Columnistas

Madre de Dios
Autor: Manuel Manrique Castro
26 de Agosto de 2015


Pese al nombre y a sus enormes riquezas naturales, Madre de Dios es un departamento peruano olvidado desde siempre al que secularmente se ha mencionado con falso orgullo capitalino s髄o por sus parques naturales.

Pese al nombre y a sus enormes riquezas naturales, Madre de Dios  es un departamento peruano olvidado desde siempre al que secularmente se ha mencionado con falso orgullo capitalino sólo  por  sus parques naturales, el oro que llevan las aguas de sus ríos o por su rica flora y fauna.  Eso sí, ninguna palabra de su gente casi siempre sumida en la pobreza.  Este departamento, el menos poblado del país, acogió a muchos habitantes andinos que migraron  en sentido contrario; no hacia la costa  del Pacífico, donde están las principales ciudades, como sucedió en los años 50  y 60 y en tiempos más recientes por el conflicto senderista, sino hacia el sudoeste, más cerca de Brasil y Bolivia y más lejos del Perú oficial.  


Hacia los años 70,  los depredadores de oficio le pusieron el ojo a esas remotas tierras y encontraron en la casi nula presencia estatal la situación propicia para hacer de las suyas, como sucede en tantas otras regiones brasileñas, colombianas o bolivianas, ricas en recursos naturales, pobres en acción estatal -salvo para convalidar atropellos  de cualquier clase- y  donde el destino de sus habitantes poco importa. 


A los pequeños explotadores de madera bajo cuyas hachas o sierras cayeron miles de árboles, les siguieron empresarios inescrupulosos de mayor calado y luego mafias hábiles en violar leyes, burlar cualquier vigilancia, corromper funcionarios y, desde luego,  destruir riquezas naturales y explotar seres humanos.  La Pampa, uno de los bosques más ricos y diversos de la Reserva Nacional de Tambopataen esta región del Perú, ha quedado prácticamente arrasado.  En 40 años, 50,000 hectáreas de bosque has sido destruidas. 


La avidez se hizo mayor por el oro. Miles de jóvenes, en su mayoría hombres, se trasladaron  a Madre de Dios movidos por el espejismo de la ganancia fácil.  Trabajo rudo y sin beneficios sociales por salarios de entre 160 y 350 dólares mensuales. 


Como era de esperarse, aparecieron aglomerados urbanos de plástico destinados al alojamiento con áreas previstas para los bares y prostíbulos de baja ralea a cargo de explotadores de mujeres jóvenes y niñas, reclutadas en regiones andinas y selváticas del país. El portal Rutas del Oro, dedicado a seguirle los pasos a la minería ilegal, dice que en 2010 “existían cerca de 1,200 menores de edad empleadas en 100 prostíbulos, sólo en el centro poblado Delta 1 de Madre de Dios”. La mayoría, niñas y adolescentes. 


Con el engaño como arma principal, estas jóvenes  son llevadas con la excusa de un empleo que nunca tendrán,  como ocurre con el personaje que dio lugar a la novela de la española Charo Izquierdo, “Puta no soy”, una niña de 15 años a quien le ofrecieron trabajo como mesera y terminó explotada sexualmente en uno de los tantos prostibares, como se les llama en la zona.  El libro de Charo se ha encargado de poner el caso de Madre de Dios en el mapa mundial de esta miseria humana. 


Quienes arman estos lugares, aliados a poderosos depredadores del medio ambiente sacan partida, de un lado,  a seres  capturados por la fantasía del enriquecimiento y empujados por la carencia y de otro, a las ilusiones de niñas y jóvenes que viven en las zonas más pobres de un país que brilla para afuera pero que internamente esconde enormes fracturas sociales.  Unos y otras sueñan, tal vez, con enviar dinero a su familia, tener un futuro mejor y quedan atrapados en aquella lejanía. 


Sin embargo, quienes quedan indefinidamente heridas son las mujeres jóvenes que en el Perú y en tantos otros lugares del mundo engordan el tercer negocio ilegal más grande del mundo. La trata de personas y la explotación sexual de mujeres crece incesante pese al rechazo público, mientras la acción estatal se queda corta especialmente cuando la corrupción y la pobre presencia institucional se combinan.