Columnistas

Democratizar el recaudo impositivo
Autor: Danny Garc韆 Callejas
19 de Agosto de 2015


Colombia es un pa韘 de contrastes. Un territorio con una inmensa riqueza natural pero un desigual desarrollo econ髆ico.

danny.garcia@udea.edu.co


Colombia es un país de contrastes. Un territorio con una inmensa riqueza natural pero un desigual desarrollo económico. Mientras unas regiones y, dentro de ellas, unos municipios poseen grandes caudales de recursos, oportunidades y comodidades, otras están postradas en el olvido. En el primer grupo están Santiago de Cali, en el Valle del Cauca, y Medellín, en Antioquia; en el segundo, encontramos a Quibdó, en Chocó, y Riohacha, en la Guajira, ambas con una incidencia de la pobreza que supera el 40%.


El país se acostumbró a un desarrollo desequilibrado con polos de prosperidad que se especializaron en diversidad de sectores: cueros y calzado, textil y confecciones, alimentos y bebidas, hidrocarburos y minería, agricultura y ganadería. A la final, encontramos una economía diversificada pero de baja productividad, en conjunto, con unas zonas más eficientes y más atractivas para la inversión y desarrollos productivos que otras.


Por ejemplo, Antioquia cosecha una historia de crecimiento y declive del sector textil, con una consolidación reciente, aunque volátil, del sector minero. Y ni qué decir de la agricultura, en especial del café, las flores y el banano. Sin embargo, pocos municipios y pobladores han logrado nutrirse de las mieles del sistema económico. Una situación que se visibiliza en la disponibilidad de bienes públicos, oportunidades económicas y presencia del Estado y sector privado en los municipios.


Mientras el Valle de Aburrá contiene municipios como Envigado con altos niveles de calidad de vida y diversidad de opciones de diversión como parques, teatros y centros recreativos, para los pobladores de Vigía del Fuerte y Campamento estos son solo anhelos. Es más, el profesor Givoani Mejía, en una carta abierta al Gobernador de Antioquia, señaló las inmensas precariedades para la provisión del servicio educativo en una vereda de Campamento: los alumnos de todos los grados estudian en una misma caseta con techos y muros inestables.


Las inquietantes y dolorosas diferencias deberían llevar a la reflexión nacional y regional. Ahora que el presidente Santos anuncia el estudio para una nueva reforma tributaria, llegó la hora de pensar en democratizar el recaudo impositivo.


En efecto, Colombia debería crear un impuesto a la renta regional para promover la equidad territorial. Estos recursos se dividirían en dos partes iguales: una para el mismo departamento en que se recauda y, la otra, una transferencia de los departamentos más prósperos a los más pobres. En ambos casos, los recursos deberían ser invertidos en salud, educación y alimentación, con destinación a los municipios con mayores necesidades básicas insatisfechas.


Asimismo, para facilitar la ejecución transparente y focalizada de los recursos, resultaría sensato retomar la propuesta del excongresista John Sudarsky, de promover los distritos electorales en Colombia. Al ser el distrito una unidad territorial más pequeña que el departamento, los ciudadanos tendrían mayor cercanía con sus representantes, pudiéndoles presentar sugerencias, peticiones y reclamos. Además, se facilitaría la responsabilidad pública, la rendición de cuentas, la veeduría ciudadana y el concurso de la comunidad en el desarrollo de proyectos necesarios para el distrito. Ya es hora de que en Colombia democraticemos el recaudo impositivo.


* Profesor, Departamento de Economía Universidad de Antioquia