Columnistas

Nos están mostrando los dientes
Autor: Alfonso Monsalve Solórzano
30 de Agosto de 2015


Lo que está ocurriendo en Venezuela sólo puede ocurrir porque se combinan dos factores: el desespero político de Maduro y el arrodillamiento de Santos y su equipo.

Lo que está ocurriendo en Venezuela sólo puede ocurrir porque se combinan dos factores: el desespero político de Maduro y el arrodillamiento de Santos y su equipo. Las imágenes han mostrado la infamia que comenten con los colombianos los responsables del gobierno bolivariano de Venezuela, que saben que desde esta orilla de la frontera, nuestro gobierno (¿?) no hará nada que signifique reclamar con dignidad y hacer valer los derechos de los colombianos. 


Y no es exageración. Sólo una semana después de los atropellos y cuando vio que el país reaccionaba indignado y el ex presidente Uribe se hacía presente en Cúcuta, Santos, empeñado en defender ocho o diez curules en la Cámara para las Farc, apenas vino a enterarse de que había un problema grave. Al darse cuenta de que la oposición estaba haciendo lo que él  se negaba a realizar, corrió a decirle a  los expulsados que el gobierno sí los quería (¡!) y convocó el viernes un consejo de ministros para tomar paños de agua tibia con los afectados.


Pero nada de levantarle la voz al patrono, no fuera a ocurrir que se le dañasen las conversaciones en La Habana. Se sometió a la humillación de los insultos de Maduro contra los desplazados, a quienes acusó de paramilitares; contra el país, que el malvado Maduro dice que se ha dedicado a exportar pobres al paraíso venezolano; contra  el ex presidente Uribe (bueno, aquí no siente humillación sino gozo), a quien viene acusando desde siempre de ser un jefe paramilitar, y contra Santos mismo, de quien dijo que era un mentiroso. Tuvieron que intervenir los partidos políticos, incluyendo los de la coalición, para que abriera la boca, muerto de miedo, para protestar. Y cuando ya no quedaba remedio, porque lo que hacía era insostenible, citó al embajador colombiano en Caracas a consultas, algo que no sirve para salvo para mostrar disgusto y malestar, acción  que todos apoyamos, pero que tendría que ir acompañada de medidas que le hicieran saber a Maduro que nuestro presidente y su gobierno hablan en serio, como exigir de verdad –sin decir algo para la tribuna y otra cosa con su homólogo-  que se pare la arremetida contra los colombianos y que se los indemnice; retirar el embajador y presionar diplomáticamente, donde esta acción sea eficaz, que cese el acoso. 


Pero, amables lectores, pueden estar seguros que eso no ocurrirá. Poner la cuestión en manos de Unasur, dirigida por el peor de los presidentes que haya tenido Colombia (salvo éste) es como dormir con el enemigo, habida cuenta de que se ha manifestado en repetidas ocasiones, incluyendo esta, en defensa del gobierno de Maduro, que fue el que le dio el trabajo. Hasta el presidente Gaviria reaccionó contra las palabras de este señor y pidió que el país se retirara de Unasur, solicitud, que, por supuesto, fue rechazada por la canciller Ángela Holguín, la mayor responsable, con Santos,  de que este tipo de situaciones con Venezuela se estén presentando. Esperemos la reacción de la OEA, que también ha sido llamada a mediar por nuestro presidente. Pero, ¿qué pasa con la ONU? ¿Por qué no se apela a esa organización? ¿Y por qué no se denuncian estos atropellos con los gobiernos de la Unión Europea, por ejemplo?


Nadie quiere la guerra pero sí que se muestre que hay un gobierno y una nación que no se dejan provocar, pero no por ello permiten que le atropellen los derechos a los connacionales. Porque de lo que sí debemos estar seguros es de que Maduro será capaz de cualquier cosa, incluso de agredirnos,  por más que Santos se arrodille, acorralado como ésta, por la crisis social sin precedentes que el proyecto bolivariano ha provocado; por la corrupción manifiesta en  la guerra entre los carteles de narcotráfico de los generales, que denuncia el diario ABC de España; y por la presión de unas elecciones que intentará ganar con el mayor fraude y ola de violencia jamás intentados en ese país. Ya Colombia es testigo de que cuando ha habido una crisis interna en Venezuela, sus élites han echado mano del anticolombianismo. Claro que nadie había llegado a los extremos nazis demarcar las casas de los colombianos para demolerlas y expulsarlos.


Por otra parte, las Farc, obviamente, están pasando de agache, cómplices y socias de Maduro y sus carteles de la droga, para ocultar su apoyo al tirano, alineados, como están, con él y contra los intereses de nuestro país. Uno de sus voceros en el parlamento, sin embargo, se  fue de la lengua cuando  dijo que él no iba a permitir (cómo les parece) que Venezuela dejara de ser un país garante de las conversaciones, pero  la comisión allá en Cuba intentó enmendar la plana recomendando que los dos países le bajaran el volumen y se pusieran de acuerdo. Ambos, sabemos, trabajan de consuno. El tirano y los terroristas nos están mostrando los dientes.