Columnistas

Soledad
Autor: Álvaro González Uribe
30 de Agosto de 2015


Por lo general, la soledad es mayor en ancianos y en personas que viven alejadas de sus lugares de origen. Sin embargo, es cada vez más común en quienes viven en condiciones diferentes. Incluso, existe la soledad pese a la compañía física: es también

@alvarogonzalezu


¡Quién lo creyera!, en el mundo de las redes sociales, en la sociedad de la tecnología de las comunicaciones y de la movilidad, en la aldea global, uno de los males más grandes y crecientes es la soledad.


Correos electrónicos y redes sociales nos contactan con otros seres humanos, incluso con familiares, amigos y vecinos, pero son herramientas que solo nos permiten leer sus pensamientos en una pantalla. De ambos lados somos únicamente virtuales. Ni siquiera la imagen de Skype puede reemplazar la necesaria presencia real de una persona frente a otra.


Y aunque se siente a veces satisfacción al estar solo, aunque sea sano por ratos o quizá por días, no es el estado ideal del ser humano que es sociable por naturaleza. La ciencia ha comprobado que la soledad enferma física y mentalmente. En el primer caso, afecta el sistema inmunológico entre otras dolencias, y, en el segundo, está ligada a enfermedades y estados como depresión, estrés, ansiedad y falta de autoestima.


Por lo general, la soledad es mayor en ancianos y en personas que viven alejadas de sus lugares de origen. Sin embargo, es cada vez más común en quienes viven en condiciones diferentes. Incluso, existe la soledad pese a la compañía física: es también un estado mental.


Por ejemplo, la soledad de los niños y adolescentes de hoy es uno de sus peores males, hasta el punto de constituirse en una de las causas más frecuentes de suicidios en menores de edad. La sociedad de consumo, las carencias o ambiciones económicas, hogares donde por cualquier razón falta alguno de los padres, obligan a que niños y adolescentes permanezcan solos durante gran parte de su tiempo.


Precisamente, la palabra sociedad viene de “societas” que significa compañía, y de “socius” que significa compañero. Por tanto, una sociedad de individuos solos es un contrasentido. La soledad es su germen de destrucción.


En su obra El cuidado esencial, dice el filósofo brasileño Leonardo Boff: “La relación con la realidad concreta, con sus olores, colores, fríos, calores, pesos, resistencias y contradicciones, está mediada por la imagen virtual que es solamente imagen. El pie ya no siente la suavidad de la hierba verde. La mano ya no coge un puñado de tierra oscura. El mundo virtual ha creado un nuevo hábitat para el ser humano caracterizado por el encapsulamiento en uno mismo y por la falta de toque, de tacto y de contacto humano”.


¿Cuántos conflictos y carencias modernas son causados por las distorsiones que produce la soledad en los individuos? Muchos, porque esa no es la naturaleza del ser humano.


“La soledad es una sensación de aislamiento que nos lleva, en la mayoría de los casos, a una tristeza profunda. La soledad no deseada puede llegar a ser dolorosa, autodestructiva, angustiosa y provocar enfermedad (depresión, obesidad, hipertensión, infarto). Diversos estudios científicos ya habían mostrado que aquellos que viven aislados sufren tasas de mortalidad más altas que quienes tienen compañía. Ahora, un estudio de la Universidad de California probó que el sentirse solo altera el sistema inmune a nivel genético, algo que eleva el riesgo de sufrir enfermedades como males cardíacos, infecciones y cáncer. Se demostró que el impacto biológico de la soledad se mete dentro de los procesos internos más básicos del organismo, en la actividad misma de nuestros genes. Otro trabajo realizado por psicólogos de la Universidad de Chicago muestra cómo las malas experiencias en el organismo de los solitarios se acumulan con el tiempo y se unen al estrés y las desgracias inevitables de la vida”. (Sergio Zimmer, médico, docente universitario y periodista argentino).


Quienes por alguna razón hemos sentido esa soledad alguna vez, sabemos que se trata de un peligroso agujero negro. Prevenir y combatir la soledad debe hacer parte de las políticas de salud pública estatales, algo bien difícil en países como el nuestro, donde enfermedades y estados como la depresión y el estrés negativo aún son mirados con desdén y hasta con rechazo y burla.