Editorial

Caterine inmortal
25 de Agosto de 2015


Llegar a donde hoy se encuentra esta atleta nacida en Apartadó no sólo es producto de su esfuerzo particular. El éxito deportivo es el fruto de políticas de apoyo que perduran en el tiempo.

La hermosa sonrisa de Caterine Ibargüen y las notas del himno nacional de Colombia que le confirmaron que por segunda vez consecutiva era campeona en la prueba de salto triple en el Mundial de Atletismo de Pekín irradiaron como bálsamo para un país tensionado por el conflicto fronterizo desatado por Nicolás Maduro. Pero mal haríamos si permitiéramos que esa alegría temporal fuera la única respuesta y reconocimiento a la ejemplar carrera de la corredora urabaense y de los atletas que dieron los primeros pasos y nos demostraron que podemos estar en las más exigentes pistas mundiales.


Para tocar el firmamento en el que hoy brilla Caterine Ibargüen se necesita talento, pero este no basta, como ella lo ha demostrado en una carrera que se acerca a los veinte años y a la que le pueden quedar varias competencias más, si esa es la voluntad del Altísimo y la suya. En su memoria está la disyuntiva entre insistir en el salto alto en que se inició o admitir el consejo de los técnicos para dedicarse al salto triple, que se le mostraba como mejor opción. Desde entonces, ella ha forjado su vida con la esperanza de que va a superar a su más fuerte contrincante, ella misma; la consagración al autocuidado y al trabajo diario en la pista que le permitirán alcanzar la meta, y la convicción de haber convertido sus capacidades y posibilidades en vocación y proyecto de vida. Lo repite en las entrevistas y las conversaciones, y lo sella y confirma con su brillante e indeclinable sonrisa. El logro, sobre todo cuando depende esencialmente de la propia voluntad y la autodisciplina, es tal vez la mayor fuente de satisfacción personal y amor propio, que son condiciones esenciales para servir como ejemplo a los demás.


Llegar a donde hoy se encuentra esta atleta nacida en Apartadó no sólo es producto de su esfuerzo particular. El éxito deportivo es el fruto de políticas de apoyo que perduran en el tiempo y en las que se debe contar con la complementariedad de la acción de distintas esferas del Estado y los inversionistas privados que obtienen réditos importantes con la notoriedad que les dan sus patrocinados. Caterine ha podido realizar las potencialidades de su talento por sus méritos y por las condiciones favorables de la Ley 181 de 1995, que creó el sistema nacional de deporte y recreación, y en particular del parágrafo tercero de su segundo artículo, que impone a ese sistema la misión de “promover y planificar el deporte competitivo y de alto rendimiento, en coordinación con las federaciones deportivas y otras autoridades competentes, velando porque se desarrolle de acuerdo con los principios del movimiento olímpico”. 


Porque ella abrió puertas para otros talentos destacados y porque existe un sistema que los acoge e impulsa, el Mundial de Atletismo de Pekín recibió, con menor éxito y como preparación hacia los Olímpicos de 2016, a los fondistas Rafith Rodríguez, Muriel Coneo, clasificados a la justa mundial; la marchista Lorena Arenas y la también triplista Yosiris Urrutia, quien con su noveno lugar en la carrera disputada ayer se confirma como gran promesa del salto. Reconocemos y valoramos a estos deportistas que brillan y engalanan a Colombia. Sin embargo, reiteramos la alerta lanzada hace un mes, pues son todavía muy pocos frente a los que pudieran estar, considerando el talento de los nacionales. Y entonces, como ayer, hoy reclamamos al Gobierno Nacional “que se ofrezcan los recursos necesarios que les permita a las federaciones deportivas concentrar a sus atletas en el exterior, cerca de sus rivales, y participar en las mismas competencias en las que participen los mejores de cada disciplina”. Hacerlo no será gasto, es la oportunidad de equipararnos a países semejantes en desarrollo, como Jamaica, Kenia y Etiopía, que hoy le disputan su corona a Estados Unidos.


Quedan grandes dudas también por el hecho de que todos los deportistas que llegaron al Mundial de Pekín son formados en Antioquia, departamento que prepara a sus hijos naturales y naturalizados que aspiran desarrollar sus capacidades hasta alcanzar los niveles del alto rendimiento. Esta diferencia impone interrogar la gestión realizada y el uso de recursos del deporte en otros departamentos que también cuentan con talentos, escenarios, entrenadores y recursos para desarrollar su potencial deportivo y contribuir al empeño de hacer crecer la presencia colombiana en las competencias mundiales donde se lucen los más grandes de las distintas disciplinas.