Editorial

Obama en campa馻
24 de Agosto de 2015


Es imprescindible que Estados Unidos participe de la alianza multilateral llamada a controlar las armas qu韒icas de los iran韊s, la horrorosa guerra civil de Siria y la incontinencia criminal del Estado Isl醡ico.

Desde ayer en Teherán ondea de nuevo la bandera británica. Mientras tanto, en Londres permanece izado el estandarte de Irán. La reapertura de embajadas, tras cuatro años de ruptura diplomática, confirma el afán de reconciliación. También es guiño de David Cameron y Hasan Rohaní a los esfuerzos que el vacacionista Barack Obama hace para conquistar los votos demócratas que garantizarán el apoyo del Senado estadounidense al acuerdo nuclear de las seis grandes potencias mundiales e Irán, según los términos definidos el pasado 14 de julio. El empeño actual de Obama busca reparar los efectos de equivocadas declaraciones en las que, en vez de reconocer, como hoy lo hace, la razonabilidad de algunas inquietudes, descalificó como guerreristas a los senadores de su partido que alertaron por los riesgos que se asumieron al permitirle a Irán seguir enriqueciendo uranio, con la excusa de que limitará su actividad nuclear a la generación de energía.


El de Cameron no es el único apoyo dado a Obama por estos días. El 7 de agosto, en decisión que no tuvo mucha publicidad, el Consejo de Seguridad de la ONU dio otro paso indicativo de una nueva unidad mundial en torno a la solución de las mayores crisis que tiene el Medio Oriente, la fabricación de armas nucleares de Irán, la guerra civil de Siria, y la amenaza del Estado Islámico. Entonces se decidió que el secretario general y el de la Organización contra las armas químicas y prohibidas constituirán una comisión para investigar los ataques con armas químicas contra poblaciones sirias. Su meta es esclarecer si Bashar al Assad, que tiene apoyo de Rusia e Irán, ha violado acuerdos con la Opaq, suscritos después de que entregara sus armas químicas, pero también si Isis, que las ha usado contra los kurdos de Irak, ha intervenido en esos crímenes.


Los acuerdos y pasos en procura de consolidar intervenciones multilaterales y consensuadas para los grandes conflictos de Oriente Medio indican que Obama puede mostrar logros importantes en su propósito de relevar a Estados Unidos del molesto papel de policía del mundo y, por tanto, de responsable único de aliarse con quien sabía amenaza posterior, como Sadam Husein, Osama bin Laden o los talibán, a fin de contener mayores riesgos para sí mismo o para la humanidad, como fueron los ayatolás, el propio Husein o el estalinismo. Sin embargo, y considerando las múltiples preocupaciones de las democracias de Europa, así como la amenazante añoranza de Vladimir Putin por el imperio soviético, que ha favorecido su alianza con los fundamentalistas iraníes, es imprescindible que Estados Unidos participe de la alianza multilateral llamada a controlar las armas químicas de los iraníes, la horrorosa guerra civil de Siria y la incontinencia criminal del Estado Islámico.


Aunque olvidada por los grandes medios de comunicación que demuestra que consideran agotada su capacidad de mostrar las historias de horror que se repiten en un conflicto en el que chocan todas las facciones enfrentadas en el Oriente Medio, la guerra de Siria no ha mermado en gravedad o amenaza. En los últimos cinco años ha dejado 250.000 muertos, destrucción generalizada, secuestros de cooperantes, y una penosa sensación de impotencia de las instituciones internacionales que pudieran contribuir a proteger a quienes son tan vulnerables que ni siquiera alcanzaron a huir en la que se considera la mayor diáspora desde la Segunda Guerra Mundial.


Mientras en Siria la muerte sigue haciendo de las suyas, en las ciudades amenazadas o tomadas por Isis y en países que se creen protegidos de su actividad, se suceden desafíos que exigen inteligente unidad de las potencias. El pasado martes fue el brutal asesinato, tras un mes de secuestro, de Khaled al Assad, de 83 años, respetado arqueólogo que, después de investigarlo por cuarenta años, se hizo valiente protector de Palmira (Siria), ciudad declarada patrimonio de la humanidad, en tanto albergue de las culturas preislámicas, y por tanto asediada por el Estado Islámico, que, con la baja de precio del petróleo ilegal, se financia con la venta de bienes arqueológicos. A miles de kilómetros de Siria, Isis amenaza tranquilas naciones, como Australia. Lo hace reclutando a jóvenes universitarios -¿aventureros, rebeldes, desencantados, ignorantes?- que entran a sus filas posando de cruzados de un orden de destrucción y muerte que reta al mundo. En Siria y en Australia se demuestra que ningún estado puede ausentarse del consenso a tejer, sin criminales, por un orden respetuoso de la vida y las libertades.