pasado mes de marzo, cuando salieron a la luz informes sobre la reticencia de la OMS para emitir la declaración de epidemia. Competerá a la ONU y a organismos técnicos que han demostrado desempeño sobresaliente, como Médicos Sin Fronteras, realizar los análisis sobre las capacidades de los actuales líderes de la Organización para orientar las decisiones que garanticen que la atención en salud tenga como prioridad la erradicación de los vectores de infección, como el ébola, la malaria o el dengue hemorrágico, que arrasan con las vidas y la salud de los pueblos más pobres.