Columnistas

Medellín elige
Autor: Jorge Alberto Velásquez Betancur
20 de Agosto de 2015


Telemedellín y RCN Radio picaron en punta y realizaron, el martes 18 de agosto, el primer debate con los candidatos a la Alcaldía de Medellín.

Telemedellín y RCN Radio picaron en punta y realizaron, el martes 18 de agosto, el primer debate con los candidatos a la Alcaldía de Medellín. Sentimos que empieza la campaña electoral cuando se inician los debates televisivos y podemos ver, sin grandes maquillajes, las verdades que a través del lenguaje escrito y los mensajes publicitarios esconden algunos candidatos.


Desde 1960, con el famoso debate Nixon-Kennedy por la Presidencia de los Estados Unidos, que volteó la torta y dio el triunfo al debutante Kennedy frente al veterano pero inseguro y sudoroso discípulo del senador McCarthy, la televisión se metió de lleno en política y reemplazó, sin miramientos, a la plaza pública.


Los debates en directo, con testigos en el estudio, tienen la virtud de mostrar en blanco y negro  a los candidatos, con sus debilidades y fortalezas. La cámara de televisión no siempre es sobornable y se parece más al ojo escrutador de la suegra o a la fiera agudeza de las vecinas que miran entre persianas la vida del vecindario.


Este primer debate deja a muchos candidatos nadando en lugares comunes, incapaces de resolver desde sus programas, los acuciantes problemas de una ciudad compleja y desigual. 


La oportunidad de verlos debatir en el espacio abierto de la pantalla, permitió ver a un candidato impostado, sobreactuado, sobrador y arrogante; a otro también sobreactuado y pretencioso, soberbio ante la dictadura del reloj, olvidando que como candidato no puede actuar a su antojo y dando muestras de poca humildad; uno más, en el papel de francotirador, que tiene poco para perder y mucho para ganar desde la crítica constante a la administración.


Antes del debate yo escogí candidato y durante el debate ratifiqué esta decisión. Eugenio Prieto es un señor, respetuoso de sus compañeros de contienda, de los organizadores del debate y del público televidente; con muchas cosas para decir y muchas propuestas para contar, fruto de los diálogos ciudadanos, pero preocupado por no exceder el tiempo otorgado. 


Su signo es la coherencia. Coherencia con sus ideas, expuestas a lo largo de una vida pública de servicio y sin estridencias, en lo regional y en lo nacional, en el legislativo y en el ejecutivo; coherencia con la ciudadanía, con la gente que lo apoya y lo admira y con el ideario de un partido cuyos líderes locales dudan entre mantener el respaldo prometido o sucumbir ante la tentación de las negociaciones burocráticas. 


Coherencia con unas propuestas y un proyecto de ciudad enmarcado en palabras clave como cercanía, diversidad, educación y fomento de las oportunidades como sumatoria de la equidad y el respeto por una vida digna. Queda claro con su exposición que la gestión social del territorio es cercanía con la gente para administrar desde la especificidad de cada espacio, lo que entraña el reconocimiento de la diversidad de cada comuna y de cada corregimiento, hasta ahora envueltos en la abstracción de una ciudad única que no existe.    


La ventaja de Eugenio Prieto es que deja claro que conoce la ciudad y estudia sus problemas, no que pone a otros a estudiar por él, que no se jacta de su conocimiento real de Medellín y de la información que posee, que no insulta ni maltrata, que tiene propuestas para cada tema, con una visión realista. 


También dejó claro el debate que contra Eugenio Prieto no pesan acusaciones. Mientras los demás candidatos se enfrascaron en acusaciones mutuas y señalamientos incómodos, Eugenio Prieto permaneció impasible y sereno, porque, quizás, la única acusación que le formulan es la de ser el continuador de las buenas obras de la actual administración. Alguien tiene que dar esta garantía y a Prieto no le incomoda este compromiso. Al fin y al cabo, la ciudad es una construcción colectiva de varias generaciones y una persona tiene que asumir el reto de liderar este camino, frente al ánimo destructivo de unos y al complejo de Adán de otros. La vida es así y la democracia ofrece la oportunidad de elegir.