Columnistas

Soluci髇 final y consumo adolescente
Autor: Juan Manuel Gal醤
24 de Agosto de 2015


Ni la soluci髇 final, ni campos de concentraci髇 para menores de edad que consumen sustancias psicoactivas.

Ni la solución final, ni campos de concentración para menores de edad que consumen sustancias psicoactivas. La Personería Distrital hace unos días, planteó la posibilidad de crear  instituciones educativas exclusivas para menores que tuvieran problemas de consumo y adicción. Algo así como un lugar de concentración únicamente para jóvenes y niños estigmatizados por consumir sustancias. Otros centros educativos, han decidido abordar esta situación expulsando a los estudiantes durante el periodo académico o impidiendo la renovación de su matrícula para el año siguiente.


En cualquiera de los dos casos, la Corte Constitucional ya se ha pronunciado en favor del derecho a la educación, afirmando que medidas como las mencionadas solo pueden aplicarse al finalizar el año escolar y, siempre y cuando estén contempladas en el manual de convivencia. Además deben garantizar el debido proceso y el derecho de defensa del menor. Así, ni campos de concentración en forma de centros especializados de educación, ni políticas escolares de persecución y segregación deben seguir caracterizando las estrategias «preventivas» en los planteles educativos.


Ese tipo de medidas, aíslan  sistemáticamente a los muchachos de la sociedad y están dirigidas a cerrarles todo tipo de oportunidades como una forma de castigo, impidiendo cualquier posibilidad de recuperación. De nuevo es un tratamiento delincuencial para los consumidores, no como enfermos.


En Colombia estamos en mora de abrir un debate franco y sincero sobre el consumo en menores de edad, sus causas, los factores que influyen en el consumo de sustancias y las responsabilidades compartidas entre padres, maestros, medios de comunicación y comunidad en la generación de hábitos de consumo, de estas sustancias. Es necesario abordar a fondo los hogares monoparentales, la falta de supervisión de los padres, relaciones de pareja conflictivas, ausencia de comunicación entre padres e hijos, baja capacidad para manejar la frustración, la soledad, o los problemas afectivos en nuestros adolescentes.


También, hay que revisar en detalle como los medios de comunicación, las redes sociales, y el entorno barrial, crean un clima de riesgo donde las sustancias pueden convertirse en una válvula de escape para evadir la realidad en la que están. La responsabilidad del problema, no es solo del consumidor. Por eso, estoy a favor de nuevas fórmulas que de manera integral aborden una política de prevención. Es necesario acabar con la represión y empezar a explorar la regulación de estas sustancias, como una manera efectiva de proteger a nuestra infancia y adolescencia.