Columnistas

Liderazgo ejemplar
Autor: Omaira Martínez Cardona
25 de Agosto de 2015


Que todo buen líder debe dar ejemplo es algo que ratifiqué en un reciente reencuentro con uno de mis maestros que ante cientos de jóvenes hablaba de la importancia de la coherencia y la congruencia como características indispensables.

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Que todo buen líder debe dar ejemplo es algo que ratifiqué en un reciente reencuentro con uno de mis maestros que ante cientos de jóvenes hablaba de la importancia de la coherencia y la congruencia como características indispensables para liderar y de las que muy poco se encuentra  actualmente.


Son muchos los estudios y manuales sobre el liderazgo que se promueven para intentar formar personas con ciertas habilidades para gestionar procesos, sin embargo, la capacidad de liderar es mucho más que decir a otros lo que se debe hacer con un guía de instrucciones, es convencerlos de hacerlo a partir de la propia práctica, es decir, dando ejemplo. Es con las acciones y la manera cómo estas sean coherentes y congruentes con lo que se piensa y se expresa, que puede evidenciarse la capacidad de cada quien para liderar su propia vida y orientar a otros para el logro de propósitos comunes.


Reaccionar ante la carencia de verdaderos líderes en las sociedades y organizaciones actuales cada vez más agobiadas por tantas responsabilidades, debería ser una prioridad en estos tiempos difíciles en los que la mayoría de relaciones entre las personas en el ámbito que sea, se dan desde la dominación, el  control, la necesidad  y el miedo. 


En menor o mayor grado, todas las personas poseen unas cualidades innatas para liderar pero son pocos quienes logran potenciarlas, ejercitarlas y aprovecharlas en su propia existencia para proyectarlas adecuadamente a los demás. 


En la compleja humanidad actual los panoramas de liderazgo son contradictorios en contextos donde al mismo tiempo que los gobiernos luchan contra la violencia, también la ejercen de alguna manera,  en núcleos familiares donde los padres exigen pero no cumplen ni dan ejemplo, en entornos educativos en los que se promueve una educación integral desde la libertad, pero se controlan y excluyen muchos comportamientos, en organizaciones empresariales que se proclaman con un alto sentido de responsabilidad social, pero cada vez más se alejan del verdadero sentido humano en sus culturas organizacionales, en sociedades que reclaman derechos pero los limitan y trasgreden o en sistemas políticos que promulgan transparencia y cada vez son más corruptos. 


Es necesario concientizarse de que el liderazgo comienza en la familia y se ejercita en el hogar, la comunidad o el entorno en el que se conviva teniendo presente que liderar no es ordenar, ni controlarlo todo, el verdadero líder logra transformar, hacer con otros lo que hay que hacer a partir de la confianza en sí mismo y en los demás, convenciendo y no presionando, teniendo claro siempre el horizonte pero también todos los caminos alternos para llegar si se presentan dificultades. Un líder o dirigente que mucho predica y poco hace, que utiliza a los otros, que busca culpables sin asumir su responsabilidad, o que demuestra sus múltiples faces para satisfacer sus intereses personales, termina siendo desenmascarado y perdiendo cualquier credibilidad y respaldo.


Mientras en el mundo  actual se reconoce a algunos como líderes por sus ideas y logros, muchos de ellos alcanzados sin ejercer un liderazgo ejemplarizante, sobreviven en todos los contextos millones de gestores, guías, maestros o líderes en comunidades o grupos pequeños que no son visibilizados y que prefieren gestionar sin que se les reconozca, trabajando de incógnito, logrando significativos procesos de transformación cultural con un profundo sentido de lo humano. El liderazgo es una vocación que hay que practicar y ejercitar constantemente con humildad, dando ejemplo, aceptando los desaciertos y celebrando los aciertos.