Columnistas

La fantasía antinmigrante
Autor: Rafael Bravo
21 de Agosto de 2015


La rabiosa jauría contra los inmigrantes indocumentados emprendida por un amplio sector del partido republicano será el clavo que sella el ataúd para ese partido en las próximas elecciones.

La rabiosa jauría contra los inmigrantes indocumentados emprendida por un amplio sector del partido  republicano será el clavo que sella el ataúd para ese partido en las próximas elecciones. En un país donde históricamente la inmigración ha sido la base para el desarrollo y progreso, volver al oscurantismo xenofóbico sería una tragedia imperdonable. Una cosa es rechazar el estatus quo imperante en Washington y otra es satanizar a los recién llegados por el hecho de ser extranjeros indocumentados. Lanzar globos al aire buscando el apoyo de un grupo reducido de la extrema derecha puede producir réditos políticos en el corto plazo, pero al final la razón termina imponiéndose dejando huellas difíciles de borrar.


El anunciado ‘’plan’’ de Peluquín Trump para deportar a los once millones de indocumentados (nadie sabe con exactitud cuántos son) es un contrasentido económico. Desconocer el valor agregado que los inmigrantes le aportan a sectores vitales como la agricultura y los servicios resulta inadmisible. California, la despensa agrícola de los Estados Unidos y el 13 por ciento del PIB, es el mejor ejemplo de lo que los trabajadores agrícolas indocumentados representan: 2.6 millones y el diez por ciento de la fuerza laboral de ese estado. 


En la construcción donde los hispanos son apetecidos y su trabajo valorado, el catorce por ciento de su fuerza son indocumentados. Ni qué decir de quienes trabajan en la hotelería, mantenimiento de prados y restaurantes de comida rápida. La Cámara de Comercio Hispana demuestra con cifras irrefutables el importante crecimiento de los negocios a manos de empresarios muchos de los cuales carecen de status migratorio legal. La participación laboral de los indocumentados en California, Tejas y Nevada es mayor a la tasa de desempleo de cada uno de ellos. ‘’Expulsarlos a todos’’, incluyendo a sus esposas e hijos, tendría un impacto enorme para la economía en su conjunto.


Por otro lado, acabar con el programa de visas de trabajo representaría un retroceso en los campos de la ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. En un mundo global, las compañías requieren de talento extranjero si pretenden competir. Aumentar el número de visas de trabajo en el sector tecnológico ha sido un clamor de los empresarios pues al expandir sus actividades también hay un incremento en el empleo. 


El mundo de la fantasía no termina allí. Peluquín pretende desconocer la ciudadanía a los hijos de indocumentados, un derecho protegido por la Constitución en su Enmienda 14, mediante otra enmienda. En sus 200 años de vida republicana, los Estados Unidos solo han enmendado su Carta en 27 oportunidades. Lamentablemente, esta propuesta parece tener acogida por la mayoría de candidatos republicanos. Una afrenta a la comunidad latina amen del odio y rechazo que produce una propuesta que no tiene posibilidad alguna de ser aprobada.


El costo de deportar a 11 millones es de una magnitud que solo alguien con una mente ilusa se atreve a lanzar. De acuerdo con las cifras divulgadas por la Immigration and Customs Enforcement- ICE por sus siglas en inglés, la agencia que regula el tema migratorio, le cuesta al gobierno federal 12.500 dólares deportar a un inmigrante de los Estados Unidos. En consecuencia, habría que gastar un poco más de 141.000 millones de dólares de modo que Peluquín y su grupo queden contentos con erradicar a los indocumentados. Una reducción drástica de inmigrantes significa una contracción de las futuras fuerza laboral y poblacional.


Quienes optan por vivir en un país que le da la bienvenida a todos los que buscan oportunidades nuevas y un lugar que ofrece estabilidad, no es el mismo que pregonan unos cuantos mediante la exclusión y el desprecio por el inmigrante cualquiera sea su condición.